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Harry Kane resbaló en el penalti que podía tumbar a España, y el capitán de Inglaterra no piensa soltar el siguiente

Jack T. Taylor
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La carrera previa fue la que Harry Kane ha repetido mil veces. Unos pasos cortos y rectos, el peso del cuerpo sobre el pie izquierdo para que la pierna derecha pueda golpear con toda la fuerza. Entonces le falló el pie izquierdo. El césped cedió bajo la pierna de apoyo, el cuerpo se le hundió unos centímetros en pleno disparo y el balón salió despedido después de tocarle en los dos pies, antes de estrellarse contra la parte inferior del larguero y salir rebotado. Inglaterra ganaba por un gol a los campeones del mundo en Wembley. La ocasión de ponerse 3-1 estaba servida desde el punto de penalti.

De todos modos, el gol no habría subido al marcador. El propio Kane lo reconoció después, con la franqueza de quien conoce las reglas del juego: había tocado el balón dos veces. España empató en menos de seis minutos y se puso por delante catorce minutos después: Álex Baena marcó desde fuera del área y Mikel Oyarzabal picó el balón por encima de James Trafford para hacer el gol de la victoria. Inglaterra perdió 3-2. El capitán inglés se marchó tras marcar un gol de cabeza y, según la historia que todo el mundo contaría a la mañana siguiente, costarle a su equipo el otro.

Esa es la historia que se contará. Pero no es del todo la acertada. Lo que importa no es el resbalón, sino lo que Kane dijo al respecto y lo que revela sobre el único rasgo que lo ha mantenido en la élite de este deporte durante más de una década: nunca deja de pedir el balón justo cuando más puede perjudicarle.

El pie, no los nervios

Hay dos maneras de fallar un penalti. Una está en la cabeza: el lanzador cambia de idea en el último paso, se pone tenso o dispara justo adonde lo espera el portero. La otra está en el suelo. El penalti es el único momento del fútbol en el que quien lo lanza lo controla todo salvo el trozo de césped bajo su pie de apoyo. Cuando este falla, también lo hacen la técnica y los nervios. Lo que pasó contra España fue del segundo tipo, y Kane lo explicó con precisión.

«Ha sido mala suerte resbalar justo en ese momento; a veces pasa», dijo. «Intenté pegarle fuerte, pero el pie izquierdo me falló y, claro, acabé tocando el balón dos veces». Y, a continuación, la frase que lo define: «Es difícil de encajar, porque trabajo mucho los penaltis y siempre confío en mí mismo en esas situaciones, pero esta noche, ahí en el campo, no pudo ser».

Leedlo otra vez. No hay reservas en sus palabras. No habla de dejar que otro lo lance la próxima vez, ni parece que el fallo le haya sembrado dudas. «Es la vida de un futbolista, la vida de un delantero», dijo. Es la frase de un jugador que ya ha colocado el momento donde corresponde y mira hacia el siguiente.

Una noche con un guion conocido

El problema es que Inglaterra ya ha pasado por esto, y Kane ha estado en el centro de la escena cada vez. En la semifinal del Mundial disputada este verano en Atlanta, Anthony Gordon adelantó a Inglaterra frente a Argentina al comienzo de la segunda parte, y el equipo mantuvo la ventaja hasta que Enzo Fernández empató a cinco minutos del final y Lautaro Martínez marcó el gol de la victoria en el tiempo añadido. Kane lo describió como «una historia parecida a lo que ha ocurrido en torneos anteriores». Dos años antes, en la final de la Eurocopa en Berlín, España había derrotado a Inglaterra con un gol tardío de Oyarzabal. El mismo Oyarzabal volvió a sentenciarla aquí.

Y luego está Qatar, el recuerdo que acompaña a cada penalti de Kane. En los cuartos de final contra Francia marcó uno desde los once metros y mandó otro por encima del larguero cuando quedaban seis minutos, e Inglaterra cayó 2-1. Si a eso se suma el resbalón en Wembley contra el mejor equipo del mundo, el patrón parece evidente: un capitán que se queda corto cuando los focos brillan con más fuerza.

Es un patrón simplista, y los datos lo desmienten. Kane marcó el penalti que igualó el marcador para Inglaterra en la semifinal de la Eurocopa contra Países Bajos. Tres años antes, en la semifinal contra Dinamarca, Kasper Schmeichel le paró el penalti durante la prórroga, pero Kane marcó en el rechace: el gol que llevó a Inglaterra a su primera final importante en más de medio siglo. Los delanteros que lanzan los penaltis decisivos fallan algunos. Los que nunca fallan son los que nunca los lanzan.

Lo que España tuvo que sentir

Esto es lo que queda oculto tras el resbalón. Durante unos minutos antes del descanso, Inglaterra hizo que los campeones del mundo parecieran un equipo corriente. Gordon culminó una contra vertiginosa que había iniciado junto a Jude Bellingham. Cuatro minutos más tarde, Kane se elevó y puso a Inglaterra por delante de cabeza; el balón tocó en Marc Cucurella antes de entrar. En esos cuatro minutos, España encajó más goles que en todo su Mundial, disputado a lo largo de ocho partidos.

Luis de la Fuente lo reconoció: «El partido estuvo controlado la mayor parte del tiempo, salvo durante seis o siete minutos, cuando Inglaterra nos dominó». Thomas Tuchel fue más allá y apuntó que un tercer gol quizá habría hecho mella en un equipo que ya suma 39 partidos sin perder. «Creo que entonces quizá España habría pensado que su larga racha de imbatibilidad terminaba aquí», dijo. «Hoy hicimos todo lo necesario para ganar a España. A este nivel, los detalles importan».

No todos los detalles fueron cosa de Kane. El primer gol de España llegó menos de dos minutos después de un pase atrás de Marc Guéhi que aprovechó Lamine Yamal. El empate nació de un pase atrás descuidado de Nico O’Reilly, el mismo O’Reilly cuyo centro había rematado de cabeza Kane. El penalti fue uno de los tres detalles, y el único que lleva el nombre del capitán, porque fue él quien decidió asumirlo.

Por qué el próximo penalti seguirá siendo suyo

Kane tiene ahora 33 años. Las piernas que antes le permitían recorrer el campo desde su propia área hasta el segundo palo han dado paso a un juego más económico: baja al centro del campo, filtra pases y llega al área en el último instante. Lo que no ha cambiado es su hambre. Terminó la temporada pasada como máximo goleador de la Bundesliga por tercer año consecutivo con el Bayern de Múnich, y este otoño ha retomado el camino donde lo dejó. Los goles no han dejado de llegar, y tampoco su empeño en ser quien se hace cargo del balón cuando importa.

Esa determinación lo define por completo. Por eso se dirige al punto de penalti en unos cuartos de final del Mundial con todo un país conteniendo la respiración, y por eso volvió a hacerlo contra España con la oportunidad de sentenciar el partido. Un competidor menos ambicioso habría oído el eco de Qatar y habría dejado el balón a otro. Kane nunca lo hace. «Creo que estamos cerca, sin ninguna duda», dijo sobre esta selección inglesa. «Creo que cualquiera que viera el partido puede darse cuenta».

La Nations League sigue en Praga, y habrá más penaltis y más noches en las que un solo disparo decida si Inglaterra es aspirante al título o un equipo que estuvo a punto de serlo. Cuando llegue el próximo, Kane recogerá el balón, lo colocará en el punto y tomará la misma carrera corta y recta. En algún rincón de su cabeza, el césped de Wembley seguirá cediendo bajo sus pies. Aun así, apoyará el izquierdo.

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