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Irish Wish: Lindsay Lohan brilla en un guión superficial

Veronica Loop
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La escena es tan tópica como un postal turístico: Lindsay Lohan, con su maleta idéntica a la de otro viajero, discute en el aeropuerto irlandés. Es el gancho visual de Irish Wish (2024), una comedia romántica fantástica que apuesta por lo seguro hasta en los detalles más pequeños. Dirigida por Janeen Damian y escrita por Kirsten Hansen, esta película es el segundo proyecto consecutivo de Lohan con Netflix, consolidando su regreso al cine con un papel que parece hecho a medida: Maddie Kelly, una editora de libros tímida y enamorada del hombre equivocado. Pero lo que podría haber sido un vehículo perfecto para su carisma se convierte en una oportunidad desperdiciada.

El problema no es la premisa—una mujer que desea cambiar su destino y termina atrapada en una realidad alternativa donde es la novia—, sino cómo Irish Wish la ejecuta. La película explora temas como el romance, la confianza y el autoamor, pero lo hace con una mano tan ligera que a veces parece estar más interesada en los paisajes irlandeses que en sus personajes. El dossier revela que las actuaciones son su mayor logro: Lohan y Ed Speleers, quien interpreta a James Thomas, tienen una química palpable que salva varias escenas de diálogo forzado. Sin embargo, el resto del reparto—incluyendo a Alexander Vlahos como Paul Kennedy y Jane Seymour como Rosemary Kelly—quedan relegados a arquetipos: el amor no correspondido, la madre sobreprotectora.

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La dirección de Damian es visualmente atractiva, con planos que capturan la belleza idealizada de Irlanda, pero eso solo resalta más las deficiencias en la narrativa. La estructura es predecible: Maddie desea algo, la realidad se altera, y luego debe decidir entre dos hombres. No hay sorpresas, ni giros inesperados, solo un viaje de autodescubrimiento que podría haber sido interesante si no estuviera tan cargado de clichés. La escena del pub, por ejemplo, intenta ser un momento de conexión entre Maddie y James, pero se siente forzada, como si la película supiera que necesita una secuencia romántica y la incluyera sin mucho esfuerzo creativo.

El mayor pecado de Irish Wish es su falta de originalidad. Desde el personaje de Lohan—una versión más joven y menos experimentada de sus roles en las películas de los 2000—hasta la trama, todo parece sacado de un manual de comedias románticas. La magia, representada por una hada y un banco de deseos, es tan superficial como el resto de la película. No hay profundidad en cómo afecta a Maddie o a su entorno; solo sirve como un dispositivo para mover la trama hacia adelante.

Donde Irish Wish podría haber destacado fue en su exploración de la cultura irlandesa. En lugar de eso, la película cae en estereotipos: pubs acogedores, paisajes verdes interminables y una idealización que, según algunas críticas, roza lo irrespetuoso. La falta de autenticidad se siente en cada escena, desde el lenguaje hasta las tradiciones representadas.

La película también sufre de una identidad dividida. Por un lado, es una comedia romántica tradicional, con sus momentos predecibles y su final feliz obligatorio. Pero por otro, intenta ser una fantasía mágica, algo que no logra del todo. La magia en Irish Wish se siente más como un recurso narrativo que como un elemento integrado orgánicamente en la historia. La escena en la que Maddie hace su deseo en el banco de los deseos es un ejemplo perfecto: la dirección y la fotografía intentan crear un momento mágico, pero la ejecución es tan genérica que pierde todo su potencial.

Otro punto débil es la caracterización de los personajes secundarios. Heather (Ayesha Curry) y Emma (Elizabeth Tan), las mejores amigas de Maddie, son poco más que acompañantes sin profundidad ni arco narrativo propio. Kory Kennedy (Matty McCabe), el hermano de Paul, tiene un par de escenas memorables, pero su personaje es tan plano como el resto. Incluso la madre de Maddie, Rosemary Kelly (Jane Seymour), aunque tiene algunas líneas interesantes, no logra destacar en medio del caos narrativo.

La banda sonora y el diseño de sonido también merecen una mención. La música es típica de las comedias románticas: melodías alegres que intentan crear un ambiente festivo pero que terminan sonando genéricas. El diseño de sonido, por otro lado, es competente pero no notable. Los efectos mágicos, como el viento que altera la realidad de Maddie, están bien ejecutados, pero nada más.

En cuanto a la audiencia objetivo, Irish Wish parece estar dirigida a fans incondicionales de Lohan y a quienes disfrutan de comedias románticas ligeras sin pretensiones. Para ellos, la película puede ser una experiencia entretenida, aunque no excepcional. Pero para los espectadores que buscan algo más sustancial, Irish Wish resultará decepcionante.

El veredicto es claro: Irish Wish es una película inofensiva pero olvidable. Tiene sus momentos—la química entre Lohan y Speleers, algunas escenas visualmente atractivas—, pero no suficientes para elevarla por encima del montón de comedias románticas fantásticas que ya existen.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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