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Billie Jean King Cup: Carla Suárez Navarro devuelve a España a las semifinales 18 años después

Jack T. Taylor
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La jugadora más importante del equipo español de la Billie Jean King Cup no golpeó ni una pelota esta semana. Se sentó en la silla de capitana y observó a sus jugadoras hacer eso que ella ha pasado una carrera —y una vida— aprendiendo a hacer: negarse a quebrarse.

La versión fácil de esta historia es el fin de una sequía, una orgullosa nación tenística arrastrándose de vuelta entre las cuatro mejores del deporte después de demasiado tiempo fuera. Esa versión es cierta, y también es lo menos interesante de lo que ocurrió en Shenzhen. El hilo que merece la pena seguir pasa por la mujer que sostiene la pizarra, Carla Suárez Navarro, porque la última vez que España llegó tan lejos en esta competición ella era una recién llegada en las filas —y todo lo que le ha sucedido desde entonces es la razón por la que la remontada tiene el impacto que tiene.

El empate en sí fue una batalla. Jessica Bouzas Maneiro dio estabilidad a España con una victoria en sets seguidos, 6-2, 6-2, sobre Sonja Zhiyenbayeva. Cristina Bucsa perdió después un partido a tres sets ante Yulia Putintseva, y la eliminatoria de cuartos de final se decidió, como suele ocurrir, en el dobles. Bucsa regresó junto a Sara Sorribes Tormo, y la pareja salvó 18 puntos de ruptura de camino a un triunfo por 6-2, 7-5 que cerró la serie 2-1. Dieciocho puntos de ruptura —dieciocho invitaciones a rendirse, todas rechazadas. Si se quisiera una sola imagen de un equipo hecho a imagen y semejanza de su capitana, esa sería.

La honestidad exige un matiz que las celebraciones pasaron por alto. Kazajistán llegó a China sin Elena Rybakina, la número 1 del mundo, fuera por una lesión en el tendón de Aquiles sufrida durante su participación en el US Open. España venció al equipo que tenía enfrente, y lo hizo con solvencia, pero fue un cuadro rebajado, no una declaración de intenciones. La declaración, si la hay, está reservada para el viernes contra Chequia —un rival al que España ya ha medido en este ciclo, y una prueba mucho más fiel de hasta dónde puede llegar esta racha.

Lo que nos devuelve a Suárez Navarro. Se enfundó por primera vez la camiseta española en la campaña de 2008 —la última vez que el país alcanzó esta fase, una racha que terminó en una final perdida ante Rusia. A partir de ahí construyó una carrera de top 10: un pico como número 6 del mundo, una victoria sobre Venus Williams en el Abierto de Australia, siete cuartos de final de Grand Slam. Luego, meses después de anunciar su retirada, le diagnosticaron un linfoma de Hodgkin. Alcanzó la remisión al año siguiente, realizó la gira de despedida que se había ganado, y a principios de 2025 regresó al deporte en un asiento diferente —como capitana de España. Su primer año en el banquillo terminó con una derrota en cuartos de final. Este la ha visto ganar cuatro de sus últimos cinco empates y, ahora, meterse en las semifinales.

—Estoy muy orgullosa de todas mis jugadoras —dijo después—. Han hecho un esfuerzo realmente bueno y fuerte. Este empate fue duro. Y luego la frase que da forma a la semana: —Nuestro momento es ahora. Sorribes, todavía recuperando el aliento, lo expresó de forma más llana: —Somos españolas, así que estábamos saltando, cantando.

Existe la tentación de etiquetar esto como cuento de hadas y seguir adelante. Resístanse. La capitana que sobrevivió a lo que Suárez Navarro sobrevivió sabe mejor que nadie que perdurar no es lo mismo que ganar, y tuvo cuidado de no confundir ambas cosas. La sequía de España ha terminado. El viernes, contra un equipo al que ya ha vencido una vez, la mujer que aprendió del modo más duro que solo se juega el punto que tienes delante descubrirá hasta dónde puede llevar el coraje por sí solo a un país que había olvidado esta sensación.

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