Cine

Vecinos: una comedia brasileña que confunde el ruido con el humor

Roberto Santucci dirige en 2022 a Leandro Hassum en una farsa de vecinos que no deja respirar.
Martha O'Hara
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Un hombre acaba cubierto de excrementos de gato, con un loro colgado de la lengua, mientras varias baterías de percusionistas aporrean a su alrededor. Así describe Decider una de las escenas de Vecinos, la comedia brasileña de Roberto Santucci que Netflix distribuye en inglés como Fenced In. Su protagonista, Walter, se muda al campo tras un ataque de nervios y descubre que sus vecinos son más ruidosos que la ciudad de la que huía. La película no sale de esa premisa. Cada escena repite el mismo choque con el volumen un poco más alto, y ahí está su problema.

El arranque lo resume bien. Decider cuenta que la película se abre dentro del cráneo de Walter (Leandro Hassum), con sinapsis que chisporrotean, y que esa imagen es toda la explicación que el guion ofrece de su sensibilidad al ruido. Esa sensibilidad le obliga a dejar su empleo en una tienda donde vende tambores y guitarras, y su médico le avisa de que, si no se va de una ciudad que lo agota, morirá. Él y su mujer, Joana (Júlia Rabello), se instalan entonces en una urbanización, plantan un huerto, crían gallinas y no se molestan en averiguar quién vive al lado. Al lado vive Toninho (Maurício Manfrini), músico de samba que reúne en su casa a decenas de percusionistas para ensayar a 125 decibelios durante horas. Su esposa Kelly (Marlei Cevada) es una reina de belleza en recuperación cuya voz estridente, escribe Decider, hace que Peg Bundy parezca un retrato de compostura. El título original, Vizinhos, significa «vecinos»; según el mismo medio, Netflix lo cambió para el mercado anglosajón porque ya existen demasiadas películas con ese nombre, de las comedias de Seth Rogen y Rose Byrne al clásico de Buster Keaton.

De ese choque sale una sucesión de porrazos, y ninguno aporta nada nuevo. Common Sense Media los detalla: el loro muerde la lengua de Walter y esta se estira hasta una longitud absurda mientras todos gritan de pánico; el ave se da por muerta cuando Walter le rompe el cuello y la revive una descarga excesiva de electrocardiógrafo; y la matriarca de la familia pasa por muerta después de que Walter le dispare sin querer con una pistola tranquilizante. Decider añade el episodio de los excrementos de gato y una abuela que repite que Walter es «simple», mientras a él lo llaman Wally. Quitados los accesorios, el chiste es siempre el mismo: un hombre sufre, alguien grita y la película sube el volumen. Tras el loro, el tranquilizante y los percusionistas, Walter sigue en el mismo punto que al empezar, solo que más maltrecho.

Common Sense Media recoge además un gag de otra naturaleza. En una cena con los vecinos, Walter cree que Toninho insinúa que él y Kelly son swingers y que quieren acostarse con Walter y con Joana. Es el enredo clásico del malentendido, el que vive de que el espectador vea venir la vergüenza, y es de lo poco que no depende del decibelio. El resto del repertorio sexual, según la misma fuente, va por el lado del doble sentido constante y de una noche en que Walter no pega ojo por unos vecinos que tienen sexo en el exterior. Es humor de brocha gorda, y la película lo sirve sin dosificarlo.

Hassum es el único que mantiene el pulso. El sitio alemán film-rezensionen.de describe a Walter como un hombre furioso, a menudo y por muchas cosas, y afirma que a Hassum nadie puede reprocharle que no dé lo mejor de sí cuando pierde los estribos una y otra vez y toma cada desliz del vecino como una declaración de guerra personal. El mismo crítico reconoce que la fórmula funciona en parte, pero añade que una comedia tiene que divertir y que la película flaquea justo ahí. Manfrini y Cevada son el contrapeso: el vividor ruidoso y simpático y su esposa chillona. La película busca el contraste máximo entre el cascarrabias y su vecino sin el menor afán de realismo, y todo está exagerado a propósito. Ellos gritan, tocan y celebran; Walter se queja; el esquema se repite hasta que deja de tener gracia.

A Joana le toca la parte más ingrata. Decider cuenta que insiste en que Walter tome más sedantes, que él le advierte de que lo volverán impotente y que ella responde con un grito ahogado. Common Sense Media confirma que la medicación para los nervios alimenta un chiste recurrente sobre la disfunción eréctil. Para Decider, en ese punto se hacen visibles los enormes defectos de personalidad de ambos cónyuges bajo un matrimonio en apariencia dulce y cariñoso. Ahí había material para una comedia de pareja, pero el personaje de Rabello se queda en la esposa que reacciona a lo que le pasa a su marido. Completan el reparto Julia Foti (Camila), Lucas Leto (Arthurzinho), Yves Miguel (Pedroca), Sophia Guedes (Sacha), Dja Marthins (Dona Nonô) y Vilma Melo (la doctora Vera), pero el foco de las reseñas no se despega de Walter y la familia de al lado.

La idea de fondo es lo más flojo de la película, precisamente porque es lo único que apunta a algo. Ready Steady Cut sostiene que la historia quiere enseñar que uno puede trabajar en sí mismo y encontrar una vida sin estrés sin culpar a fuerzas externas, y que Walter se victimiza al decidir que los ruidos de fuera son su desgracia. Ese planteamiento daría un protagonista con algo que aprender, pero la película lo desperdicia: el propio crítico admite que está siendo amable con el tema, que apenas aflora, y que la película pierde el respeto del público en cuanto desconcierta a sus personajes con su entorno. Un usuario de Letterboxd lo resume con más filo: si la película fuera una redacción del examen nacional brasileño, sacaría cero por irse del tema.

Los veredictos coinciden en el tono. Decider llama colorida a la película en el sentido en que lo es recibir un cubo de pintura en la cabeza, y la define como estridente y molesta. Ready Steady Cut la sitúa en el fondo del barril de lo que Netflix estrena, le atribuye la madurez de un niño pequeño, dice que prefiere el caos a cualquier sentido de la historia o del diálogo, y solo la recomienda como ruido de fondo. Otro comentario de Letterboxd resuelve la cuestión del reparto con una frase, «leandro hassum nosso adam sandler»: un cómico popular metido en un papel de gritos.

Common Sense Media avisa a los padres de que hay lenguaje fuerte de principio a fin, alcohol y puros, y de una alusión al suicidio del anterior habitante de la casa, que se quitó la vida metiendo la cabeza en el horno. La película despacha ese dato oscuro como un chiste más, dentro de una comedia que apenas distingue tonos.

Vecinos es, en definitiva, una comedia de ruido continuo, con un protagonista que se lanza a cada porrazo y una premisa que Decider ya calificaba de muy familiar antes de empezar. Lo que ofrece son gritos en fila, un mensaje que apenas aflora y una pareja protagonista a la que el guion no deja crecer. Como pasatiempo de fondo cumple, tal como admite Ready Steady Cut; como comedia, no consigue que el ruido se convierta en gracia.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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