Cine

El Padrino Parte III convierte la búsqueda de perdón de Michael Corleone en la película más triste de la trilogía

Veronica Loop

El Padrino Parte III llega dieciséis años después de la segunda entrega con un anciano en el centro que desea algo que las dos primeras películas nunca concedieron a un Corleone: el perdón. Michael Corleone es rico, legítimo sobre el papel y está atormentado. Francis Ford Coppola y Mario Puzo construyen toda la película en torno a una pregunta casi insoportable: si un hombre que mandó matar a su propio hermano puede comprar, rezar o blanquear su camino de vuelta a la gracia.

Es el capítulo más divisivo de la trilogía, y las críticas no son injustas. La trama es enrevesada, la intriga vaticana cuesta de seguir y una elección de reparto está a punto de hundir el tercer acto. Y, sin embargo, la película persigue algo que las secuelas rara vez tocan —la tragedia auténtica— y en sus últimos veinte minutos lo alcanza.

Un rey que quiere ser perdonado

Pacino interpreta a un Michael sesentón agotado por su propia leyenda. El fuego de la primera parte y el hielo de la segunda se han enfriado hasta volverse remordimiento. La mejor escena de la película no es un asesinato sino una confesión: Michael, diabético y tembloroso, le habla al cardenal Lamberto de Fredo, y por primera vez en tres películas un Corleone dice en voz alta lo indecible: “Maté al hijo de mi madre. Maté al hijo de mi padre.” El sacerdote le dice que podría redimirse, pero que no lo hará. Ese veredicto pesa sobre todo lo que viene después.

La trama vaticana y por qué se hunde

La maquinaria que rodea esa confesión es donde la película flaquea. Michael intenta blanquear a la familia hacia la respetabilidad a través de Immobiliare, un imperio inmobiliario controlado por el Vaticano, y el guion se enreda en el escándalo real del Banco Ambrosiano: el banquero de Dios hallado colgado bajo un puente de Londres, un papa muerto a los treinta y tres días, una logia secreta de conspiradores. Es material riquísimo, pero Coppola lo plantea en buena medida como una sucesión de reuniones, y pasamos demasiado tiempo intentando distinguir a cardenales y banqueros.

Cartel de El Padrino Parte III: Al Pacino como Michael Corleone.
El Padrino Parte III (1990), dirigida por Francis Ford Coppola.

Lo que rescata esos tramos es el Vincent Mancini de Andy García, hijo ilegítimo de Sonny: puro ímpetu y apetito, el único personaje que todavía desea la vida de la que Michael quiere huir desesperadamente. García logró una nominación al Oscar, y se entiende: le da pulso a la película cada vez que la trama amenaza con quedarse plana.

Lo que sigue funcionando, y es más de lo que admite su fama

Gordon Willis filma Sicilia y el Vaticano en el mismo crepúsculo ambarino que dio a las dos primeras películas, y el clímax en el Teatro Massimo de Palermo está entre las mejores secuencias de toda la trilogía. Coppola monta en paralelo una ópera —la Cavalleria Rusticana de Mascagni, cantada en escena por el hijo de Michael— con los asesinos moviéndose por el edificio, hasta que el arte y el crimen laten al mismo ritmo. Es operístico en sentido literal, y funciona.

Luego llega el final, que es la razón por la que la película se gana su lugar. En las escalinatas del teatro, una bala destinada a Michael alcanza a Mary. El grito mudo de Pacino —la boca abierta, sin sonido durante un instante que dura una eternidad— es la imagen más devastadora de la trilogía. El hombre que pasó tres películas protegiendo a la familia destruyéndola ve morir a su hija delante de él, y el castigo, por fin, es exacto.

El problema Sofia y una segunda vida

La debilidad célebre de la película es Sofia Coppola como Mary, incorporada a última hora tras la marcha de Winona Ryder días antes del rodaje. Se le pide sostener escenas para las que no está preparada, y el romance con Vincent nunca cuaja; es un defecto real, no una pose. Pero el remontaje de Coppola de 2020, El Padrino, epílogo: La muerte de Michael Corleone, reordenó el inicio y el final y mejoró discretamente la consideración de la película: prueba de que su esqueleto siempre fue más sólido de lo que sugirió su recibimiento.

El veredicto

El Padrino Parte III no está a la altura de las obras maestras que la preceden, y fingir lo contrario no le hace ningún favor. Pero en sus propios términos es una película seria y doliente sobre un hombre poderoso que descubre que algunas deudas no se pagan, solo se cobran. Véanla por la dignidad arruinada de Pacino, por la chulería de García, por esa ópera y por un final que cierra la saga justo en la nota de condenación que siempre prometió. Un epílogo imperfecto, pero verdadero.

Dirección

Francis Ford Coppola

Francis Ford Coppola

Reparto

Etiquetas: , , , , , ,

Debate

Hay 0 comentarios.