Cine

El mensaje confuso entre moda y moralidad

Martin Cid
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La escena del vestido negro

Andy Sachs (Anne Hathaway), con sus botas de lluvia y su aire de chica de pueblo, está a punto de aprender la lección más dura de su vida: en el imperio de Miranda Priestly (Meryl Streep), hasta los vestidos negros tienen jerarquía. The Devil Wears Prada (2006) no es solo una comedia sobre moda; es un manual disfrazado de entretenimiento, dirigido por David Frankel con pulso firme pero sin grandes riesgos.

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La película sigue a Andy, recién graduada y soñadora aspirante a escritora, que acepta el trabajo de asistente de la temible editora Miranda Priestly. Lo que comienza como un juego de supervivencia en una oficina neoyorquina se convierte en una reflexión agria sobre el precio del éxito. Streep roba cada escena con su interpretación glacial: Miranda no es solo una jefa tiránica, sino un huracán de ambición y desdén, capaz de destruir carreras con una mirada. Su icónico discurso sobre los colores pastel y la moda como arte es un momento de brillantez, donde la película eleva su tono sin caer en lo predecible.

Hathaway, por otro lado, navega el papel con gracia, aunque a veces su Andy parece más cercana al estereotipo de la chica torpe que a una persona con agencia propia. Emily Blunt, como la ambiciosa Emily, aporta un contrapunto interesante: su lealtad ciega hacia Miranda es tan fascinante como repulsiva.

Donde la película tropieza es en su estructura. El primer acto es ágil y mordaz, pero el tercer acto se hunde en convenciones del género. La resolución de Andy —que abandona su trabajo para perseguir sus sueños— carece del peso emocional que merecía. Además, el humor a veces flaquea: las bromas sobre la moda pueden sentirse forzadas para quienes no son iniciados.

La banda sonora, sin embargo, acierta en casi todos los frentes. La elección de «Bittersweet Faith» de Bitter:Sweet como tema central es inspirada, capturando esa mezcla de aspiración y melancolía que define la película.

The Devil Wears Prada no reinventa la rueda, pero sí la pule hasta hacerla brillar.

Un espejo distorsionado del sueño americano

La película se posiciona como un espejo distorsionado del sueño americano. Andy, una joven idealista de provincias, llega a Nueva York con estrellas en los ojos y un manuscrito bajo el brazo. Sin embargo, la realidad es menos glamurosa: el trabajo que consigues no siempre es el que soñaste, y las oportunidades suelen venir empaquetadas en formas inesperadas.

Frankel dirige con mano segura, aunque sin arriesgar demasiado. Su enfoque es pulcro y funcional, priorizando el ritmo sobre la originalidad visual. Las escenas en la redacción de Runway son un tour de force de producción, con diseños de vestuario que roban cámara a los actores. Sin embargo, cuando la acción se traslada al exterior, la película pierde algo de su chispa.

El reparto es, sin duda, uno de sus mayores activos. Streep no solo domina cada plano, sino que también imprime una humanidad inesperada en un personaje que fácilmente podría haber sido caricaturesco. Hathaway, aunque a veces parece perdida en el papel, logra transmitir la evolución de Andy con credibilidad.

Para quienes saben lo que llevan puesto

The Devil Wears Prada es, ante todo, una película para adultos. No se trata solo de moda, sino de poder, ambición y las decisiones que tomamos para alcanzar nuestras metas. Es una comedia dramática que no teme explorar temas oscuros, como el abuso laboral o la pérdida de identidad.

El público objetivo son aquellos que han tenido que lidiar con jefes difíciles o que entienden el valor del trabajo duro. Para los demás, puede resultar una experiencia frustrante: las referencias a la moda y al mundo editorial requieren un cierto nivel de familiaridad para ser apreciadas plenamente.

Un final predecible

El mayor problema de la película es su final. Después de construir un mundo tan rico y complejo, Frankel opta por resolver el conflicto de Andy de manera convencional. Su decisión de abandonar Runway para perseguir sus sueños es comprensible, pero carece del impacto emocional que merecía.

Además, el tercer acto se siente apresurado. La película dedica tanto tiempo a explorar las dinámicas en la oficina que, cuando finalmente llega el clímax, todo parece resolverse demasiado rápido. Es una lástima, porque el material de partida era mucho más prometedor.

MCM Score: 6.8/10 — craft 2 / story 1.5 / performances 2 / originality 1.3 / genre_fit 2

The Devil Wears Prada es un producto bien pulido y entretenido, pero no innovador. Streep y Blunt destacan en sus papeles, y la banda sonora añade un valor adicional. Sin embargo, su final predecible y su estructura convencional le impiden alcanzar mayores alturas.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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