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Robert Downey Jr. vuelve a Marvel como el Doctor Muerte de «Vengadores: Doomsday»

Martha O'Hara

El primer fotograma que Marvel quiere que retengas de «Vengadores: Doomsday» es un plano saturado. Una figura enmascarada, en verde y acero, ocupa el centro exacto del cartel, y la luz que la rodea se divide en tres temperaturas: el oro cálido de un dios del trueno a un flanco, el azul frío de una familia con trajes a juego al otro, y detrás el violeta magullado de unos mutantes que jamás habían compartido pantalla con estos héroes. La imagen está compuesta para parecer desbordada, y ese desbordamiento es toda la idea.

«Vengadores: Doomsday» saca a sus héroes de tres universos cinematográficos distintos y los lanza a una colisión contra un único soberano. La amenaza es existencial y el reparto es enorme, pero el verdadero asunto de la película es la geometría del propio cruce, la pregunta de si tres grupos de personajes construidos a escalas y en tonos diferentes pueden compartir una sola historia sin desmoronarse en un simple desfile de nombres. Marvel no vende aquí una trama sino una densidad, y apuesta a que esa densidad por sí sola devuelva al público a las salas.

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El reparto es el argumento. Robert Downey Jr., cuyo rostro puso en marcha toda la maquinaria, regresa no como el héroe que la inició sino como Victor von Doom, el autócrata acorazado que pretende cerrarla. Anthony y Joe Russo, los directores que orquestaron los dos últimos finales de la saga, confían la gravedad de la película a un villano en lugar de a un equipo. A su alrededor, los Vengadores actuales sostienen una esquina del plano: el Thor de Chris Hemsworth, el Sam Wilson de Anthony Mackie, la Yelena Belova de Florence Pugh, el Scott Lang de Paul Rudd. Pedro Pascal, Vanessa Kirby y Ebon Moss-Bachrach traen a los Cuatro Fantásticos desde su propio rincón del mapa de Marvel. El Magneto de Ian McKellen, el Cíclope de James Marsden y el Gambito de Channing Tatum reabren un mundo mutante que pasó dos décadas en manos de otro estudio.

Los Russo se hicieron un nombre gestionando multitudes. El enfrentamiento del aeropuerto, la desaparición, el atraco temporal del desenlace: su instinto trata el espectáculo como logística, dando a un reparto inmenso la sensación de un plan que se ejecuta en tiempo real. «Doomsday» les pide desplegar esa jugada a través de universos que nunca fueron diseñados para tocarse. Es un encargo más difícil que cualquier película de los Vengadores de una sola línea temporal, porque las costuras entre estos mundos son la historia, no un detalle que suavizar en el etalonaje. Las dos veces anteriores en que cerraron un ciclo, las películas se organizaron en torno a una ausencia central. Aquí heredan una baraja completa sin protagonista evidente, y el tráiler tiene cuidado de no decirnos a quién pertenece por fin la cámara.

Lo que el tráiler vende es textura antes que trama. La armadura de Doom se lee como escultura, remachada y curtida, más cerca de una máscara de guerra medieval que de un disfraz de superhéroe, y la película parece querer que ese peso ancle un relato que de otro modo podría disolverse en gráficos ingrávidos. Los tres universos llegan codificados por color antes de ser explicados, una manera eficaz de mantener legible a un reparto desmesurado y una manera arriesgada de reducir grupos enteros de personajes a una paleta. La luz hace la exposición que el guion todavía no ha tenido tiempo de escribir.

Nada de esto demuestra que el cruce funcione. Una película que reúne tantos rostros aún tiene que decidir de quién es su historia, y un tráiler puede aplazar esa decisión de forma indefinida. Colocar a Downey como antagonista es una apuesta real: pide a un público que pasó una década leyendo su cara como la conciencia de la franquicia que la acepte tras una máscara, como la amenaza misma. La película no ha mostrado cómo regresa Steve Rogers, cómo comparten de pronto una realidad mutantes y Vengadores, ni si «tres universos» es una estructura que el guion se gana o una frase que le gusta al marketing. Marvel ha dedicado su último tramo a pedir disculpas precisamente por este tipo de saturación, cintas donde el elenco crecía más rápido que su razón de ser. Densidad no es coherencia, y una reunión de héroes todavía no es una historia.

Ensemble from Avengers: Doomsday, directed by the Russo brothers
The Avengers, Fantastic Four and X-Men in Avengers: Doomsday (2026)

Escrita por Stephen McFeely y dirigida por los hermanos Russo para Marvel Studios, la película dura algo más de dos horas y media y agrupa un reparto acreditado de decenas de nombres en torno al Doom de Downey. El Shang-Chi de Simu Liu, el Loki de Tom Hiddleston y el John Walker de Wyatt Russell figuran entre los que vuelven, y Chris Evans aparece en una lista de reparto cuya forma completa Marvel ha mantenido deliberadamente ambigua. Es ciencia ficción del tamaño de un final de serie, un acontecimiento diseñado para cerrar una era de la franquicia y abrir la siguiente.

«Vengadores: Doomsday» se estrena en España el 18 de diciembre de 2026, con una duración de 165 minutos. Coherente o simplemente concurrida, la película apuesta a que la visión de estos mundos comprimidos en un solo plano sobreviva a la pregunta de por qué pertenecen al mismo lugar.

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