Arte

Andy Warhol, el hijo de inmigrantes que pintó el sueño americano sin nostalgia

Penelope H. Fritz
Andy Warhol
Andy Warhol
Photo via The Movie Database (TMDB)
Nacimiento6 de agosto de 1928
Pittsburgh, Pennsylvania, USA
Fallecimiento22 de febrero de 1987 (58)
OcupaciónPintor, grabador, cineasta, pionero del arte pop
Conocido porBlow Job
PremiosArt Directors Club Medal (1952) · Art Directors Club · Independent Film Award (1964) · Grammy

Andy Warhol llamó a una lata de sopa el tema de su arte y la mayor parte de la crítica tardó varios años en entender que no estaba bromeando. No era provocación vacía. Era la observación más precisa que un artista americano había hecho sobre su propia sociedad: que el deseo colectivo se había depositado en los objetos de consumo, que la publicidad era la mitología contemporánea, y que cualquier arte que pretendiera ignorar eso era simplemente deshonesto.

Nació Andrew Warhola Jr. en Pittsburgh en 1928, tercer hijo de padres rutenos emigrados de lo que hoy es Eslovaquia. La Pittsburgh de su infancia —de acero, catolicismo y familia obrera— dejó una marca que pasó la vida entera aparentando no tener. Su madre Julia, artesana de flores de alambre y mujer de fe devota, acabó mudándose a Nueva York con él. Warhol asistió a misa en silencio, sin anunciarlo, en la iglesia de San Vicente Ferrer de Manhattan, hasta el final de su vida.

Llegó a Nueva York en 1949 con un título de la que hoy es Carnegie Mellon y una carpeta de ilustraciones de zapatos que lo convirtieron, en pocos años, en uno de los ilustradores comerciales más solicitados de Madison Avenue. El salto al arte en 1961 pareció una ruptura. Era, en realidad, una continuación con otros medios: los zapatos ya le habían enseñado que el deseo y el diseño son inseparables, y las Latas de sopa Campbell dijeron lo mismo en una galería.

Andy Warhol
Andy Warhol — Depositphotos

Esos treinta y dos lienzos idénticos, expuestos en la Ferus Gallery de Los Ángeles en julio de 1962, borraron la distinción entre el museo y el lineal del supermercado. No era una celebración del consumismo, aunque él se complacía en parecerlo. Era un examen forense sostenido con la misma frialdad que usa un científico ante algo bello y tóxico a la vez.

El Díptico de Marilyn llegó ese mismo año, semanas después de la muerte de Monroe. Las cincuenta caras —vívidas a la izquierda, desvanecidas a la derecha— no eran un homenaje. Eran un análisis de la mecánica de la fama: lo que la repetición hace a una imagen, lo que la celebridad hace a una persona, lo que la cultura hace a los seres humanos cuando los convierte en iconos.

La Factory —su estudio en el 231 de la calle 47 Este, pintada de plata de suelo a techo— fue, desde 1964, uno de los centros de gravitación de la cultura americana. Lou Reed y John Cale ensayaban allí con los Velvet Underground; Warhol financió y produjo su primer álbum, The Velvet Underground & Nico, y los lanzó como el sonido de todo lo que la sociedad educada prefería no escuchar. Edie Sedgwick, Nico, Candy Darling, Ultra Violet: los superstars de la Factory habitaban un mundo que Warhol construía y documentaba simultáneamente.

Andy Warhol
Andy Warhol — Depositphotos

Lo que el mito de la Factory silencia sistemáticamente es lo que vino después del 3 de junio de 1968. Valerie Solanas, escritora que había participado en uno de sus filmes, le disparó tres veces en el estudio. Warhol fue declarado clínicamente muerto y luego reanimado; los cirujanos repararon daños en el pulmón, el bazo, el esófago y el estómago. Llevaría un corsé quirúrgico el resto de su vida. Volvió al trabajo, a las fiestas, a la pose pública. Pero la puerta abierta de la Factory se cerró para siempre.

El error crítico más extendido en la lectura de Warhol es tomar la inexpresividad como literalidad. El hombre que decía querer ser una máquina llevaba, en realidad, uno de los registros privados más exhaustivos de cualquier artista de su era. The Andy Warhol Diaries —dictados diariamente a su asistente Pat Hackett desde 1976 hasta días antes de su muerte— revelan a alguien obsesivamente atento al precio de las cosas, a la gradación social, a la calidad exacta de los sentimientos propios y ajenos. La pose pública no era indiferencia. Era protección.

Andy Warhol
Andy Warhol — Depositphotos

La serie Mao de 1972–73 extendió la lógica de los retratos de celebridades al poder político. La serie Ads de 1985 completó un círculo iniciado con las sopas, regresando al lenguaje visual del comercio pero ahora con treinta años de autoridad artística detrás del gesto. Su último gran cuerpo de obra, la serie de La Última Cena —más de cien variaciones sobre el cuadro de Leonardo—, fue expuesta póstumamente en Milán. Es la declaración más directa que jamás se permitió sobre la fe y su persistencia.

Murió el 22 de febrero de 1987, a la mañana siguiente de una cirugía de vesícula. Tenía 58 años. Fue enterrado junto a sus padres en Pittsburgh. En mayo de 2022, su Shot Sage Blue Marilyn se vendió en Christie’s por 195 millones de dólares, la cifra más alta jamás pagada en subasta por una obra del siglo XX. El Guggenheim presenta en 2026 una retrospectiva que incluye sus obras. Lo que el trabajo continúa argumentando —que la superficie de América tiene algo que decir, y que nadie ha sabido desmentirlo— sigue siendo una pregunta abierta.

Necesitas dejar que las pequeñas cosas que normalmente te aburren te emocionen de repente.

Andy Warhol
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Soy una persona profundamente superficial.

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