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Juliet Stevenson, la gran actriz de teatro que el cine hizo madre

Penelope H. Fritz
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Juliet Stevenson
Juliet Stevenson
Photo via The Movie Database (TMDB)
Nacimiento30 de octubre de 1956
Kelvedon, Essex, England
OcupaciónActriz
Conocido porLa sonrisa de Mona Lisa, Quiero ser como Beckham, Flor del desierto
PremiosLaurence Olivier Award for Best Actress · Commander of the Order of the British Empire · Crime Thriller Awards Best Actress Dagger · Critics' Circle Theatre Award for Best Actress

En Elsinore, la película de Simon Stone sobre el último Hamlet que interpretó Ian Charleson, Juliet Stevenson da vida a Sylvia Syms, la actriz que fue Gertrudis a su lado en el National Theatre de Londres. Andrew Scott encarna a Charleson. El reparto se dobla sobre sí mismo: Stevenson ya fue la Gertrudis del Hamlet de Scott en el Almeida, en el montaje de Robert Icke ambientado en un Estado de vigilancia, y ahora interpreta a la mujer que hizo ese mismo trabajo junto a un hombre que se estaba muriendo. Es un papel pequeño en una película grande, que es más o menos la forma que ha tenido su carrera en la pantalla. En el escenario es de las pocas intérpretes británicas de su generación capaces de sostener una función entera a fuerza de argumento. En el cine ha sido, casi siempre, la madre de alguien.

La vida itinerante empezó pronto. Su padre, Michael Guy Stevenson, era oficial del ejército y cambiaba de destino cada dos años y medio; su madre, Virginia, maestra, se mudaba con él y con los hijos. Juliet Anne Virginia Stevenson, que vino al mundo en Kelvedon, en el condado de Essex, el 30 de octubre de 1956, estaba interna en la Hurst Lodge School de Ascot a los nueve años y terminó sus estudios en St Catherine’s, en Bramley. Después llegó la Royal Academy of Dramatic Art, dentro de la misma hornada que dio a Alan Rickman y a Fiona Shaw.

En 1978 entró en la Royal Shakespeare Company y dedicó la década siguiente al trabajo que todavía la define. Su Isabella de Medida por medida y su madame de Tourvel de Les Liaisons Dangereuses recibieron nominaciones a los premios Olivier, igual que su Yerma en el National. La televisión reparó en ella en 1987, cuando interpretó a la cristalógrafa Rosalind Franklin en Life Story, el drama sobre la carrera por descifrar la estructura del ADN.

Los primeros noventa le dieron dos cumbres a la vez. En Truly, Madly, Deeply, de Anthony Minghella, es Nina, una traductora tan deshecha por el duelo que su pareja muerta, interpretada por Alan Rickman, regresa al piso con violonchelo incluido. La película se recuerda como un romance; Stevenson la interpreta como un estudio del luto, y el trabajo le valió una nominación al BAFTA a la mejor actriz. En la misma temporada asumió el papel de Paulina en La muerte y la doncella, de Ariel Dorfman, primero en el Royal Court y después en el West End: una mujer convencida de haber encontrado al médico que la torturó. Con ella ganó el Premio Laurence Olivier a la mejor actriz de 1992.

Lo que vino después en el cine fue una larga serie de madres, tías y esposas difíciles, interpretadas con más precisión de la que merecían muchos guiones. Fue la insufrible señora Elton de Emma, la angustiada Paula Paxton de Quiero ser como Beckham, convencida de que su hija futbolera tenía que ser lesbiana, y la enfermera del campus despedida por repartir anticonceptivos en La sonrisa de Mona Lisa. La televisión le dio papeles de más peso, entre ellos The Politician’s Wife y A Place of Execution, que le valió la Daga a la mejor actriz de los Crime Thriller Awards. En 1999 recibió la distinción de Comendadora de la Orden del Imperio Británico.

La entrada más incómoda de la lista es Hear the Silence, un telefilme de 2003 en el que fue Christine Shields, una madre que llega a creer que la vacuna triple vírica causó el autismo de su hijo, con Hugh Bonneville en el papel de Andrew Wakefield. The Times calificó su interpretación de sobresaliente y la película de irresponsable; el British Medical Journal describió a sus médicos como caricaturas, y la investigación de Wakefield acabó desacreditada por completo. Stevenson recibió críticas entonces. Años después admitió al Daily Telegraph que quizá había sido ingenua al pensar que se podía estrenar una película así, aunque defendió la intención de dar voz a padres que se sentían ignorados. Es un borrón que encaja mal en una trayectoria construida sobre el criterio, y ella nunca ha fingido lo contrario.

El teatro, mientras tanto, seguía poniéndole delante las preguntas grandes. Su alianza con el director Robert Icke produjo tres de los montajes londinenses más comentados de la última década. En Mary Stuart, en el Almeida, ella y Lia Williams aprendieron los dos papeles de reina y dejaron que una moneda al aire decidiera cada noche quién hacía cuál. Su Gertrudis frente al Hamlet de Andrew Scott pasó al West End y la BBC lo grabó. En The Doctor, la relectura que Icke hizo de Schnitzler, fue Ruth Wolff, una médica cuya decisión junto a la cama de una paciente desata una guerra cultural en todo el país; el papel le dio el premio del Critics’ Circle a la mejor actriz y otra nominación al Olivier, y en 2023 el montaje cruzó a Nueva York, al Park Avenue Armory. El año pasado encabezó The Land of the Living, de David Lan, en el National Theatre a las órdenes de Stephen Daldry, como antigua trabajadora humanitaria de Naciones Unidas a la que, décadas después, le piden cuentas por los niños que intentó devolver a casa tras el programa nazi Lebensborn.

Está también la voz, que quizá llega a más gente que todo lo anterior. Ha grabado completas todas las novelas de Jane Austen y narra la serie documental que arrancó con Shakespeare: Rise of a Genius.

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El otoño se presenta especialmente cargado. Dustfall, una miniserie policiaca australiana de seis episodios, se estrena el 11 de octubre en la cadena ABC, con Stevenson como Olivia, madre de la detective Tig Pollard que interpreta Anna Torv, en una historia sobre sumisión química y agresiones sexuales en un pueblo costero; ella ha dicho que el tema, la violencia sexual y lo arraigada que está en la cultura, le toca muy de cerca. El 23 de octubre llega a los cines de Estados Unidos A Talent for Murder, de Anton Corbijn, con Helen Mirren como Patricia Highsmith y Stevenson como Peggy, la tía que controla el dinero de la familia. Elsinore, premio del público internacional en Toronto, se estrena en Estados Unidos el 20 de noviembre y en el Reino Unido el 29 de enero de 2027.

Lejos del escenario pinta, y vive en Suffolk con el antropólogo Hugh Brody, con quien se casó en 2021 tras décadas de pareja; tienen una hija y un hijo. Es embajadora de Amnistía Internacional y patrona de Young Roots, una organización para jóvenes refugiados, y en 2008 dirigió en el Young Vic Motherland, una pieza de protesta sobre las mujeres retenidas en el centro de internamiento de Yarl’s Wood.

Cuando Elsinore llegue a las salas, el público verá a Stevenson interpretar a una actriz que sostiene una escena junto a un compañero al que se le acaba el tiempo. Es un papel sobre el oficio mismo y sobre lo que un elenco le debe a quien ocupa el centro. Pocas intérpretes en activo han pasado tanto tiempo dentro de esa pregunta, y menos aún la han respondido tantas veces desde la segunda fila.

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