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En la luna: la soledad como mejor efecto especial de la ciencia ficción moderna

El debut de Duncan Jones (2009) convierte a Sam Rockwell en un reparto entero.
Martha O'Hara
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Tres semanas. Es lo que le queda a Sam Bell de su contrato de tres años cuando empieza En la luna, y lo único que quiere es volver a la Tierra. Trabaja en una base de la cara oculta de la Luna, extrayendo helio-3 para Lunar Industries, y su única compañía es GERTY, el asistente informático al que presta la voz Kevin Spacey. Duncan Jones, hijo de David Bowie, debutaba en la dirección con una historia propia que Nathan Parker convirtió en guion, y levantó toda la película sobre esa soledad.

Las comunicaciones en directo con la Tierra no funcionan, así que Sam solo recibe mensajes grabados, entre ellos los de su mujer, Tess. Un día empieza a ver a una adolescente que no está allí. Una de esas visiones lo distrae mientras recoge un contenedor y estrella el rover. Despierta en la enfermería de la base sin recordar el accidente, y algo no encaja. Ni GERTY ni la empresa parecen dispuestos a explicárselo. No contaré más del recorrido. Sí diré que el giro central, que existe más de un Sam Bell, no es nuevo en la ciencia ficción. Lo que cuenta es cómo lo trata Jones: como un asunto de emociones y no de mecánica argumental, y por eso funciona.

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Todo ocurre en una base pequeña, con un reparto todavía más pequeño. Benedict Wong y Matt Berry aparecen en papeles secundarios, y poco más rompe la quietud. El New York Times observó que en algo como Star Trek o Battlestar Galactica el espacio exterior puede parecer abarrotado; aquí ocurre lo contrario, y el vacío hace buena parte del trabajo. La música de Clint Mansell acompaña el aislamiento sin empujar al espectador hacia ninguna emoción concreta. El presupuesto modesto se percibe más como una decisión de estilo que como una carencia.

Sam Rockwell es la razón principal para verla. The Guardian lo calificó de muy bueno y celebró que un intérprete tan singular y atractivo tuviera por fin un gran papel, y Rotten Tomatoes destacó la intensidad de su trabajo. Ambos aciertan. Rockwell muestra a un hombre agotado, desconcertado y, por momentos, furioso. Las escenas en las que dos Sam comparten plano son lo mejor de la película. Rockwell actúa contra sí mismo y matiza a cada uno lo bastante como para que nunca haya dudas sobre quién es quién. La pelea, que acaba a golpes, resulta peligrosa porque ninguno de los dos tiene a nadie más.

El papel de Spacey es menor y más extraño. Es la única voz con la que Sam puede conversar, y Spacey la hace lo bastante cálida como para que quieras fiarte y lo bastante inquietante como para que no sepas del todo de parte de quién está. Ese doble filo choca con la sospecha creciente de Sam y da a sus conversaciones una tensión que las imágenes, por sí solas, no tendrían. La relación me pareció interesante, aunque a ratos más previsible que el resto.

Luego está Lunar Industries. Cuando Sam descubre cientos de clones en hibernación, llega el momento más frío del relato. Nadie pronuncia un discurso. A la empresa le sale más barato reutilizar a un solo hombre que formar y trasladar a otros, y la película deja que eso cale a través de lo que Sam ve y de cómo le afecta. Uno sale pensando menos en el truco que en cuánto le costó a él.

No es una obra sin fallos. El primer tramo es tan paciente que a veces se arrastra, y las alucinaciones y el accidente tardan en poner la historia en marcha. El accidente del rover pasa demasiado deprisa para impresionar. El desenlace, tras tanta tensión acumulada, se siente apresurado. Tess y Eve, a quien da vida Kaya Scodelario, se quedan en los márgenes del relato, y solo las conocemos por mensajes y destellos. Dado lo cerrado que es el foco sobre Sam, se entiende, pero se nota.

En la luna se estrenó en el Festival de Sundance de 2009 y llegó a cines de Nueva York y Los Ángeles el 12 de junio de ese año; el 10 de julio se amplió a más salas de Estados Unidos y el 17 de julio al Reino Unido. Recaudó algo menos de diez millones de dólares en todo el mundo con un presupuesto modesto, ganó el premio Hugo a la mejor presentación dramática en 2010 y fue candidata al BAFTA a la mejor película británica. Después llegaron Mute, estrenada en 2018 y que incluye un epílogo de la historia, y en 2020 la novela gráfica Madi: Once Upon a Time in the Future.

El giro se puede destripar en una frase. La soledad, no, y es lo que uno se lleva al salir de la sala.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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