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Space Jam: A New Legacy: más marketing que diversión familiar

Martin Cid

La escena inicial de Space Jam: A New Legacy es un vertiginoso torbellino de colores neón y cameos de personajes clásicos, una explosión sensorial que promete diversión familiar. Dirigida por Malcolm D. Lee, esta secuela del clásico de 1996 sigue a LeBron James como él mismo, atrapado en un universo digital con su hijo Dom (Cedric Joe), mientras intentan escapar de una IA descontrolada llamada Al-G Rhythm (Don Cheadle). La premisa es sencilla: para salvar a su hijo, LeBron debe liderar a los Looney Tunes en un partido de baloncesto contra los campeones digitales de la IA.

El mayor acierto de la película es el humor autocrítico de LeBron James. Su desempeño es uno de los pocos puntos brillantes, especialmente cuando se burla de sí mismo y de su carrera. La química entre él y Bugs Bunny (Jeff Bergman) funciona bien, gracias en gran parte al encanto atemporal del conejo. Los cameos de otros personajes icónicos como Daffy Duck y Sylvester también aportan momentos memorables.

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Sin embargo, el filme se desmorona rápidamente. La trama es predecible y está repleta de productos comerciales, con la Warner Bros. mostrando todos sus activos en lugar de contar una historia coherente. Las decisiones de iluminación son caóticas, a menudo oscureciendo las acciones en pantalla o creando un ambiente visualmente abrumador. La estructura narrativa es desigual, con saltos bruscos entre el mundo real y el digital que rompen la inmersión.

La banda sonora, aunque moderna y llena de colaboraciones como Lil Baby y Chance the Rapper, no logra integrarse orgánicamente en la narrativa. Las canciones parecen más un intento desesperado por atraer a las audiencias jóvenes que una parte esencial de la experiencia cinematográfica. Además, los personajes secundarios, incluyendo a Dom, carecen de desarrollo emocional significativo, lo que debilita el conflicto central.

La película también falla en capturar la magia del original. Space Jam (1996) era un híbrido único de baloncesto y animación clásica, pero esta secuela se pierde en un laberinto de referencias autopromocionales y efectos visuales sobrecargados. La acción en la cancha es caótica, con ediciones rápidas que dificultan seguir el juego.

En resumen, Space Jam: A New Legacy es una experiencia visualmente abrumadora pero emocionalmente vacía.

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