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Cuatro manos, dos sonatas en Netflix sienta a dos pianistas rivales ante un mismo teclado

Martha Lucas

Una pieza a cuatro manos es la única música que obliga a dos personas a compartir un solo instrumento. Dos intérpretes ante un mismo teclado, cada uno responsable de una mitad que el otro no puede completar, atados al mismo tempo y al mismo pedal. Cuatro manos, dos sonatas, el drama coreano que llega a Netflix, levanta toda su premisa sobre esa condición: sienta a dos jóvenes pianistas de extremos opuestos de una misma escuela de arte y les pide competir por aquello que solo pueden crear juntos. Song Kang y Lee Jun-young son las dos manos.

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El punto de partida pertenece a un género que la televisión coreana lleva una década afinando: el drama juvenil de instituto artístico, donde el talento es a la vez un don y una condena. Kang Bi-o, interpretado por Song Kang, es el prodigio que nunca ha conocido otro camino. Choi Jeong-yo, en la piel de Lee Jun-young, es el que llega tarde, el que un día dejó el piano y vuelve a él con una infancia más dura a cuestas. El primer conflicto de la serie es estructural antes que sentimental: qué ocurre cuando el chico al que le regalaron la música se cruza con el que tuvo que pelearla, y les ordenan tocar como uno solo.

La guionista Shin Yi-won ha elegido una forma que hace el trabajo temático antes de la primera línea de diálogo. Las historias de rivalidad suelen mantener separados a sus antagonistas; la pieza a cuatro manos rechaza esa geometría. Exige cercanía, un banco compartido, un único pedal que solo un pie puede sostener. Construir una historia de competencia sobre esa forma convierte la tensión y la intimidad en el mismo gesto: cada escena ante el teclado es un duelo y un dúo al mismo tiempo.

Poner a dos hombres jóvenes en ese centro es la decisión más deliberada. Song Kang, que regresa a un protagónico de Netflix tras Sweet Home y Love Alarm, recibe un personaje cuya calma es en sí misma la actuación. Lee Jun-young, que viene de Weak Hero Class 2, asume el papel más difícil sobre el papel: el que vuelve a ganarse un sitio que el otro heredó. A ambos la premisa les exige lo mismo, convencer como músicos y no como actores que se sientan cerca de un piano, porque aquí la credibilidad de lo que suena es la credibilidad del drama. Junto a ellos, Jang Gyu-ri interpreta a Hong Jae-in, estudiante de viola y oyente que decide cuánto vale cada interpretación.

Debajo del melodrama late una pregunta que la serie apenas puede esquivar: quién puede permitirse ser un prodigio. Una carrera de concierto se sostiene sobre una década de clases, instrumentos y concursos que la mayoría de las familias no puede financiar. Al sentar el talento heredado y el talento peleado ante un mismo teclado, la historia pone en escena la inquietud del país sobre si el arte es una meritocracia o una herencia. Y deja abierta su verdadera incógnita: si dos personas pueden compartir un instrumento sin que una desaparezca dentro del sonido de la otra.

Cuatro manos, dos sonatas consta de doce episodios, dirigidos por Park Hyun-seok a partir del guion de Shin Yi-won, con Kim Joo-heon, Yoon Se-ah y Jung Jin-young en el reparto de apoyo. En Corea se emite en tvN los fines de semana y se puede ver en TVING; para el resto del mundo llega a Netflix, donde se presenta como uno de los grandes dramas coreanos del año y como el regreso de Song Kang al servicio que lo dio a conocer.

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Fotos: The Movie Database (TMDB)

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