Cine

«DAU»: el experimento imposible de Khrzhanovsky llega a Venecia con Currentzis y una polémica de Estado

Camille Lefèvre

Hay películas que compiten y películas que ponen a prueba al festival que las acoge. DAU, de Ilya Khrzhanovsky, estrenada en la competición oficial de la 83ª Mostra de Venecia, es de las segundas. Detrás de sus tres horas y cuarto hay casi veinte años de trabajo y una de las apuestas más radicales que ha dado el cine reciente: no reconstruir el siglo totalitario, sino habitarlo. El resultado que llega a la Sala Grande gira en torno al director de orquesta griego Teodor Currentzis, que encarna a un físico afincado en la Unión Soviética entre 1928 y 1968 y arrastrado, paso a paso, a poner su talento al servicio del Estado que fabrica el arma más letal de la historia.

Para entender lo que se ve hay que saber cómo se rodó. El proyecto toma su nombre del físico soviético Lev Landau — «Dau» para los suyos — y entre 2009 y 2011 Khrzhanovsky levantó a tamaño real un instituto de investigación soviético en Járkov e hizo vivir dentro, durante meses, a cientos de participantes con ropa y normas de la época. De aquel rodaje descomunal salieron unas catorce películas y series; una de ellas, DAU. Natasha, se llevó un Oso de Plata en la Berlinale de 2020. En Venecia, por primera vez, el proyecto se presenta como una sola obra a concurso.

Y lo hace envuelto en una polémica que no tiene que ver con el plano ni con el montaje. Los ministerios de Exteriores y Cultura de Ucrania, junto con su embajada en Italia, cuestionaron la selección al considerar DAU «un proyecto vinculado al Estado ruso y a sus redes de influencia». El foco recae sobre Currentzis, cuyas formaciones se han financiado durante años a través de instituciones rusas. El director del certamen, Alberto Barbera, replicó que la cinta «no es una película rusa», sino «una película que denuncia los regímenes totalitarios», y tachó la campaña de «acto mezquino e inaceptable».

El propio Khrzhanovsky evitó el terreno de los desmentidos: dijo desear «paz y éxito al gobierno ucraniano… que salve al país y gane esta guerra.» La respuesta no cierra el debate, pero lo desplaza: no niega la guerra, se niega a aceptar el marco con que se le acusa. Es, en el fondo, la misma pregunta que ha recorrido toda esta edición del Lido — hasta dónde puede un festival separar una obra del aparato que la produjo —, y DAU es su versión más afílada.

Queda la ambición, que nadie discute. Khrzhanovsky pertenece a la estirpe mínima de cineastas que entienden el cine como algo que se vive antes que como algo que se rueda, y el método tiene su reverso: una obra tan total puede acabar devorada por su propio mito. Un primer pase no basta para saber si la película justifica el andamiaje o si éste termina por aplastarla. DAU compite por el León de Oro, que el jurado presidido por Maggie Gyllenhaal entrega el 12 de septiembre.

Etiquetas: , , , , ,

Debate

Hay 0 comentarios.