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The Flash: promesas rotas en el multiverso

Martin Cid
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Imagina un tornado rojo y amarillo surcando las calles de Gotham, dejando atrás una estela de partículas temporales. Así comienza The Flash (2023), dirigida por Andy Muschietti, una película que promete explorar los límites del multiverso DC pero que termina atrapada en sus propios paradojas narrativas. Con un presupuesto descomunal y más de tres décadas de desarrollo caótico detrás, el resultado es un collage de ideas ambiciosas mal ejecutadas, donde lo bueno se ahoga entre lo mediocre.

Basada en el personaje de DC Comics, la película sigue a Barry Allen (Ezra Miller), un científico forense que obtiene supervelocidad tras un accidente con una partícula extraña. Tras años de entrenamiento, decide viajar al pasado para salvar a su madre Nora (Maribel Verdú) de un asesino desconocido, pero su intervención altera la línea temporal y lo arroja a una realidad alternativa donde los héroes no existen. Ahí, se encuentra con versiones distintas de Batman (Michael Keaton), Supergirl (Sasha Calle) y General Zod (Michael Shannon), mientras intenta corregir el daño que ha causado.

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Donde The Flash acierta es en su núcleo emocional. Las escenas entre Barry y Nora Allen están cargadas de una ternura genuina, especialmente cuando Miller logra transmitir la angustia de un hijo que no quiere perder a su madre por segunda vez. Verdú, aunque con poco tiempo en pantalla, imprime una calidez que humaniza la trama. Michael Keaton también roba algunas escenas con su interpretación del Caballero Oscuro, una mezcla perfecta de nostalgia y encanto característico. Su química con Miller es palpable, especialmente en los diálogos donde Batman le advierte sobre las consecuencias de alterar el pasado. Sin embargo, incluso estos momentos lucen desgastados por la repetición: ¿cuántas veces hemos visto a un héroe luchar contra su propia existencia?

El mayor problema de The Flash no es su premisa —que, en teoría, podría funcionar— sino cómo la dirige Muschietti (conocido por It y It Chapter Two). El director intenta abarcar demasiado: multiversos, viajes en el tiempo, consecuencias emocionales, cameos nostálgicos. Pero en lugar de crear una experiencia cohesionada, termina con un guión desordenado que salta de una idea a otra sin desarrollar ninguna adecuadamente. Christina Hodson (guionista de The Maze Runner: The Death Cure) y sus coescritores John Francis Daley, Jonathan Goldstein y Joby Harold parecen haber sacrificado la claridad narrativa en favor de un excesivo fan service.

La película intenta compensar su falta de coherencia con escenas de acción exageradas, pero aquí es donde tropieza. La CGI es, en el mejor de los casos, inconsistente y, en el peor, alarmantemente pobre, especialmente en las secuencias de acción más intensas. Las batallas entre Barry y General Zod o Faora-Ul carecen del peso visual que se necesita para hacer creíble la amenaza. Los efectos digitales no logran ocultar los defectos técnicos, como los fondos verdes mal integrados o los movimientos de cámara borrosos que dificultan seguir la acción.

Además, The Flash sufre por un exceso de personajes y tramas secundarias que diluyen el impacto emocional de su núcleo central. Supergirl (Sasha Calle), aunque bien interpretada, parece añadida como un guiño a los fans en lugar de una parte orgánica de la trama. Su introducción es abrupta y su desarrollo limitado, dejando la sensación de que su papel podría haberse explorado con más profundidad en otra película.

La estructura narrativa también es problemática. El tercer acto, en particular, se siente apresurado y confuso, como si los escritores no estuvieran seguros de cómo resolver todos los hilos argumentales que habían tejido. La película intenta abarcar demasiado: multiversos, viajes en el tiempo, consecuencias emocionales y cameos nostálgicos, pero termina siendo un festín visual y narrativo que deja al espectador con más preguntas que respuestas.

A pesar de sus defectos, The Flash tiene momentos brillantes. La química entre Miller y Verdú es auténtica, y algunas secuencias de acción están bien coreografiadas. La banda sonora de Benjamin Wallfisch (conocido por Annette y Shazam!) añade un toque épico a las escenas más intensas, aunque no logra salvar los momentos más débiles.

The Flash es una película dirigida a los fans del DCEU que anhelan cerrar arcos narrativos antes de la próxima etapa de DC. Sin embargo, incluso para ellos, su desordenado guión y efectos visuales mediocres hacen difícil disfrutar del viaje.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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