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Mikel Oyarzabal igualó a Butragueño y Villa sin parecer un nueve

Penelope H. Fritz
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Mikel Oyarzabal
Mikel Oyarzabal
Photo: Bryan Berlin / CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons
Nacimiento21 de abril de 1997
Eibar
OcupaciónFutbolista
PalmarésMundial 2026 · Eurocopa 2024 · Copa del Rey ×2 · Sub-21 2019
Premios individualesEquipo Ideal de La Liga · Medalla de plata olímpica, fútbol masculino

Contra Cabo Verde, en el estreno de España en el Mundial, Mikel Oyarzabal jugó treinta minutos sin tocar la pelota ni una sola vez. Ningún futbolista lo había hecho en una Copa del Mundo desde que existen registros detallados de cada partido. Cinco semanas después terminó como máximo goleador de la selección campeona, con los mismos goles que Emilio Butragueño y David Villa, el récord español en una sola edición. Los dos datos retratan al mismo jugador. Oyarzabal puede desaparecer de un partido durante largos tramos y, aun así, es quien coloca el balón en el punto de penalti o quien llega solo al segundo palo cuando se decide algo grande.

No se formó como delantero centro. Durante casi toda su carrera en la Real Sociedad partió desde la izquierda para buscar su pierna buena, un creador que además marcaba. Luis de la Fuente, que lo dirigió en la sub-21 y en los Juegos de Tokio, lo convirtió en el nueve de España casi por descarte: nadie más en la plantilla atacaba el espacio entre centrales con ese tiempo, y nadie le pedía tan poco al balón antes del instante decisivo.

Todo empezó en Eibar, la ciudad industrial guipuzcoana donde nació el 21 de abril de 1997. La Real lo incorporó a su cantera de Zubieta con catorce años; debutó con el filial en noviembre de 2014 y, once meses más tarde, sustituyó a Carlos Vela para estrenarse en LaLiga en un 0-4 en el campo del Levante. En mayo de 2016, con diecinueve años y sin haber completado una temporada en Primera, ya tenía su primera internacionalidad absoluta: entró por Nolito en un amistoso contra Bosnia y Herzegovina. Mientras tanto terminó Administración y Dirección de Empresas en la Universidad de Deusto, un detalle que dice bastante de su temperamento.

En Anoeta heredó el dorsal 10 de Xabi Prieto y, con él, el papel del chico de la casa que se queda. La final de Copa contra el Athletic, el derbi vasco aplazado por la pandemia y jugado a puerta cerrada en Sevilla en abril de 2021, se resolvió con un solo disparo: su penalti, único gol de la noche, dio al club su primer gran título desde 1987. Ese mismo verano transformó el penalti decisivo de la tanda ante Suiza en los cuartos de la Eurocopa y marcó el gol español en la final olímpica de Tokio, que Brasil ganó 2-1.

La rodilla estuvo a punto de cortar la trayectoria. En marzo de 2022 se rompió el ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda en un entrenamiento, se perdió el resto de la temporada y el Mundial de Catar, y no volvió a jugar hasta el último día del año. En febrero de 2023 firmó hasta 2028 y en junio de ese año fue nombrado capitán.

Su segunda vida en la selección empezó en el banquillo. En la Eurocopa de 2024 fue titular una sola vez en siete partidos, por detrás de Álvaro Morata. En la final de Berlín salió al campo, esperó y en el minuto 86 remató el centro de Marc Cucurella para el 2-1 ante Inglaterra.

Hay un argumento serio contra él, y no tiene que ver con la fidelidad a su club. Buena parte de sus goles decisivos han llegado desde los once metros o en los últimos diez minutos, y durante largos tramos ofrece poco de lo que se exige a un delantero clásico: apenas regatea y no es un nueve de referencia que aguante de espaldas. Lo de Cabo Verde no fue un accidente estadístico. Y en el partido más importante de su carrera, la final del Mundial contra Argentina en el MetLife Stadium, fue titular, generó poco y salió en el minuto 62 para dejar su sitio a Ferran Torres, autor del único gol en la prórroga. El hombre que resuelve finales vio desde el banquillo cómo España ganaba la que más pesa.

Lo que ese argumento no recoge es lo que hace antes de que le llegue el balón. El trabajo de Oyarzabal está en el desmarque que arrastra a un central fuera del carril que quiere Lamine Yamal, y en la sangre fría que lleva a De la Fuente a darle los penaltis por delante de nombres más famosos. En la semifinal contra Francia, Lucas Digne derribó a Yamal en el área; Oyarzabal lo lanzó y adelantó a España en un 2-0. Aquel gol, el quinto de su torneo tras los dobletes a Arabia Saudí y Austria, igualó a Butragueño y Villa y lo situó por delante de Fernando Hierro como sexto máximo goleador histórico de la selección.

La temporada que lo llevó hasta allí fue la mejor de su carrera en el club: 15 goles en LaLiga 2025-26, su máximo personal, el gol cien en Primera en mayo, un puesto en el once ideal del campeonato y otra Copa. En la final contra el Atlético de Madrid, de nuevo en La Cartuja, marcó de penalti en el descuento de la primera parte; la Real empató 2-2 y ganó la tanda por 4-3. El junio anterior ya había convertido su lanzamiento en la tanda de la final de la Nations League que España perdió ante Portugal.

Tras la final del Mundial explicó el título sin adornos. «Muchos jugadores llevamos juntos diez, doce años, a veces también con el seleccionador», dijo. «Eso ayuda mucho en un torneo tan largo como este». Comparte su vida con Ainhoa Larrauri desde 2015; en diciembre de 2023 nació su hijo.

El curso actual empezó despacio. En sus siete primeros partidos de LaLiga 2026-27 sumaba dos asistencias y ningún gol, con la Real de vuelta en la Europa League. Entonces, el 26 de septiembre en Wembley, en el primer partido de España desde la final, picó el balón por encima del portero en el minuto 74 para ganar 2-3 a Inglaterra en la Nations League. El mismo rival al que había tumbado en Berlín. Con 29 años, la próxima Eurocopa a dos años vista y contrato con la Real hasta 2028, su sitio en la selección ya no se discute. Lo que sigue sin resolverse es cuánto partido necesita tocar para decidirlo.

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