Cine

Mejor Guion en Venecia 83: McDonagh y el prestigio del cine escrito

Jun Satō

Hay un premio en la Mostra que funciona como una declaración de principios sobre qué es, en el fondo, hacer cine: el de Mejor Guion. No celebra la imagen ni la puesta en escena, sino la reputación del autor que escribe — el prestigio de un cine que confía en la palabra antes que en el plano. Es la categoría del cine escrito, y su historia recompensa a quienes han hecho de la escritura su firma reconocible a lo largo de una carrera. A treinta días de la apertura nadie ha visto un solo fotograma; solo podemos leer el método, la premisa y el reparto. Sobre ese terreno, el favorito se anuncia pronto.

Ese favorito es Martin McDonagh con Wild Horse Nine. McDonagh es dramaturgo antes que director, y el Lido ya ratificó esa jerarquía: ganó aquí el premio al guion en 2017 por Three Billboards Outside Ebbing, Missouri. Su reputación como escritor es la más nítida del cine anglosajón contemporáneo — páginas moralmente incendiarias, construidas como una pieza teatral que no deja de dinamitar sus propias premisas. El reparto confirma la lectura: John Malkovich, Sam Rockwell y Steve Buscemi no son cuerpos de acción sino voces, actores que doblan una frase hasta que corta. No se reúne semejante trío para el silencio, sino para un guion que deje esgrimir a tres virtuosos de la palabra. Un premio a la escritura honra la arquitectura que sostiene la interpretación, y ningún otro título en competición la exhibe con tanta claridad. Es la reputación de un autor confirmada, no una promesa.

La amenaza más seria lleva el nombre de Nanni Moretti, con Succederà Questa Notte y el respaldo de Louis Garrel y Jasmine Trinca. La escritura de Moretti es de otra estirpe: autorreflexiva, ensayística, capaz de plegar las obsesiones del autor dentro de la ficción. Una carrera entera sostiene esa voz, y las juntas del Lido tienden a reconocer en ella la escritura en su sentido más pleno. Es, además, un favorito de la casa cuyo dominio del tono la Mostra ya ha premiado: el prestigio acumulado juega a su favor.

El segundo aspirante llega desde un ángulo opuesto: Florian Zeller con Bunker, y con nombres españoles de peso en el reparto, Penélope Cruz y Javier Bardem. Donde Moretti escribe el ensayo, Zeller construye la máquina: dramaturgo, ganó el Óscar al guion adaptado con The Father por una ingeniería estructural implacable. Si el jurado premia la audacia formal por encima de la voz, es él quien sale ganando.

El defecto evidente de todo pronóstico es que estamos a treinta días y nadie ha visto nada. El guion es la predicción más frágil, porque un libreto solo se revela en el montaje; y el peor vicio de McDonagh — el chiste que se desliza hacia la autocomplacencia — podría convertirse en debilidad. Los jurados de Venecia, además, suelen premiar la película que sencillamente más amaron, absorbiendo la escritura en un consenso más amplio. Y una voz que estamos infravalorando — el regreso de Lee Chang-dong el primero — podría rediseñar toda la categoría.

Lo sabremos el 12 de septiembre de 2026, cuando el jurado dicte su veredicto en el Lido veneciano. MCM cubrirá la ceremonia en directo, midiendo este pronóstico contra el resultado y siguiendo cada premio en el instante en que se entrega.

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