Finanzas y Negocios

Cinco bancos regionales están en el punto de mira. Los analistas sostienen que Wells Fargo y Citigroup no tienen razones para esperar

Victor Maslow

La última gran ola de consolidación bancaria en Estados Unidos ocurrió antes de que la mayoría de los gestores de carteras actuales empezaran a operar. La era que siguió —contención regulatoria, sospecha antimonopolio y un clima político hostil a todo lo que oliera a «demasiado grande para quebrar»— mantuvo el mapa del sector prácticamente congelado durante una década. Esa contención ahora se está disipando.

Los reguladores bajo la administración Trump han señalado una apertura a megafusiones bancarias que habrían sido categóricamente bloqueadas bajo la anterior Casa Blanca. El cambio ha puesto dos nombres concretos en el centro de la atención de los analistas: Wells Fargo y Citigroup, ambos con los coeficientes de capital necesarios para absorber una gran adquisición regional y ahora, posiblemente, la autorización política para llevarla a cabo.

El interés de Citigroup no es del todo hipotético. Altos directivos han mantenido conversaciones preliminares sobre la compra de un importante prestamista regional estadounidense —conversaciones que, según Bloomberg, han incluido contactos tempranos con reguladores que mostraron disposición a considerar una propuesta concreta. La consejera delegada, Jane Fraser, ha enfatizado públicamente el «crecimiento orgánico», la frase que los ejecutivos bancarios utilizan cuando no quieren mover el precio de una acción.

Wells Fargo entra en la conversación desde una limitación distinta. El banco opera bajo un límite de activos impuesto por la Reserva Federal desde 2018 —una sanción vinculada a su escándalo de cuentas falsas— que le ha impedido efectivamente crecer mediante adquisiciones. El clima regulatorio actual hace que la eliminación de ese límite sea más plausible que en cualquier otro momento de los últimos ocho años, y sin él, el banco tiene tanto el capital como el margen de gestión para emprender una operación de calado.

Los analistas han identificado cinco prestamistas regionales como objetivos naturales, extraídos de un nivel de entidades que manejan entre 200.000 y 500.000 millones de dólares en activos. Ese rango incluye a Truist Financial y PNC Financial Services Group —suficientemente grandes como para mover el indicador, lo bastante pequeños como para integrarlos sin una interrupción de varios años. Según CNBC, que elaboró la lista definitiva, los cinco comparten características estructurales que los convierten en candidatos verosímiles para cualquiera de los dos compradores.

La paradoja que subyace a la tesis es que la ventana aún no ha producido un acuerdo. Las fusiones y adquisiciones bancarias en Norteamérica cayeron más de la mitad en los primeros seis meses de 2026, hasta los 30.100 millones de dólares —muy por debajo del aumento que muchos esperaban cuando cambió la administración. Bain & Company proyecta que para 2030, el grupo de 49 grandes bancos regionales podría reducirse a tan solo 30. Quienes se muevan pronto pagarán menos que quienes esperen hasta que la escasez fije el precio.

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