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My Son: la desesperación cruda de McAvoy domina

Martin Cid
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El teléfono de Edmond Murray suena en la oscuridad, despertándolo de golpe. Es una llamada que cambiará todo: su hijo ha desaparecido. James McAvoy —sin guion, solo con el peso de la desesperación— arrastra al espectador a través del frío y la niebla de Escocia en My Son (2021), un thriller psicológico escrito y dirigido por Christian Carion. La película es una remake del filme francés Mon garçon (2017), pero con un enfoque más íntimo y menos sensacionalista, lo que la acerca a películas como The Deep End (2001) o We Need to Talk About Kevin (2011). Es una historia sobre la pérdida, la culpa y las mentiras que nos contamos para seguir adelante.

La premisa es sólida: Murray, un padre devastado, viaja al pueblo donde su ex-esposa Joan Richmond (Claire Foy) vive con el hijo que ambos comparten. La tensión se construye con planos largos y silencios incómodos, como la escena en la estación de tren, donde McAvoy transmite más con una mirada perdida que con diálogos. Carion demuestra habilidad para mantener un ritmo pausado pero efectivo durante los primeros actos, usando el paisaje escocés como personaje secundario: las calles vacías y los interiores sombríos reflejan el vacío emocional de Murray.

La dirección de Carion es sobria pero efectiva. Opta por un enfoque minimalista, sin excesos visuales ni efectos especiales. La cámara sigue a McAvoy en planos largos que permiten al actor llevar la carga emocional de la película. La fotografía, aunque no destaca por su creatividad, cumple su función: el frío y la niebla de Escocia se convierten en metáforas del estado mental de Murray.

El sonido es otro punto débil. Las escenas de diálogo están mal equilibradas: las voces de McAvoy y Foy a menudo se pierden bajo una banda sonora intrusiva, como si el equipo de posproducción hubiera subestimado la importancia del diálogo en un thriller psicológico. Además, la improvisación —aunque valiente— a veces deja a los actores en situaciones incómodas, como cuando McAvoy balbucea líneas que parecen más ensayo que actuación.

El reparto es uno de los puntos fuertes de la película. McAvoy, sin un guion tradicional, debe improvisar muchas de sus líneas. Esto le da una sensación de autenticidad a su actuación, pero también lo deja vulnerable en momentos clave. Foy, aunque limitada por un personaje escrito con trazos gruesos (la ex-esposa fría e inaccesible), logra transmitir vulnerabilidad en los pocos momentos que comparte pantalla con McAvoy.

La película también tropieza en su tercer acto. El guion opta por un giro que, aunque predecible, no deja de ser impactante: el hijo nunca existió; es una invención de Murray para llenar el hueco dejado por su ex-esposa. La revelación, sin embargo, llega demasiado tarde y se resuelve con diálogos forzados en lugar de imágenes potentes. El clímax, que podría haber sido un momento catártico, termina sintiéndose anticlimático.

My Son es una película para quienes disfrutan del cine psicológico lento y contemplativo. No es una película de acción ni de suspense convencional, sino una exploración de la mente humana en momentos de crisis. Es una película para espectadores pacientes, dispuestos a sumergirse en la complejidad emocional de sus personajes.

La originalidad del filme radica en su enfoque minimalista: ningún giro espectacular, ninguna acción frenética. Es una película sobre la pérdida y la locura, pero también sobre las mentiras que nos contamos para seguir adelante. La película no innova en el género, pero ofrece una mirada íntima y personal a un tema universal.

En comparación con otras películas del mismo género, My Son se queda corta. Películas como The Deep End o We Need to Talk About Kevin logran mantener la tensión y la profundidad emocional hasta el final, algo que My Son no consigue.

La película también explora temas profundos como la paternidad y la identidad. Murray no solo busca a su hijo desaparecido, sino que también lucha por entender quién es realmente sin él. La relación entre Murray y Joan es otro aspecto interesante: aunque ya no están juntos, la desaparición de su hijo los obliga a confrontar sus propios miedos e inseguridades.

