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Hovik Keuchkerian: de campeón de España de los pesos pesados a Bogotá en La casa de papel

Penelope H. Fritz
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Hovik Keuchkerian
Hovik Keuchkerian
Photo: Pedro J Pacheco / CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons
Nacimiento14 de noviembre de 1972
Beirut, Lebanon
OcupaciónActor
Conocido porAssassin's Creed, The Platform 2, Toro
PremiosSilver Shell for Best Supporting Performance · Feroz (compartido) · Forqué · MiM Series · Unión de Actores

Durante buena parte de su vida adulta, a Hovik Keuchkerian le pagaron por tumbar a la gente, y se le daba muy bien: quince de sus dieciséis victorias profesionales como peso pesado llegaron por KO. La pantalla española nunca ha terminado de dejarle olvidar ese pasado. Los directores de casting ven su tamaño y le asignan el papel de músculo: el tipo que abre la cámara acorazada con una radial o contiene la línea antidisturbios. Pero lo que reciben es bastante más inesperado. Publicó poesía antes de ponerse a actuar, hizo reír al público de Madrid durante tres temporadas en la Gran Vía y sus mejores trabajos ante la cámara suelen llegar cuando ese físico imponente se queda quieto.

La historia empieza en Beirut. Nació allí, hijo de padre armenio y madre española, y la guerra civil libanesa decidió el resto: cuando tenía tres años, la familia se marchó a España. Creció en Alpedrete, en las colinas al noroeste de Madrid, trabajando como camarero en el restaurante de su padre. A los veinte se trasladó a la capital, donde más tarde abrió su propio gimnasio en el distrito de Hortaleza.

El combate llegó de lado. El niño nacido en Beirut el 14 de noviembre de 1972 creció jugando al baloncesto, hasta que una lesión de tobillo lo llevó al kickboxing, disciplina en la que ganó un título nacional en 1996; un año después se proclamó campeón de España amateur de boxeo en peso pesado. Se hizo profesional en 1999, conquistó en 2003 el título español de los pesos pesados, que estaba vacante, al derrotar a David Blanco y lo defendió en 2004. A finales de ese año, harto de cómo funcionaba el boxeo profesional, se retiró con dieciséis victorias y una derrota.

Lo que vino después parecería inverosímil en un guion. Su amigo, el mago Jorge Blass, lo convenció para subir a un escenario de Madrid con un breve monólogo, y en 2010 ya estaba grabando una actuación para Paramount Comedy. Aquel material creció hasta convertirse en Un mendigo con zapatos de algodón, un espectáculo que estuvo en cartel en la Gran Vía entre 2011 y 2013 y alternaba los remates cómicos con pasajes cercanos al verso. Lo de la poesía no era una pose. Ya había publicado Cartas desde el Palmar, escrito en la playa de El Palmar de Vejer, y en 2014 lanzó Resiliente, un libro que se vendía con un CD en el que recitaba sus propios textos sobre la música de Yuri Méndez, de Pájaro Sunrise.

La televisión lo fichó primero como Sandro, el herrero del pueblo en Hispania, la leyenda, de Antena 3. La película que cambió su posición fue Alacrán enamorado, la adaptación de Santiago Zannou de la novela de Carlos Bardem, en la que interpretó a Pedro, el dueño de un gimnasio de boxeo. El papel le valió una nominación al Goya al mejor actor revelación y el premio de la Unión de Actores en la misma categoría. Después llegaron las producciones extranjeras: Susanne Bier lo eligió para interpretar a Tabby en El infiltrado, junto a Hugh Laurie y Tom Hiddleston, y dio vida a Ojeda en la adaptación cinematográfica de Assassin’s Creed.

Y entonces llegó Bogotá. La casa de papel, la serie de Álex Pina, lo incorporó en su tercera parte como soldador y buzo de la banda, el especialista que los ayuda a atravesar la cámara acorazada inundada del Banco de España. Keuchkerian siguió en la serie hasta su final, en 2021. Veintiséis episodios bastaron para que su rostro se hiciera conocido mucho más allá de España.

