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Los niños no son quienes parecen: un terror familiar bien ejecutado

Martin Cid
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La escena inicial de There’s Something Wrong with the Children (2023), dirigida por Roxanne Benjamin, es inquietante: dos niños miran fijamente un pozo en una cueva, atraídos por una luz verde que solo ellos pueden ver. Esta imagen, simple pero efectiva, establece el tono del film, un horror doméstico con toques de misterio sobrenatural. La película, producida bajo el sello Blumhouse Productions y Epix, sigue a Margaret (Alisha Wainwright) y Ben (Zach Gilford), quienes se embarcan en un viaje campestre con sus amigos Ellie (Amanda Crew) y Thomas (Carlos Santos) y los hijos de estos, Lucy (Briella Guiza) y Spencer (David Mattle). Lo que comienza como una escapada inocente pronto se convierte en una pesadilla cuando Ben sospecha que algo sobrenatural acecha a los niños después de su desaparición en el bosque.

La premisa no es nueva: padres desconfiando de sus hijos, un entorno aislado y un misterio que se desenreda lentamente. Sin embargo, Benjamin encuentra un ángulo interesante al explorar la dinámica familiar y la paranoia colectiva. La película funciona mejor en su sección media, cuando Ben intenta convencer a los demás de que los niños no son quienes parecen, pero nadie le cree. Aquí, el guion de T.J. Cimfel y David White logra crear una atmósfera claustrofóbica y tensa, recordando clásicos como The Others (2001) o The Children (2008). La tensión se construye meticulosamente a través de detalles sutiles: las miradas vacías de los niños, sus acciones maliciosas pero aparentemente inocentes, y la creciente desesperación de Ben.

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Sin embargo, el desarrollo de los personajes es desigual. Alisha Wainwright tiene momentos destacados, especialmente cuando Margaret descubre la verdad sobre los niños, pero su arco narrativo se siente incompleto. Amanda Crew y Carlos Santos, como Ellie y Thomas, carecen de profundidad emocional, lo que dificulta que el público se preocupe por ellos. El mayor problema es Zach Gilford: su actuación como Ben oscila entre lo convincente y lo exagerado. En las escenas más intensas, su interpretación se vuelve melodramática, restando credibilidad a la situación.

La dirección de Benjamin es competente, pero la película adolece de decisiones estructurales cuestionables. El ritmo es irregular, con saltos bruscos entre momentos de tensión bien construidos y secuencias que se sienten redundantes o predecibles. La revelación final —que los niños están poseídos por una entidad sobrenatural— no es particularmente original, aunque el diseño de producción y la ambientación del bosque y la cueva añaden un toque visual interesante. El sonido y la banda sonora son puntos fuertes: la música, especialmente en las escenas clave, refuerza la sensación de peligro inminente.

Uno de los aspectos más intrigantes de la película es su exploración de temas como la paranoia y la desconfianza. La idea de que los niños sean «diferentes» después de su encuentro con el pozo es fascinante, pero el guion no profundiza lo suficiente en las implicaciones filosóficas o emocionales del fenómeno. ¿Qué significa ser poseído por una entidad sobrenatural? ¿Cómo afecta esto a la identidad y la humanidad de los niños? Estas preguntas quedan sin respuesta, dejando un vacío que podría haberse llenado con más desarrollo de personajes y diálogos más profundos.

La película también falla en su intento de equilibrar el horror psicológico con el terror convencional. Las escenas de acción, como cuando Ben lucha contra Spencer o cuando Margaret huye de los niños, se sienten forzadas y poco convincentes. La coreografía de las peleas es torpe, y la dirección no logra transmitir la urgencia y el peligro que se supone deben sentir los personajes.

A pesar de estos defectos, There’s Something Wrong with the Children tiene momentos de auténtico terror y tensión. La escena en la que Ben descubre a Lucy y Spencer al borde del pozo es particularmente efectiva, con una atmósfera opresiva y un uso inteligente del sonido para crear suspense. La película también explora temas interesantes sobre la paternidad y la responsabilidad, aunque de manera superficial.

En comparación con otras películas de horror recientes, There’s Something Wrong with the Children se sitúa en un nivel medio. No alcanza la profundidad emocional o la originalidad de Hereditary (2018) ni el suspense meticulosamente construido de The Babadook (2014), pero tampoco cae en los excesos de terror convencional que caracterizan a muchas producciones de Blumhouse. La película es, en esencia, un esfuerzo sólido pero no excepcional.

La dirección de Benjamin muestra promesa, especialmente en su manejo de la atmósfera y el uso del entorno natural para crear una sensación de aislamiento y peligro. Sin embargo, su enfoque a veces carece de la sutileza necesaria para explorar los temas más profundos de la película. El guion es competente pero predecible, con giros que se anticipan fácilmente.

El reparto, en general, cumple con su función, aunque las actuaciones carecen del peso emocional necesario para hacer que el público se involucre completamente en la historia. Zach Gilford, en particular, tiene momentos de brillantez, pero su interpretación es inconsistente. Alisha Wainwright y Amanda Crew ofrecen actuaciones aceptables, pero sus personajes no están lo suficientemente desarrollados como para generar empatía.

La fotografía es otro punto fuerte de la película. La cinematografía captura bellamente el entorno natural, utilizando colores fríos y sombras profundas para crear una atmósfera opresiva. Los planos del bosque y la cueva son particularmente efectivos, transmitiendo una sensación de peligro inminente.

En cuanto a su audiencia, There’s Something Wrong with the Children apela principalmente a los aficionados al horror psicológico y al misterio sobrenatural. La película no es apta para quienes buscan sustos constantes o acción frenética, sino más bien para aquellos que disfrutan de un relato lento y tenso que explora temas más profundos.

En definitiva, There’s Something Wrong with the Children tiene momentos de auténtico terror y tensión, pero no logra mantener un nivel constante. La dirección es competente, el sonido y la banda sonora son puntos fuertes, y la fotografía es impresionante, pero el guion falla al no explotar suficientemente la premisa.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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