La dirección de Carion es notable por su enfoque minimalista. No hay escenas de acción ni efectos especiales espectaculares, pero la película logra mantener al espectador enganchado gracias a las actuaciones de McAvoy y Foy. La fotografía, aunque sencilla, ayuda a crear una atmósfera opresiva que refleja el estado mental de Murray.

El sonido es otro aspecto problemático. Las escenas de diálogo están mal equilibradas, lo que dificulta la comprensión de algunas líneas clave. Además, la banda sonora a veces es demasiado intrusiva, distrayendo del drama en lugar de complementarlo. La improvisación, aunque valiente, también deja a los actores en situaciones incómodas, como cuando McAvoy balbucea líneas que parecen más ensayo que actuación.

El tercer acto es el mayor punto débil de la película. El giro final, aunque impactante, llega demasiado tarde y se resuelve con diálogos forzados en lugar de imágenes potentes. El clímax, que podría haber sido un momento catártico, termina sintiéndose anticlimático. La revelación de que el hijo nunca existió es interesante, pero la película no explora lo suficiente las implicaciones emocionales de esta revelación.

My Son es una película para quienes disfrutan del cine psicológico lento y contemplativo. No es una película de acción ni de suspense convencional, sino una exploración de la mente humana en momentos de crisis. Es una película para espectadores pacientes, dispuestos a sumergirse en la complejidad emocional de sus personajes.

La originalidad del filme radica en su enfoque minimalista: ningún giro espectacular, ninguna acción frenética. Es una película sobre la pérdida y la locura, pero también sobre las mentiras que nos contamos para seguir adelante. La película no innova en el género, pero ofrece una mirada íntima y personal a un tema universal.

En comparación con otras películas del mismo género, My Son se queda corta. Películas como The Deep End o We Need to Talk About Kevin logran mantener la tensión y la profundidad emocional hasta el final, algo que My Son no consigue.

La película también explora temas profundos como la paternidad y la identidad. Murray no solo busca a su hijo desaparecido, sino que también lucha por entender quién es realmente sin él. La relación entre Murray y Joan es otro aspecto interesante: aunque ya no están juntos, la desaparición de su hijo los obliga a confrontar sus propios miedos e inseguridades.

La dirección de Carion es notable por su enfoque minimalista. No hay escenas de acción ni efectos especiales espectaculares, pero la película logra mantener al espectador enganchado gracias a las actuaciones de McAvoy y Foy. La fotografía, aunque sencilla, ayuda a crear una atmósfera opresiva que refleja el estado mental de Murray.

El sonido es otro aspecto problemático. Las escenas de diálogo están mal equilibradas, lo que dificulta la comprensión de algunas líneas clave. Además, la banda sonora a veces es demasiado intrusiva, distrayendo del drama en lugar de complementarlo. La improvisación, aunque valiente, también deja a los actores en situaciones incómodas, como cuando McAvoy balbucea líneas que parecen más ensayo que actuación.

El tercer acto es el mayor punto débil de la película. El giro final, aunque impactante, llega demasiado tarde y se resuelve con diálogos forzados en lugar de imágenes potentes. El clímax, que podría haber sido un momento catártico, termina sintiéndose anticlimático. La revelación de que el hijo nunca existió es interesante, pero la película no explora lo suficiente las implicaciones emocionales de esta revelación.

My Son es una película para quienes disfrutan del cine psicológico lento y contemplativo. No es una película de acción ni de suspense convencional, sino una exploración de la mente humana en momentos de crisis. Es una película para espectadores pacientes, dispuestos a sumergirse en la complejidad emocional de sus personajes.

La originalidad del filme radica en su enfoque minimalista: ningún giro espectacular, ninguna acción frenética. Es una película sobre la pérdida y la locura, pero también sobre las mentiras que nos contamos para seguir adelante. La película no innova en el género, pero ofrece una mirada íntima y personal a un tema universal.

En comparación con otras películas del mismo género, My Son se queda corta.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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