Cine

Premiar la dirección de DAU es separar la obra del método: la discusión que marcará el otoño

Veronica Loop
Añádenos en Google

Un premio de la 83.ª Mostra sigue abierto en canal una semana después de la ceremonia, y no es el León de Oro. Es el León de Plata a la mejor dirección, entregado a Ilya Khrzhanovsky por DAU, la película más cuestionada de la edición. Es también la historia de premios más importante del año, porque obliga a poner sobre la mesa una pregunta que el circuito de festivales lleva años esquivando: ¿se puede juzgar la imagen al margen de las condiciones en que fue obtenida?

La polémica no esperó a la ceremonia. DAU llegó al Lido con las objeciones a sus métodos ya encima, y su estreno cosechó protesta antes que aplauso. La presencia del director de orquesta Teodor Currentzis se convirtió en un pararrayos, con la contestación ucraniana de fondo, y Alberto Barbera tuvo que defender la selección desde el podio, un gesto poco habitual que medía la temperatura del título antes de que el jurado hablara. A esas alturas, cualquier premio a DAU iba a ser una toma de posición. El de dirección — el acto mismo de orquestar esas imágenes — era la más ruidosa disponible.

Lo que vuelve imposible despachar la elección es el jurado que la tomó. El panel de Maggie Gyllenhaal se pasó la quincena hablando de la ética de quién hace la imagen y a qué precio; dio sus premios mayores a una película que se niega a exponer a su protagonista y a un documental levantado sobre testimonios protegidos. Y después entregó la dirección al acto de filmar más señalado del año. O esos valores se evaporaron ante un alarde de puesta en escena, o el jurado hizo una declaración deliberada: que una objeción ética, por grave que sea, no puede funcionar como veto sobre la cuestión del oficio. Las dos lecturas incomodan, y las dos colocan en el centro la pregunta por la separación entre obra y método.

Aquí DAU deja de ser una película. Los festivales llevan décadas operando sobre una separación tácita entre la obra y las condiciones que la produjeron, honrando imágenes y dejando las preguntas incómodas al margen de la rueda de prensa. El circuito rara vez lo dice en voz alta, porque decirlo invita justo a la discusión que ahora se ha desatado. Al coronar la dirección de DAU, Venecia hizo explícito lo implícito: no se limitó a tolerar un film discutido, sino que identificó su dirección — la inteligencia que organiza esas imágenes — como la mejor del concurso. No se puede celebrar eso y fingir que el método es otra conversación.

La objeción merece escucharse. Quizá DAU era, sin más, la película mejor dirigida del concurso, y el premio no dice nada del método: la mejor dirección es una categoría de oficio, no un tribunal ético. La idea de que el arte puede juzgarse aparte de su hechura es discutible, pero es una posición legítima. Y buena parte de la protesta apuntaba a Currentzis en concreto, un asunto en parte distinto de la dirección que el galardón reconoce. Es posible que el premio sea más estrecho que el ruido que lo rodea.

Pero las consecuencias no serán estrechas. DAU avanza hacia la distribución con un premio mayor soldado a una discusión sin cerrar, y cada comprador y cada programador que lo toque tendrá que decidir qué mitad maneja: el trofeo o la controversia. Venecia, por su parte, ha confirmado una identidad: el festival más dispuesto a programar y premiar la provocación, y a defenderla en voz alta. Conviene mirar cómo formulan sus fallos los jurados del próximo año. Cuando un festival dice la parte que se callaba — que la imagen puede honrarse aparte de su hechura — cuesta mucho volver a callarla.

Etiquetas: , , , , ,

Añádenos en Google

Debate

Hay 0 comentarios.