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Sitting in Bars with Cake: Un pastel forzado diluye su encanto romántico

Molly Se-kyung
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La escena inicial de Sitting in Bars with Cake (2023) es un festín visual: Jane, interpretada por Yara Shahidi, lleva un pastel casero a un bar en Los Ángeles, rodeada de miradas curiosas y sonrisas cómplices. La cámara captura los detalles —la crema batida que se derrite bajo las luces neón, el brillo nervioso en los ojos de Jane— prometiendo una comedia romántica dulce y nostálgica. Pero la película de Trish Sie no es solo eso. Basada en el libro autobiográfico de Audrey Shulman —que a su vez adaptó su propio blog—, la trama se desvía rápidamente hacia territorio dramático sin perder del todo el encanto de su premisa original.

El problema es que el mecanismo narrativo del «pastel en el bar» se siente forzado desde el principio: el pastel parece un pretexto más que una parte orgánica de la historia. La película intenta equilibrar el humor ligero con el drama médico cuando Corinne recibe un diagnóstico de cáncer cerebral, pero la transición es abrupta. La primera mitad funciona mejor, gracias a las actuaciones frescas y químicamente compatibles de Shahidi y Odessa A’zion (Corinne), pero el giro dramático diluye el tono sin resolver del todo los conflictos emocionales.

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Sie maneja bien algunos momentos íntimos, como la escena en la que Jane confiesa sus miedos a Corinne mientras amasan masa, o cuando Corinne, ya enferma, insinúa que su amiga debe seguir viviendo sin ella. Sin embargo, el guión de Shulman —que prioriza lo anecdótico sobre lo profundo— no explora con suficiente detalle las consecuencias psicológicas del diagnóstico en los personajes secundarios, como los padres de Corinne (Martha Kelly y Ron Livingston), cuyos arcos quedan subutilizados.

El mayor defecto de Sitting in Bars with Cake es su estructura fragmentada. La primera mitad, centrada en el experimento social del pastel, tiene ritmo y gracia, pero la segunda mitad se sumerge en el drama médico sin una transición clara. Las subtramas —como el romance incipiente entre Jane y Owen (Rish Shah)— quedan relegadas a un segundo plano, y el clímax emocional llega de forma precipitada.

Aún así, hay momentos memorables: la secuencia del hospital donde Corinne recibe las malas noticias está filmada con una crudeza que contrasta con la ligereza inicial, y la banda sonora —que mezcla canciones indie con piano melancólico— refuerza los cambios de tono. Pero el final, aunque emotivo, se siente apresurado, como si el guión no supiera cómo cerrar tanto hilo argumental.

Donde la película sí acierta es en su retrato honesto de la amistad femenina. Shahidi y A’zion logran transmitir tanto el cariño cómplice como la vulnerabilidad compartida entre Jane y Corinne, especialmente en secuencias como la del 5K benéfico, donde la cámara captura sus miradas de complicidad entre la multitud. Bette Midler, en un papel menor como Benita (la jefa de Corinne), roba algunas escenas con su presencia escénica, aunque su personaje parece más un cameo que un elemento narrativo coherente.

El filme está dirigido con sensibilidad por Trish Sie, quien logra mantener un equilibrio entre lo tierno y lo crudo. La fotografía, aunque convencional, destaca en los planos de los pasteles —capturando texturas y colores con precisión— y en las secuencias nocturnas en bares, donde la iluminación cálida contrasta con la frialdad del diagnóstico médico.

Sitting in Bars with Cake es un filme desigual pero con corazón. Su mayor virtud es la química entre sus protagonistas y su intento por abordar temas complejos como la amistad, el miedo al fracaso y la mortalidad desde una perspectiva joven y femenina. Sin embargo, su estructura fragmentada y su incapacidad para resolver todos los arcos narrativos le restan solidez.

La película está claramente dirigida a un público que disfruta de las comedias románticas con giros dramáticos, pero también apela a quienes buscan historias sobre amistad y superación. Es una obra que podría haber sido más contundente si hubiera optado por un enfoque más coherente, ya sea como comedia ligera o como drama médico.

En definitiva, Sitting in Bars with Cake es un filme interesante pero imperfecto. Su premisa original y las actuaciones de Shahidi y A’zion son sus mayores aciertos, pero su estructura desequilibrada y su final apresurado le impiden alcanzar su pleno potencial.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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