Finanzas y Negocios

SpaceX cae por debajo de su precio de salida a bolsa y Cathie Wood compra 51 millones

Victor Maslow

SpaceX llegó a los mercados públicos como la empresa más cara de la historia en debutar sin beneficios. Con una valoración inicial de 1,6 billones de dólares, hizo que Apple pareciera una ganga. La acción se colocó a 135 dólares, se disparó por encima de los 225 y desde entonces ha devuelto prácticamente cada dólar de esa subida. A 124 dólares, cotiza ahora por debajo del precio que pagó cualquiera el día de la salida a Bolsa.

Esa secuencia cuenta una historia concreta sobre cómo los mercados valoran una apuesta construida enteramente sobre ganancias futuras. SpaceX no es una startup. Es la empresa que reinventó los lanzamientos de cohetes, mantiene una posición casi monopolística en los contratos orbitales gubernamentales y, a través de su división Starlink, ha alcanzado decenas de millones de abonados a la banda ancha por satélite. Los inversores valoraron todo eso —y los beneficios que aún no ha generado— en 1,6 billones de dólares antes de que existiera un solo informe trimestral.

Quien compró en el máximo posterior a la salida a Bolsa de 225 dólares acumula una pérdida del 45% en menos de dos meses. Pero la cifra que más dice es el ratio precio-ventas que el mercado asignó en el estreno: 65,5, frente al 11 de Apple y el 3,7 de Amazon. Para justificar ese múltiplo, SpaceX necesitaría crecer en ingresos más rápido que cualquier empresa comparable y, finalmente, generar beneficios que el mercado no tiene pruebas para modelar hoy por hoy.

Las noticias operativas no han ayudado. Un vuelo de prueba del Starship se aplazó tras detectarse problemas en los motores, y la acción cayó más de un 5% solo con ese anuncio. El primer informe trimestral de resultados de la compañía se espera a principios de agosto. Hasta entonces, los inversores están poniendo precio a una narrativa sin anclaje en beneficios.

En medio de esa incertidumbre, ARK Invest, de Cathie Wood, compró acciones de SpaceX por valor de 51 millones de dólares. Wood se labró su reputación comprando Tesla en los años en que su valoración parecía desconectada de la realidad —una apuesta que a la postre resultó acertada. La pregunta que ahora afrontan los inversores de SpaceX es si Wood está aplicando un patrón probado a una empresa que terminará dando resultados, o si está extendiendo un libreto concebido para una compañía que se volvió rentable a otra que no tiene un horizonte demostrado para hacer lo mismo.

Para la economía espacial en su conjunto, la salida a Bolsa de SpaceX pretendía abrir un nuevo capítulo inversor entre proveedores aeroespaciales, competidores de satélites y socios de programas de la NASA. Un desplome sostenido de la acción a esta escala no amenaza las operaciones de la compañía —SpaceX genera ingresos—, pero altera el coste del capital y los términos con los que rivales y socios calibran sus propias apuestas en el sector.

El primer informe trimestral de resultados de SpaceX llega a principios de agosto. Si el crecimiento de los ingresos valida la trayectoria, el precio actual parecerá un punto de entrada. Si no lo hace, la distancia entre los 225 y los 124 dólares tiene aún margen para cerrarse.

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