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*Call Jane*: Banks brilla en drama feminista desigual

Liv Altman
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La escena inicial de Call Jane es impactante: Joy Griffin (Elizabeth Banks), una esposa y madre aparentemente común en 1968 Chicago, colapsa en su cocina mientras prepara el desayuno para su familia. Este momento no solo establece la tensión central del filme —la vida privada de las mujeres bajo amenaza por un sistema médico y legal hostil—, sino que también sirve como metáfora visual de cómo la sociedad de la época aplastaba sistemáticamente los derechos reproductivos. Dirigida por Phyllis Nagy, la película explora la realidad de las redes clandestinas de aborto antes de Roe v. Wade, pero su verdadero corazón late en el viaje personal de Joy hacia la autodeterminación y empoderamiento.

Banks ofrece una actuación contenida pero poderosa, especialmente cuando Joy se enfrenta a la burocracia hospitalaria masculina o al dilema moral de unirse al colectivo Jane. Su evolución desde la sumisión marital hasta la rebelión es creíble, aunque el guion de Hayley Schore y Roshan Sethi a veces prioriza el mensaje sobre la sutileza narrativa: las transiciones entre los actos se sienten abruptas, como cuando Joy pasa de paciente a activista sin suficiente desarrollo orgánico. Sigourney Weaver, como Virginia (líder del colectivo), roba escenas con su presencia serena pero firme, aunque su personaje sufre por falta de matices —es más un símbolo que una persona—. Weaver logra transmitir la fortaleza y determinación de Virginia, pero el guion no profundiza lo suficiente en sus motivaciones personales o conflictos internos, reduciéndola a un arquetipo.

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La película brilla en los detalles históricos: la recreación de 1968 Chicago es auténtica, desde las protestas del Partido Democrático hasta el diseño de producción de las casas suburbanas. La tensión dramática alcanza su cima cuando Joy asiste a Dean (Cory Michael Smith) en un aborto, una secuencia claustrofóbica donde la cámara de Nagy se enfoca en primeros planos para enfatizar la precariedad del procedimiento. Sin embargo, el ritmo decae en los actos secundarios, especialmente cuando el conflicto con Dean se convierte en el eje central: su misoginia es predecible y el arco de Joy como médica improvisada carece de urgencia.

Call Jane tiene un propósito claro —honrar a las mujeres que arriesgaron todo por otras—, pero a veces ese propósito se traduce en moralismo. La subtrama de Sandra (Grace Edwards), la adolescente que necesita un aborto, es particularmente problemática: su caracterización como «flippant» (frívola) refuerza estereotipos en lugar de desafiarlos. Además, el guion evita explorar las tensiones raciales dentro del colectivo Jane, a pesar de que el personaje de Gwen (Wunmi Mosaku) y la discusión sobre los $600 de Dean lo sugieren.

La dirección de Nagy es competente pero no innovadora. Utiliza planos medios y primeros planos efectivos para transmitir la emoción de los personajes, pero carece del estilo visual distintivo que elevaría la película a otro nivel. La fotografía es funcional, con una paleta de colores apagados que refleja el ambiente opresivo de la época, pero no hay momentos de verdadera brillantez técnica.

El elenco secundario, aunque sólido, no logra destacar tanto como Banks y Weaver. Chris Messina, como Will (el esposo de Joy), tiene un papel limitado y su arco es predecible: evoluciona de ser un marido tradicional a uno más comprensivo, pero su transformación carece de matices. Kate Mara, como Lana, una amiga de Joy, aporta profundidad emocional en sus breves apariciones, pero su personaje podría haber sido desarrollado con mayor detalle.

La banda sonora es otro punto fuerte de la película. La música, compuesta por Isabella Summers, evoca perfectamente el ambiente de los años 60 y refuerza las emociones de las escenas clave. Sin embargo, en ocasiones se siente intrusiva, especialmente durante momentos de diálogo intenso donde un silencio habría sido más efectivo.

En cuanto a su público objetivo, Call Jane apela principalmente a audiencias interesadas en historias feministas y dramas históricos. Es una película para quienes buscan entender el contexto de la lucha por los derechos reproductivos antes de Roe v. Wade, pero también puede resultar demasiado didáctica para espectadores que prefieren narrativas más complejas o ambiguas.

La estructura narrativa de Call Jane es otro punto débil. La película se divide en tres actos claramente definidos: el descubrimiento del problema médico de Joy, su introducción al colectivo Jane y su integración plena como miembro activa. Sin embargo, estas transiciones son bruscas y carecen de la fluidez necesaria para mantener al espectador completamente comprometido.

El guion también tiene problemas de coherencia interna. Por ejemplo, la decisión de Joy de mentir a Will sobre su aborto se presenta como un conflicto moral importante, pero una vez que ella se une al colectivo Jane, este tema apenas se aborda nuevamente. Además, el arco de Dean como antagonista es predecible y carece de matices: su misoginia y avaricia son tan obvias que no generan tensión dramática real.

A pesar de estas críticas, Call Jane tiene momentos de verdadera brillantez. La escena en la que Joy y Virginia discuten sobre el derecho de las mujeres a controlar sus propios cuerpos es especialmente poderosa, con diálogos afilados y actuaciones conmovedoras. Esta secuencia encapsula perfectamente el tema central de la película: la importancia de la solidaridad femenina en la lucha por los derechos reproductivos.

La película también destaca en su representación de la comunidad del colectivo Jane. A través de sus interacciones, Call Jane explora temas como la sororidad, la resistencia y la resiliencia. Las escenas grupales, aunque breves, son conmovedoras y refuerzan el mensaje central de la película sobre la importancia de las redes de apoyo entre mujeres.

En comparación con otras películas recientes sobre temas similares, Call Jane se siente menos ambiciosa que Never Rarely Sometimes Always (2020) de Eliza Hittman, que explora el tema del aborto con mayor crudeza y realismo. Sin embargo, Call Jane ofrece una perspectiva histórica única y un enfoque más optimista sobre la capacidad de las mujeres para organizarse y luchar por sus derechos.

Verdict:

Call Jane es un filme necesario pero desigual. Nagy demuestra sensibilidad visual y Banks entrega una actuación destacada, pero la estructura narrativa y las decisiones tonales limitan su impacto.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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