Cine

El Premio Especial del Jurado y la acogida al cine político que interpela

Jun Satō

El Premio Especial del Jurado es el galardón que mejor mide la conciencia de un jurado. No premia el consenso, sino la discusión: es el gesto con el que un jurado reconoce que hubo una película sobre la que no logró ponerse de acuerdo y a la que, aun así, no supo renunciar. En la trayectoria de los grandes festivales, ese premio ha servido casi siempre para consagrar autores incómodos, cineastas cuya reputación se ha construido a contracorriente y cuya obra se defiende sola aunque el mercado no sepa dónde colocarla. Y si hay un nombre en Venecia cuya carrera entera apunta a ese registro, es el de Shinya Tsukamoto con Mr. Nelson, Did You Kill People?

La lectura española de Tsukamoto es la de un autor de reputación labrada al margen del ruido comercial: treinta años interrogando el cuerpo bajo la presión de la máquina y de la guerra, la violencia como materia y no como espectáculo. Fires on the Plain, su adaptación de 2014 de la novela de Ooka, no era una película bélica sino el retrato de lo que el hambre y el matar hacen a un rostro; se rodó con medios mínimos, con el propio Tsukamoto dirigiéndose a sí mismo en el papel protagonista, y fue recibida como un acto de rigor moral más que como un entretenimiento. Ese rechazo de la escala no es una carencia: es la estética. El nuevo título lleva ese método a una historia real — el veterano estadounidense de Vietnam Allen Nelson, interpretado por Rodney Hicks en su primer papel protagónico y basado en las propias memorias de Nelson, con Geoffrey Rush en un papel secundario como médico militar —, y ya el título mismo — una pregunta dirigida a un hombre sobre si ha matado — resume la tesis: el interrogatorio no es el tema del film sino su forma. Es exactamente el objeto que este premio nació para reconocer: un cine que interpela en lugar de consolar y que mantiene abierta la cuestión de la complicidad en vez de resolverla. Ante un jurado que incluye a Kaouther Ben Hania y Shahrbanoo Sadat, autoras cuyo trabajo gira en torno a la ética de mirar la atrocidad, esa reputación de autor intransigente encuentra el terreno más favorable. La apuesta no se sostiene en la escala ni en el reparto estelar, sino en la sospecha de que un jurado presidido por Gyllenhaal preferirá el rigor a la resonancia, querrá ser visto premiando la conciencia, y de que la carrera de Tsukamoto ha afilado precisamente el instrumento que este premio mide.

El rival más serio, por otra vía, es A Bit of Light de Ali Asgari. Asgari hace cine en condiciones que la crítica española sigue con especial atención: Terrestrial Verses convirtió la humillación burocrática en estructura, una serie de planos fijos frente a funcionarios que nunca vemos, y su sola existencia era un gesto político tanto como artístico. Este premio tiene la costumbre de honrar películas cuya forma es inseparable de la presión bajo la que nacen, y un jurado sensible a esa genealogía puede leer a Asgari como la conciencia urgente del concurso, aquella por la que votar el film es votar la libertad de hacerlo.

La apuesta más arriesgada es Dau de Ilya Khrzhanovsky, y es un envite de naturaleza opuesta. Donde Asgari es urgencia política, Khrzhanovsky es provocación formal llevada al límite: el experimento inmersivo y éticamente discutido del proyecto DAU, con su realidad construida durante años y sus preguntas sin resolver sobre el consentimiento, es justo el desvío divisivo que este premio existe para reconocer sin llegar a coronarlo. Es la válvula de un jurado que no puede fingir que no ocurrió.

La cautela honesta es que nadie ha visto todavía un solo fotograma. Todo aquí es deducción a partir del método, la premisa y el reparto, y el Premio Especial es la categoría más expuesta a la película que hoy nadie nombra, un título de mitad de concurso que en diez minutos reordena la sala. La propia historia de Tsukamoto corta en dos sentidos: sus obras más intransigentes han parecido a veces demasiado austeras a jurados que las admiraban, honradas más con el tiempo que en el momento.

El veredicto llega al Lido de Venecia el 12 de septiembre de 2026, cuando el jurado revele la película que no supo abrazar del todo ni dejar marchar. MCM contará el resultado en el instante del anuncio, contrastando este pronóstico con la película que por fin se habrá visto.

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