Cine

My Son (2021). Crítica de la Película

Martin Cid

En el panorama actual del cine de suspenso, pocas propuestas logran navegar la línea divisoria entre el thriller convencional y el retrato íntimo con la determinación que muestra «My Son». Dirigida por Christian Carion, esta producción de 2021 se sumerge en una narrativa de alta tensión emocional que comienza con un detonante devastador: una llamada telefónica. Edmond Murray recibe el grito desesperado de su exmujer, informándole que su hijo de siete años ha desaparecido de un campamento. Lo que sigue es una espiral descendente hacia la angustia y la desesperación, donde la desaparición del menor se transforma en la chispa que incendia las grietas preexistentes en la relación de los padres y el colapso de sus vidas personales.

Desde el primer minuto, «My Son» establece una estética deliberadamente fría. No es una cinta que busque sacudir al espectador mediante giros argumentales frenéticos o secuencias de acción vertiginosas; más bien, se mueve en un territorio pausado, casi estático, que busca incomodar a través de la atmósfera. La dirección de Carion opta por un ritmo lento a más no poder, una elección estética que puede resultar desafiante para quienes buscan un thriller de crimen convencional. Con una duración de apenas 95 minutos, la película se siente como un ejercicio de resistencia emocional donde el silencio y los planos largos cargan con el peso del drama interno. Es precisamente esta frialdad la que genera esa curiosa sensación de «¿y la peli, qué?» al final de la proyección; no es una falta de resolución narrativa, sino la consecuencia de una obra que se debate entre ser un thriller de suspenso y un retrato íntimo, sin llegar a encajar plenamente en ninguna de las dos categorías.

El guion se desarrolla con una cadencia medida, permitiendo que el espectador respire —o asfixie— junto a los protagonistas. Al no buscar el impacto inmediato ni la pasión desbordada, «My Son» se sitúa en un plano de sobriedad casi clínica. Es una cinta que prefiere observar el proceso del dolor antes que dramatizarlo con artificios innecesarios. Esta decisión creativa hace que la película sea, en ocasiones, sorprendentemente distante, pero es precisamente esa distancia la que construye su identidad única. La historia no pretende impactar mediante el shock, sino a través de la persistencia de una situación insoportable, convirtiendo la desaparición del niño en un catalizador para explorar la psicología de dos padres rotos por la pérdida y el miedo.

Sin embargo, es en el cuerpo de los actores donde la obra encuentra su punto más alto y sólido. James McAvoy entrega una interpretación magistral que sirve como ancla emocional para toda la producción. Su caracterización de un hombre destrozado pero capaz de mantener una calma externa casi impenetrable es un ejercicio de contención actoral excepcional. McAvoy logra proyectar esa vulnerabilidad interna sin caer en el melodrama, ofreciendo un personaje bien perfilado y complejo. Un detalle que añade valor a su interpretación es el hecho de que el actor no leyó el guion antes del rodaje por razones dramáticas; este factor parece haberle permitido capturar con mayor autenticidad la confusión y el estado de shock original del personaje, evitando las interpretaciones calculadas que suelen marcar a los actores en produlas de este género.

El elenco secundario, que incluye a Claire Foy junto a Tom Cullen, Gary Lewis, Michael Moreland y Robert Jack, complementa esta atmósfera de opresión. La química —o la falta de ella— entre los protagonistas es fundamental para sostener el peso dramático de una cinta que se atreve a transitar por diversos géneros sin ahogarse en ninguno de ellos. Aunque la estructura de «My Son» pueda parecer minimalista, la ejecución técnica y actoral le otorga un mérito indiscutible al intentar navegar entre el thriller criminal y el drama personal sin comprometer su integridad artística.

En conclusión, «My Son» no es una película para todos los públicos; no busca apasionar ni impactar de manera inmediata. Es una pieza fría, deliberadamente contenida y profundamente introspectiva. Para aquellos que buscan un thriller convencional con resoluciones rápidas, la cinta puede resultar frustrante debido a su ritmo pausado y su atmósfera distante. No obstante, para el espectador que valora el estudio profundo del carácter y la construcción de atmósferas densas, la película ofrece una experiencia cinematográfica singular. Es un retrato honesto de la desesperación, donde el verdadero suspenso no reside en saber qué pasará después, sino en presenciar cómo dos personas se desmoronan bajo el peso de una realidad insoportable.

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