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Justine Musk, la novelista de fantasía oscura que convirtió un matrimonio célebre en su prosa más afilada

Penelope H. Fritz
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Justine Musk
Nacimiento2 de septiembre de 1972
Peterborough
OcupaciónNovelista

El documental de Alex Gibney Musk llega a los cines estadounidenses con un retrato de Elon Musk que roza las cuatro horas y que se estrenó mundialmente fuera de competición en el Festival de Venecia. Una de las voces que lo vertebran es la de una novelista. Justine Musk, su primera esposa, le cuenta a Gibney que a menudo se sentía más una empleada que una pareja. También afirma que fue ella, y no su marido, quien sostenía en brazos a su primer hijo, Nevada, cuando murió con diez semanas por el síndrome de muerte súbita del lactante. En su crítica de la película desde el Lido, Screen Daily la consideró «especialmente conmovedora» cuando sale en defensa de su hija Vivian frente a las declaraciones públicas de su padre.

Para la mayoría de quienes vean la película, Justine aparece como un personaje de la historia de otra persona. Ahí reside la ironía de su vida pública: se formó como narradora, publicó tres novelas con dos de las editoriales más importantes de Estados Unidos y lleva quince años siendo citada como testigo. Su ficción merece una mirada propia.

Nació como Jennifer Justine Wilson el 2 de septiembre de 1972 en Peterborough, Ontario; era la mayor de las dos hijas de Terry y Shirley Wilson. Pasó su último año de instituto como estudiante de intercambio en Wagga Wagga, en la Australia rural, y después estudió literatura inglesa en la Queen’s University de Kingston, Ontario, donde conoció a otro estudiante llamado Elon. Tras licenciarse, se marchó a Japón para enseñar inglés y más tarde se instaló en California. Se casaron en enero de 2000.

Su mapa literario se trazó pronto y en tonos sombríos. Al hablar de sus influencias, mencionó a Stephen King, Clive Barker, Anne Rice, Thomas Harris y Dean Koontz, junto a Joyce Carol Oates, Margaret Atwood, George R. R. Martin y Guy Gavriel Kay. En una entrevista de 2007 describió sus propios libros como ficción de géneros cruzados, una definición que les va como anillo al dedo. Se sitúan en el punto de encuentro entre el terror, la mitología y la novela familiar.

La primera fue BloodAngel, publicada en 2005 por Roc, el sello de fantasía de Penguin. Entrelaza tres vidas: la de Jess Shepard, una pintora neoyorquina atormentada por visiones que no consigue explicar; la de Ramsey Doe, un niño de acogida de Minnesota que empieza a intuir qué es lo que vive dentro de él; y la de Lucas, un músico que cae en la órbita de una mujer demoníaca. Sus caminos confluyen en una guerra entre ángeles y demonios mucho más antigua que cualquiera de ellos. Jessica Lux-Baumann, crítica de Rambles, la definió como «una lectura trepidante» con «personajes vívidos»; otros lectores encontraron ecos de la primera Anne Rice y lamentaron que la trama no tuviera más espacio para respirar. Ambas reacciones apuntan a lo mismo: una autora con más ideas que páginas.

En 2007 llegó Uninvited, de MTV Books, sello de Simon & Schuster, que tomó un rumbo distinto. Escrita para jóvenes adultos, sigue a Kelly y Jasper Ruland, dos hermanos adolescentes del sur de California, después de un accidente mortal de coche del que Jasper sale ileso. Kelly cae en la depresión y las drogas de club; un desconocido alado capaz de cambiar de forma y una banda de moteros sin alma vienen a llevársela. El giro, que replantea todo lo anterior, convierte la historia en un relato sobre la culpa y el precio de proteger a alguien a quien quieres.

En 2008 volvió a la saga de los ángeles con Lord of Bones, la continuación de BloodAngel. Jess y Ramsey, ya adolescente y con un ángel en su interior, han logrado detener un apocalipsis, solo para descubrir que la puerta entre los mundos sigue abierta. Recorren pueblos en busca de híbridos demoníacos que preparan la llegada de su líder, el Rompealmas, el Señor de los Huesos que da título a la novela. También publicó relatos breves en dos antologías editadas por Trisha Telep: The Mammoth Book of Vampire Romance 2: Love Bites, en 2009, y Kiss Me Deadly: 13 Tales of Paranormal Love, en 2010.

Aquellos años fueron también los más duros de su vida privada. Tras la muerte de Nevada, tuvo gemelos en 2004 y trillizos en 2006; en septiembre de 2008 anunció el fin de su matrimonio. En 2010 publicó en Marie Claire el ensayo que la dio a conocer mucho más allá de las estanterías de género: «I Was a Starter Wife: Inside America’s Messiest Divorce». Su frase más citada procede del banquete de boda, cuando, según escribió, su marido le dijo mientras bailaban: «Yo soy el alfa de esta relación». Es un texto de escritora, no un ajuste de cuentas. Trata de lo que les ocurre a las ambiciones de una persona cuando el éxito de otra se convierte en el clima de una casa, y cada pocos años vuelve a circular.

También lo hace un segundo texto, más breve. En 2015 respondió en Quora a una pregunta sobre cómo alcanzar tanto éxito como Bill Gates, Steve Jobs o su exmarido. Su respuesta —que el éxito extremo nace de una personalidad extrema y que quienes lo persiguen «suelen ser raros e inadaptados», y que su primera regla es «obsesionarse»— se difundió por páginas de negocios y volvió a publicarse en 2024. Se lee como el estudio de un personaje escrito por una novelista, que es exactamente lo que es.

Después de 2008 no publicó más novelas. Trasladó su escritura a internet, primero a su blog y luego a su propia página web, donde escribió sobre creatividad y ambición, y trabajó como profesora de escritura y editora. Ha dicho que conservó su apellido de casada por sus hijos y vive en Los Ángeles.

Lo que la película de Gibney vuelve a poner en primer plano, quizá sin proponérselo del todo, es el hilo conductor de su obra. Sus novelas hablan de personas que llevan algo poderoso dentro y de lo que ese poder les cuesta a quienes tienen cerca. Sus ensayos tratan de lo mismo, pero sin demonios. Dos décadas después de BloodAngel, Justine Musk sigue contando esa historia, ahora sin ángeles.

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