Danza

Igor Yebra, el bailarín que escondió el esfuerzo en escena y la enfermedad fuera de ella

Penelope H. Fritz
Añádenos en Google
Igor Yebra
Nacimiento1 de agosto de 1974
Bilbao, Spain
OcupaciónBailarín y coreógrafo
PremiosSpecial Jury Prize for Contemporary Dance, Eurovision Young Dancers · Best Dancer of the Year, Danza & Danza · Second Prize, Maya Plisetskaya International Ballet Competition · Léonide Massine Prize, Positano · Medalla Delmira Agustini · Ciudadano Ilustre de Montevideo

El ballet clásico exige que el bailarín haga que lo más difícil parezca ingrávido, y a lo largo de su carrera Igor Yebra se volvió todo un experto en conseguirlo. Este danseur noble vasco bailó en pareja con Carla Fracci y Svetlana Zakharova, interpretó el papel protagonista de Iván el Terrible en el escenario del Kremlin y, más adelante, dirigió la compañía nacional de ballet de Uruguay. Lo que el público no supo hasta que publicó sus memorias este otoño fue que había aplicado esa misma disciplina a otra cosa: un diagnóstico de esclerosis múltiple que mantuvo en secreto durante más de una década y que, durante un tiempo, ocultó incluso de sí mismo.

El título del libro suena más a una tesis que a una confesión: ¿Por qué somos tan estúpidos y no estamos ya bailando?, algo así como «¿Por qué somos tan estúpidos como para no estar ya bailando?». Es una buena síntesis del hombre. Yebra siempre ha hablado de la danza como algo más parecido a una necesidad colectiva que a un pasatiempo elitista, y su vida profesional ha sido menos un recorrido lineal por una institución que una larga negociación entre maestros, escenarios y países.

Igor Yebra Iglesias nació en Bilbao el 1 de agosto de 1974. Sus padres regentaban una escuela de danza y le pusieron el nombre del héroe de la ópera de Borodin El príncipe Ígor. De niño quería ser futbolista y todavía sigue al Athletic Club. Todo cambió cuando sus padres lo llevaron a ver Espartaco, de Khachaturian, con Vladimir Vasiliev en el papel protagonista. Aquella función le mostró hasta qué punto podía ser físico el ballet masculino. Empezó a formarse de manera reglada en la escuela de Víctor Ullate, en Madrid, cuando tenía unos trece años —tarde para los cánones clásicos—, y debutó profesionalmente con la compañía de Ullate en el Teatro Arriaga de Bilbao en abril de 1988.

YouTube video

Permaneció con Ullate hasta 1996, ascendió a bailarín principal y se empapó de un repertorio neoclásico y contemporáneo con obras de Hans van Manen, Rudi van Dantzig, Nils Christe y George Balanchine. En 1989, todavía adolescente, ganó el premio especial del jurado de danza contemporánea en el concurso Eurovision Young Dancers de París. En 1996, la revista italiana Danza & Danza lo nombró bailarín del año y obtuvo el segundo premio en el concurso Maya Plisetskaya. Después dejó por completo la vida en compañía y se hizo independiente. Empezó con una colaboración como artista invitado en el Australian Ballet, que dio paso a una carrera construida a base de invitaciones, no de contratos.

Tres relaciones marcaron los años siguientes. Gracias a Charles Jude se convirtió en una presencia habitual en el Ballet de l’Opéra National de Bordeaux, donde bailó como étoile invitada durante más de una década y para quien Jude creó los papeles de Basilio en Don Quijote y Romeo en Romeo y Julieta. Gracias a Carla Fracci fue bailarín principal invitado del Ballet de la Ópera de Roma. Y gracias a Yuri Grigorovich llegó al papel por el que más se le recuerda: en enero de 2004 interpretó el papel protagonista de Iván el Terrible en el Kremlin, el primero en hacerlo sin ser ruso. A lo largo de esos años bailó en pareja con Fracci, Zakharova, Viviana Durante y Lorna Feijóo, y actuó como invitado con compañías que iban desde el Ballet Nacional de Cuba hasta La Scala.

