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Secretos del deporte: Raygun, el documental de Netflix sobre cómo un resultado real acabó convertido en un fraude que nunca existió

Jack T. Taylor

Un estadio entero había decidido ya quién era Rachael Gunn antes de que terminara de moverse. Salió a la pista olímpica como competidora y se bajó de ella convertida en chiste, y entre esas dos cosas apenas mediaban noventa segundos. Los jueces puntuaron la ronda en tiempo real. El resto del mundo se pasaría el año siguiente repuntuándola, fotograma a fotograma, en forma de memes.

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Secretos del deporte: Raygun es un documental deportivo sobre la bailarina australiana que compitió como Raygun, y su verdadero asunto no es el baile. Es la maquinaria que se pone en marcha justo cuando el baile acaba: primero las bromas, luego las imitaciones, después la desinformación y, al final, las teorías conspirativas sobre cómo una académica de 36 años llegó siquiera a unos Juegos. El tráiler enseña el método sin disimulo: pasa de las imágenes de la batalla que todo el mundo ha visto a cintas de su infancia y a sus padres hablando de una hija a la que internet nunca quiso conocer.

Los noventa segundos

El breaking debutaba en los Juegos en París y ya tiene fecha de salida: quedó fuera del programa de Los Ángeles 2028. Gunn entró en esa única ventana y perdió sus tres batallas de la fase de grupos sin sumar un solo punto. Medido como deporte, fue una derrota limpia, de las que ocurren en cualquier pista. Medido como fenómeno cultural, se convirtió en algo que ningún marcador puede contener: un veredicto planetario sobre una persona, dictado por millones que nunca habían visto una batalla de breaking y que no volverían a ver otra.

Ese recorte es lo que la película intenta ensanchar. Un meme es un clip al que se le ha quitado todo alrededor: sin entrenamiento, sin clasificación, sin biografía, sin lo que vino después; solo los noventa segundos y el titular estampado encima. El documental devuelve las partes que se recortaron, y esa restitución es el argumento. Cuanto más completa se ve a una persona, más difícil resulta sostener la broma.

Lo que pasó y lo que se dijo que pasó

Lo más útil que hace la película es separar lo que ocurrió de lo que se dijo que había ocurrido. Gunn se clasificó a través de un torneo oficial de Oceanía, por la misma vía que sus rivales. La acusación de que había manipulado el sistema era falsa, y viajó mucho más rápido y más lejos que cualquier rectificación. Lo que empezó como burla se solidificó en un relato de fraude que nunca sucedió.

Dirigen Chapman Way y Maclain Way, los hermanos de Wild Wild Country y de la anterior Untold: Breaking Point. No hay sorna sobre las imágenes, ni música que le indique al espectador cuándo reírse, ni ensañamiento con alguien a quien la multitud ya había derribado. Dejan que el linchamiento hable por sí solo y mantienen la cámara sobre la persona cuando los demás ya se han marchado.

Dancers perform on a cruise ship deck in Untold Raygun: Breaking Badly
Untold Raygun: Breaking Badly / Netflix

Esa contención es lo que separa la película de las incontables recopilaciones de memes que el momento generó gratis. Para Gunn aquello no fue ni siquiera fama: fue alcance, el hecho bruto de ser vista por decenas de millones de personas que en su inmensa mayoría no le deseaban nada bueno. Una disciplina olímpica que existió para unos únicos Juegos dejó una damnificada cuyo deporte desapareció en el mismo ciclo informativo. La economía de la atención que fabricó el linchamiento es la misma que ahora, a través del streaming, le revende el ajuste de cuentas al público que lo generó. El documental no esquiva esa ironía, y tampoco puede resolverla.

Secretos del deporte: Raygun se estrena el 1 de septiembre en Netflix, dentro de una tanda de tres semanas de Untold que también aborda a Vince Young y a Mr. T. Está producido por Stardust Frames con Warner Bros. International Television Production Australia y dirigido por los hermanos Way.

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