Cine

Daniel Roher cambia Navalny por un atraco de afinador con Leo Woodall y Dustin Hoffman

Daniel Roher, entrenado en el documental, da el salto al género con Tuner, una comedia de atracos que sostiene que afinar pianos y abrir cajas fuertes son el mismo oficio aplicado a objetos distintos, con Leo Woodall como afinador, Dustin Hoffman y Jean Reno como el oficio veterano y Havana Rose Liu como la complicación
Martha O'Hara

Un afinador de pianos se sienta delante de un instrumento y escucha lo que casi nadie en la habitación puede oír: una desviación de frecuencia que cabe en una fracción de semitono, una vibración por simpatía que no debería estar ahí, el catálogo paciente de las pequeñas imperfecciones mecánicas que un piano afinado oculta. La situación conceptual que Tuner plantea es que ese mismo oído paciente, aplicado a un objeto ligeramente distinto, abre una caja fuerte. La película se sostiene en la proposición de que afinar un piano y forzar una caja son la misma tarea en habitaciones distintas.

Daniel Roher dirige su primer largometraje de ficción. Llega a la ficción desde el lado documental del oficio, incluido el trabajo sobre la disidencia rusa que le valió un Óscar, y Tuner es la película que pone a prueba si la disciplina observacional del documental se traslada al género. Leo Woodall sostiene el papel principal como Niki White, el afinador que descubre qué otra cosa pueden hacer sus manos entrenadas. Dustin Hoffman y Jean Reno hacen el trabajo de oficio veterano a su alrededor. Havana Rose Liu interpreta la relación que complica la operación.

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El reparto Woodall es el argumento de la película. El actor ha sido la cara pública de un registro concreto, una serenidad de voz baja, en la racha de televisión de prestigio que le puso delante de un público amplio, y Tuner toma esa cualidad y le pide sostener un atraco a escala de cine. Niki White no es un ladrón con réplicas ingeniosas; es un artesano cuyo oficio puede ser reorientado, y Woodall lo interpreta con la concentración ligeramente desplazada de alguien que se sorprende escuchando el instrumento equivocado. Hoffman es Harry Horowitz, el mentor mayor que le explica la lógica de la caja fuerte al afinador. La presencia de Hoffman a esta altura de su carrera es ya en sí una señal tonal: la película corteja la comedia de atracos como oficio de la vieja escuela, no como espectáculo cinético. Jean Reno como Marius arrastra consigo el linaje del atraco europeo; Havana Rose Liu como Ruthie es la complicación; Tovah Feldshuh como Marla cierra el reparto de apoyo y le da a la película su filo teatral.

La práctica documental de Roher se había construido una reputación particular. La película sobre Robbie Robertson y el proyecto de disidencia rusa que le entregó el Óscar fueron ejercicios en acercarse a un sujeto que no se puede actuar; la cámara tenía que encontrarlo, sentarse con él y ganarse la toma. El salto a una pieza de género, donde el actor sí posee plenamente el material y el trabajo del director es montar la cámara alrededor de una idea y no alrededor del acceso, es un músculo profesional distinto. Tuner es la película que pone a prueba si ese salto funciona, y la elección de género es atípicamente específica: no un drama de prestigio, donde los directores formados en el documental suelen aterrizar primero, sino una película de atracos con inclinación a la comedia. Esa es una transición más difícil.

La metáfora sobre la que se construye la película es editorialmente elegante. Un afinador de pianos pasa su vida laboral en una disciplina que nadie que lo contrata entiende realmente; se sienta delante de un instrumento que la habitación ya da por funcionando y oye lo que está mal en él. La premisa de Tuner es que esa misma escucha entrenada, esa misma paciencia, esa misma negativa a dejarse apresurar por la impaciencia de la sala, abre una caja fuerte. El argumento que la película plantea sobre su propio género es que la película de atracos es, en el fondo, una película sobre un artesano cuyo oficio ha sido apuntado en una dirección no autorizada. Las etiquetas de TMDB son Crimen, Thriller y Comedia, una carga tonal de tres patas difícil de sostener a lo largo de ciento siete minutos. La mayoría de las películas que intentan la tripleta acaban perdiendo una de las patas.

Lo que Tuner no resuelve, a partir de su sola premisa, es si un director formado en el documental puede sostener el tono de género a lo largo de un largometraje. La metáfora es nítida; el reparto está cargado; el argumento de ascensor es de los más limpios del calendario de comienzos de verano. Ninguna de esas cosas es lo mismo que un registro tonal en funcionamiento. La comedia de atracos se construye sobre el ritmo, el público tiene que sentir la confianza de la película sobre cuándo demorarse en el oficio y cuándo aterrizar el chiste, y el ritmo no es un músculo documental. El trabajo documental de Roher le valió un Óscar porque se sentaba pacientemente con la dificultad. La paciencia que pide la película nueva se acerca más al fraseo musical que a la observación, lo que es un eco interesante de la propia metáfora sobre la que se construye la película, y una pregunta abierta sobre si el cineasta tiene también esa segunda habilidad.

Los créditos principales son Leo Woodall como Niki White, Dustin Hoffman como Harry Horowitz, Havana Rose Liu como Ruthie, Tovah Feldshuh como Marla y Jean Reno como Marius. Dirige Roher. El metraje es de ciento siete minutos. Focus Features distribuye en Estados Unidos y Universal Pictures International maneja la salida internacional en la mayoría de los grandes mercados. La película llega a las salas dentro de una ventana de lanzamiento escalonado mercado a mercado, no en formato day-and-date, lo que encaja con una posición de contraprogramación frente al calendario de tentpoles de finales de primavera.

Tuner se estrena en cines españoles el 12 de junio de 2026, dentro de una ventana global que abre a finales de mayo en Francia, Italia, el Reino Unido y Estados Unidos y se extiende hasta el 2 de julio en Alemania. Focus Features y Universal están tratando la película como un lanzamiento global con calendario local mercado a mercado en lugar de un único evento simultáneo, lo que da a los territorios más lentos espacio para encontrar la película por el boca a boca y no por la recaudación del fin de semana de estreno.

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