La docencia llegó sin poner fin a su carrera como intérprete. En 2006 abrió su propia escuela en Bilbao y, dos años después, puso en marcha la escuela municipal de danza de Amurrio. Como coreógrafo trabajó sobre todo para la ópera, con coreografías para La Traviata, Carmen y Aida, y creó el ballet infantil Pipi Bailarina. Su pieza más viajera es El Cisne XXI, una versión masculina de La muerte del cisne que bailó durante años en galas. La televisión lo reclamó brevemente en 2018 como director de la academia en la reposición de Fama, ¡a bailar! de Movistar+, un puesto que dejó de mutuo acuerdo cuando su nuevo cargo en Uruguay hizo imposible compaginar ambos trabajos.

Ese cargo era la dirección artística del Ballet Nacional Sodre, en Montevideo, donde sucedió a Julio Bocca en enero de 2018. Incluyó en la programación Onegin, de John Cranko; Manon, de Kenneth MacMillan, y El sombrero de tres picos, de Léonide Massine, además de encargar nuevas obras locales: El Quijote del Plata, en 2018, y, con motivo del centenario de Mario Benedetti, La tregua, en 2020. En su primera temporada, las actuaciones de la compañía en Montevideo, sus giras y sus programas educativos congregaron a cerca de 150.000 espectadores. Cuando la pandemia cerró los teatros, trasladó a internet el taller coreográfico de la compañía bajo el lema Seguimos con vos.

YouTube video

El final de aquella etapa es donde el relato ordenado se rompe. Pese a las cifras de asistencia, el Gobierno de Uruguay decidió no renovarle el contrato y, en 2021, la compañía pasó a manos de María Noel Riccetto, su antigua primera bailarina. Al marcharse, Montevideo lo nombró ciudadano ilustre y recibió la Medalla Delmira Agustini, la máxima distinción cultural del país: dos reconocimientos que cuesta conciliar. En España, la prensa del corazón lleva mucho tiempo encasillándolo en un único asunto: su breve matrimonio con la presentadora de televisión Anne Igartiburu, que empezó en septiembre de 2004 y terminó con la separación a principios de 2006. Ese enfoque dejó en segundo plano tres décadas de trabajo en escenarios que la mayoría de los lectores españoles nunca llegó a ver. Las memorias vuelven a complicar el relato: según la cronología que ofrece ahora, el diagnóstico ya figuraba en su historial médico cuando aceptó el puesto en el Sodre, y dirigió una compañía nacional sin que el público lo supiera.

El libro, publicado por Bao Bilbao en septiembre de 2026, completa la historia. Los primeros síntomas aparecieron en la pierna izquierda en 2013, pero los atribuyó al entrenamiento. Una punción lumbar condujo al diagnóstico en 2015, aunque no quiso escucharlo; tomó la medicación que le recetaron y no preguntó más hasta que, según cuenta, un médico dejó escapar la noticia. En 2021, un nuevo tratamiento le provocó efectos secundarios visibles para los demás, y empezó a contárselo a personas ajenas a su círculo más íntimo. La pierna izquierda es ahora la más afectada y le cuesta caminar. «Siempre he sido muy reservado, muchísimo», ha dicho al explicar que escribió el libro, en parte, porque ya no quería —o no podía— seguir ocultando la enfermedad. Dejó de actuar hace menos de una década y desde entonces trabaja como director, profesor y coreógrafo.

Ahora está en Montevideo, organizando un concurso pensado para acercar a los niños pequeños a la danza clásica: el título de sus memorias convertido en un plan de trabajo. Para un bailarín cuyo oficio consistía en ocultar el peso del cuerpo, la siguiente etapa le plantea otro reto: poner a los demás en movimiento, sin fingir ya que moverse no le cuesta nada.

Etiquetas: , , , , ,

Noticias destacadas — Igor Yebra

Añádenos en Google

Debate

Hay 0 comentarios.