Cine

La ovación más larga de Venecia se quedó en un premio: la Copa Volpi para John Malkovich

Veronica Loop

La película más aplaudida de Venecia 83 obtuvo la porción más pequeña de su palmarés. Wild Horse Nine, de Martin McDonagh, cosechó la ovación más larga de la edición y salió del Lido con un único premio: la Copa Volpi al mejor actor para John Malkovich. Es el caso más claro del año de la distancia entre lo que una sala siente en el momento y lo que un jurado decide en el cuarto de al lado.

En Venecia la ovación es un género propio, un veredicto en tiempo real medido en minutos, y con esa vara Wild Horse Nine fue el campeón del festival. Pero el aplauso en pie es el premio del público, no del jurado, y el panel de Maggie Gyllenhaal repartió sus honores mayores en otra parte: el León de Oro a un drama danés, la dirección y el Gran Premio a otras películas. Lo que sobrevivió a la criba fue lo más difícil de discutir: una interpretación.

Que recayera en Malkovich tiene su lógica. Durante cuatro décadas ha sido una de las presencias más distintivas del cine estadounidense —actor dos veces nominado al Oscar, cuya voz e inmovilidad convierten la amenaza en algo casi cortés, y cuyo mejor trabajo hace del control lo más inquietante que puede tener un personaje—. La escritura de McDonagh, puro ritmo, giros y comedia que se agría en violencia, es el amplificador natural de ese registro: un actor capaz de sostener el silencio de una frase tanto como su remate.

McDonagh llega a Venecia tras una racha —Escondidos en Brujas, Tres anuncios en las afueras, Almas en pena de Inisherin— que lo ha vuelto uno de los pocos autores cuyos repartos se leen como acontecimientos, y Wild Horse Nine lo reunió con la clase de compañía, Sam Rockwell entre ellos, que ha impulsado sus películas más afiladas. Que un premio de interpretación surja de un elenco tan denso es un elogio a toda la sala aunque nombre a un solo hombre.

El resultado de un único premio aclara además cómo leyó el jurado la cima. Una película tan querida por el público que termina con un premio de actor y ningún León es un jurado que se niega a dejar decidir al volumen: un panel atraído por el cine contenido y moralmente enrevesado elige el danés Woman Unknown sobre la que gana a la platea, y reserva para McDonagh el honor que premia una sola actuación imborrable antes que la maquinaria entera.

Lo que abre no necesita estatuilla. Wild Horse Nine deja Venecia con las dos cosas que un estreno de McDonagh convierte mejor en taquilla —la ovación más larga del festival y un galardón veneciano para su protagonista— y un recorrido comercial que un León de Oro no habría ensanchado. Malkovich, entretanto, lleva al otoño el mayor premio de festival de su carrera. La sala nunca se equivocó con la película; el jurado sencillamente midió otra cosa.

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