El público internacional conoció una versión de él a la que es fácil infravalorar. Bogotá es un papel secundario en una serie coral concebida para el espectáculo y, para muchos espectadores de otros países, Keuchkerian sigue siendo el atracador grandullón y bonachón: un tipo, más que un actor. Los trabajos que demuestran lo contrario se vieron sobre todo en España. En Antidisturbios, de Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña, interpretó a Salva Osorio, uno de los seis agentes de una unidad antidisturbios de Madrid cuya operación de desahucio acaba con una muerte; consiguió que la lealtad del personaje a su equipo pareciera a la vez su virtud y su condena. El papel le dio el Forqué al mejor actor de televisión y un Feroz, compartido con Eduard Fernández. Después, Isabel Coixet le ofreció el papel de Andreas en Un amor, el vecino taciturno de un pueblo remoto que ofrece a una joven, interpretada por Laia Costa, arreglarle el tejado a cambio de sexo. Keuchkerian hizo que la propuesta resultara inquietante y que el hombre fuera imposible de descartar. En 2023, el Festival de San Sebastián le concedió la Concha de Plata a la mejor interpretación de reparto. Unos meses después, la Academia de los Goya nominó esa misma interpretación en la categoría de mejor actor protagonista. La industria aún no se pone de acuerdo sobre cuánto espacio darle; cuando se lo da, él lo ocupa con contención.

Sus raíces armenias llegaron a la pantalla con Amerikatsi, la película de Michael Goorjian sobre un estadounidense que se traslada a la Armenia soviética después de la Segunda Guerra Mundial. Keuchkerian interpretó a Tigran, el guardia de la prisión cuya vida observa el protagonista desde su celda. La película se convirtió en la primera producción armenia preseleccionada al Óscar a mejor película internacional. En 2022, preguntado por el origen de todo aquello, le dijo a El Periódico que sería un actor distinto si no hubiera sido boxeador.

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Los dos últimos años lo han mantenido ocupado, aunque no siempre con papeles que le permitan desplegar todo su potencial. En 2024 protagonizó Reina Roja, de Prime Video, junto a Vicky Luengo, como Jon Gutiérrez, un inspector vasco al borde del despido; interpretó a Zamiatin junto a Milena Smit en El hoyo 2 y volvió a meterse en un banco lleno de rehenes como Berni en Asalto al Banco Central, la miniserie de Netflix de Daniel Calparsoro sobre el asalto real ocurrido en Barcelona en 1981, que buena parte de la prensa promocionó tirando del vínculo con La casa de papel. En 2025 interpretó a Norman Graf, un paciente insomne, en Matices, de SkyShowtime; se incorporó a la miniserie de Netflix Dos tumbas y asumió un papel policial en Ya no quedan junglas, junto a Ron Perlman.

También ha vuelto a sus orígenes. Grito, un espectáculo de monólogos que escribe, interpreta y dirige, recorre los teatros españoles desde 2025. Es su regreso a este formato después de más de una década. Sus objetivos son la guerra, la intolerancia y la manipulación de las noticias: asuntos poco habituales para un cómico y muy cercanos a alguien cuya familia huyó de una guerra cuando él tenía tres años.

Lo siguiente será la prueba más clara hasta ahora de si la televisión le permitirá protagonizar una serie a su manera. El 30 de octubre de 2026, Disney+ estrenará Caldas: El último barco, adaptación en seis episodios de la novela negra de Domingo Villar, con Javier Gutiérrez como Leo Caldas, inspector de Vigo, y Keuchkerian como Rafael Estévez, su impulsivo compañero aragonés. Para un actor al que durante años eligieron por sus puños, lo interesante será comprobar cuánto decide recurrir a ellos para construir el personaje.

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