Baloncesto

La estrella de los 76ers LeBron James soñaba con retirarse en el Madison Square Garden y debuta con los 76ers en la noche del anillo de los Knicks

Jack T. Taylor
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LeBron James ha elegido los escenarios de su carrera. Cleveland, Miami, Cleveland otra vez, Los Ángeles y ahora una plantilla de Philadelphia construida para ganar desde el primer momento. El pabellón del que más elogios ha hecho, al que llama la meca del baloncesto cada vez que tiene un micrófono delante, nunca ha acogido un partido suyo como local. Entra en el Madison Square Garden como visitante en el partido inaugural, la noche en que los Knicks cuelgan el banderín del título con el que él se había imaginado poniendo fin a su carrera a su lado.

La cobertura de esta semana lo presenta como una historia de amor: la superestrella que adora el pabellón, el periodista que se pregunta si saldrá del vestuario para ver cómo entregan los anillos. Todo eso es cierto, pero deja fuera la parte más incómoda. El único verano en que James quiso de verdad ser un Knick, los Knicks ya no lo necesitaban, y quienes conocen de cerca la historia siguen sin ponerse de acuerdo sobre quién cerró la puerta.

La noche en que el Garden se puso en pie para él

El romance empezó con un cambio. Mike Brown, entonces entrenador de los Cleveland Cavaliers, sentó a su estrella de 23 años cuando faltaban 10 segundos para el final de una victoria por 14 puntos, para que el público del Garden pudiera ovacionarlo en pie. James había sumado 50 puntos, 10 rebotes y ocho asistencias, y había rematado el partido con un último cuarto que dejó a los Knicks sin opciones. «Había soñado con jugar bien en este pabellón», dijo después, según recuerda ESPN. «Que te ovacionen en pie en el mejor pabellón de baloncesto del mundo es una de las mejores cosas que me han pasado».

Nueva York se lo tomó como una invitación. Menos de una semana después, el presidente de los Knicks, Donnie Walsh, contrató a Mike D’Antoni; ESPN cuenta que lo hizo con el propósito expreso de atraer a James. Después, Walsh traspasó a Jamal Crawford y Zach Randolph para liberar espacio salarial, 19 meses antes de que James pudiera convertirse en agente libre. James se llevó su talento a Miami. La atracción venía de mucho antes. Brian Windhorst dijo en el pódcast Hoop Collective de ESPN que el primer contrato de James con Nike, firmado antes de la lotería del draft de 2003, incluía una subida de entre el 20 y el 30 por ciento si los Knicks lo elegían. Nueva York obtuvo el noveno puesto. Entre 2003 y 2025, sostuvo Windhorst, si James hubiera dicho que quería ser un Knick, «los Knicks lo habrían fichado».

El verano en que la puerta no se abrió

Este año lo dijo. «Me imaginaba jugando en el Garden y poniendo fin a mi carrera en el Garden», le contó James a Dave McMenamin, de ESPN, durante la jornada de medios de los 76ers. «Creo que es el pabellón número uno del mundo para un jugador de baloncesto. Pero, después de que ganaran a San Antonio, pensé: “Oye, no puedo. No podía hacerlo”». Los Knicks acababan de imponerse en las Finales a los Spurs de Victor Wembanyama en cinco partidos, poniendo fin a una sequía de títulos de 53 años. Su entrenador era Mike Brown, el hombre que una vez sentó a James en aquella pista para que el público pudiera ponerse en pie.

Esa es la versión de James: la de un campeón que no quería aguarle la fiesta a otro equipo. Su agente lo cuenta de otra manera. «Si los Knicks no hubieran ganado, no habría habido pizarra», dijo en julio Rich Paul, director ejecutivo de Klutch Sports, en su pódcast Game Over, mientras repasaba en una pizarra posibles destinos. «Se habría ido a los Knicks». Paul dijo que Nueva York había preguntado por él, pero que Jalen Brunson «tendría que coger literalmente el teléfono» y decir que no le importaba. Una tercera versión, publicada por Hoops Wire, cuenta que el entorno de James se puso en contacto con los Knicks y que Nueva York no mostró interés porque le gustaba lo que ya tenía. Windhorst coincide con esa lectura. «LeBron quería ser un Knick, era agente libre y quería hacerlo», dijo. «Y fue entonces cuando los Knicks no lo quisieron».

Las tres versiones no se excluyen entre sí. Juntas describen algo a lo que James casi nunca se había enfrentado: un equipo capaz de decirle que no. Durante dos décadas, sus preferencias remodelaron plantillas antes incluso de que firmara nada. Este verano se topó con un vestuario que acababa de ganar sin él. Eligió Philadelphia, con Joel Embiid, Tyrese Maxey, Jaylen Brown y VJ Edgecombe, y, según Windhorst, encontró la manera de vivir en Nueva York mientras jugaba en los Sixers. «Quería vivir en Nueva York, y eso es lo que está haciendo», dijo Windhorst.

Una despedida que no deja de ensayar

Las cifras explican por qué ese lugar le afecta tanto. Incluidos los playoffs, James tiene un balance de 28-11 en el Garden, con unos promedios de 28 puntos, siete rebotes y siete asistencias, dos partidos de 50 puntos y doce de 30 o más, según ESPN. También ha empezado a tratar cada visita como si pudiera ser la última. «Sea cuando sea, será como: “Joder, no volveré a jugar en el Madison Square Garden”», dijo en febrero, cuando aún era jugador de los Lakers. «Espero haber dejado aquí aunque sea una pequeña huella».

El partido inaugural del martes, previsto para las 19:00, hora del Este, será también su debut con los 76ers y el comienzo de su 24.ª temporada. Los equipos visitantes suelen esperar en el vestuario mientras los campeones reciben sus anillos. En Hoop Collective, Windhorst se preguntó si James preferiría estar allí fuera «solo para sentir el Garden» y añadió que «LeBron ya ha tenido cuatro noches de entrega de anillos propias». ESPN cuenta esta como la quinta vez que James tiene que presenciar la noche del banderín de otro equipo. La despedida podría alargarse: los Sixers volverán al Garden en febrero, podrían enfrentarse allí a Nueva York en la NBA Cup y ambos equipos se han cruzado en dos de las tres últimas postemporadas.

Haga lo que haga durante la ceremonia, la noche terminará igual. James saldrá del Garden como rival y, si Windhorst tiene razón, volverá a casa, a Nueva York. Tiene la ciudad, el pabellón y un público que una vez se puso en pie por él. Lo único que no pudo conseguir fue la camiseta de los Knicks.

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