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Noni Madueke salió del banquillo para tumbar al Nottingham Forest: el extremo del Arsenal contra el que firmaron una petición es ahora a quien llaman sus compañeros

Jack T. Taylor
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En dos ocasiones, Noni Madueke dejó atrás a Daniel Muñoz por fuera, pegado a la banda izquierda, como le enseñan a hacer a un extremo. En ambas, la jugada acabó en nada. A la tercera, amagó con repetir el mismo movimiento, frenó, se metió hacia dentro con su pierna menos hábil, la derecha, y disparó. «Ya le había ganado por fuera un par de veces, así que pensé que me metería hacia dentro y le pegaría con todo», explicó después.

El balón rozó a Jair Cunha, descolocó a Matz Sels y acabó dentro. A diez minutos del final, fue el único disparo a puerta del Arsenal en toda la tarde y bastó para ganar 1-0 al Nottingham Forest. Madueke llevaba en el campo desde el descanso, cuando entró por Eberechi Eze para intentar desbloquear un partido que los campeones no conseguían abrir. A este jugador lo recibió en el club una petición encabezada por el lema «No a Madueke». No respondió con un discurso. Respondió decidiendo chutar.

Un partido sin resquicios

Durante 70 minutos en el City Ground, el Arsenal no disparó ni una sola vez entre los tres palos. AFP señaló que era la primera vez desde 2023 que los londinenses pasaban tanto tiempo en un partido de la Premier League sin tirar a puerta. El Forest de Oliver Glasner, en puestos de descenso y todavía sin marcar en casa en la liga, se replegó y cerró espacios por dentro. Mikel Arteta describió lo que tenían delante sus jugadores: «Han plantado ahí un árbol de Navidad. No hay espacio para jugar».

La primera parte fue espesa y Eze lo pagó. Fue sustituido al descanso y Madueke saltó al campo con unas instrucciones que después repitió casi palabra por palabra. «Aguanta, cíñete al plan de partido, sal ahí e intenta atacar al rival», recordó que le había dicho Arteta; y luego, lo más importante: «sé peligroso, sé tú mismo».

Ser uno mismo resulta más difícil de lo que parece cuando se sale desde el banquillo. Un jugador que entra con el partido atascado soporta dos presiones a la vez. Una le dice que no pierda el balón ni sea quien empeore las cosas. La otra, que le han sacado para cambiar algo, así que tiene que cambiarlo. La mayoría intenta encontrar un término medio y no cambia nada. Madueke pasó media hora averiguando qué podía y qué no podía defender su lateral. Después tomó una decisión y se lanzó a por ella con todo el cuerpo.

Unos salen de inicio; otros rematan

Arteta tiene un nombre para jugadores como él. Llama «rematadores» a sus suplentes. Las cifras respaldan el término: desde el comienzo de la pasada temporada, los jugadores que han entrado desde el banquillo con el Arsenal han participado en 26 goles en la Premier League, más que los de cualquier otro equipo. Después del partido, Arteta dejó claro en qué consiste el trabajo. «Si te necesitan después de 60 minutos, de 45 y, a veces, de dos», dijo. «Ahora tenemos una plantilla capaz de aparecer en los momentos decisivos y tenemos que aprovecharla».

Es un sistema sensato para un club que defiende el título. Para el jugador que lo vive desde dentro, cuesta más asumir esa lógica. Madueke solo ha sido titular en un partido de la Premier League esta temporada, la victoria por 2-1 contra el Leeds el fin de semana anterior. Christos Tzolis llegó en verano para sustituir a Leandro Trossard, que se marchó, y se ha hecho con la titularidad en esa banda. A Madueke y Eze les ha tocado, sobre todo, salir desde el banquillo o jugar en la Carabao Cup. Hizo falta que Tzolis se lesionara los isquiotibiales con Grecia para que se abriera una puerta.

Madueke habló de ello sin quejarse y sin fingir. «Si miras la calidad de nuestro once titular y del banquillo, es una locura, así que sabemos que unos saldremos de inicio y otros acabaremos los partidos», dijo. «Y yo tengo siempre la misma mentalidad: solo quiero crear ocasiones o marcar». Luego lo resumió aún más: «Ya sabes que, desde el banquillo, estás preparado para tener impacto».

Estar preparado es lo difícil. Sentarse en el banquillo es, por definición, una espera pasiva, y un jugador puede pasarse el partido aguardando hasta sentir que sus piernas ya no son suyas. Quienes se mantienen en un club como el Arsenal tratan el calentamiento como si fuera la primera parte. Sky Sports resumió la aportación de Madueke con claridad: su «velocidad, verticalidad y disposición a encarar a los defensas dieron al Arsenal una nueva dimensión en la segunda parte».

La petición y la llamada

Nada de esto parecía evidente cuando llegó. El Arsenal pagó 48,5 millones de libras al Chelsea por él en julio de 2025, y una parte de la afición dejó claro que no quería que fichara un jugador procedente de un rival londinense. La petición superó las 5.000 firmas. Se tachó su rendimiento de irregular y las dudas sobre su último pase nunca desaparecieron del todo, aunque aportó 8 goles y 4 asistencias en 43 partidos durante una temporada en la que el Arsenal ganó su primer título de liga en 22 años y llegó a la final de la Champions League.

La forma en que su entrenador habla ahora de él apunta a que en el vestuario ocurría algo más. «Noni, mírame: tengo una sonrisa en la cara porque es un personaje especial», dijo Arteta después del partido contra el Forest. «Es alguien a quien quieren muchísimo dentro y alrededor del vestuario». Contó una anécdota de una entrevista en la que preguntaron a varios de sus jugadores a quién llamarían si tuvieran un problema. «Y algunos dijeron Noni, algo que me sorprendió», explicó Arteta. «Pero creo que eso dice mucho de él y de la clase de persona que es».

Eso no se puede convertir en una estadística. Y, aun así, importa. Un jugador al que sus compañeros recurren ha llegado a serlo en días que nadie ve: entrenamientos que no aparecen en los resúmenes, semanas mirando desde el banquillo y una petición que no podía haber pasado por alto. A sus 24 años, fuera de la última convocatoria de Inglaterra de Thomas Tuchel, Madueke tenía motivos de sobra para pasarse el otoño de mal humor. La respuesta de sus compañeros da a entender que no lo hizo.

El enfado, en el buen sentido

Arteta percibió un cambio después del parón internacional y eligió dos palabras que los entrenadores no suelen poner juntas para elogiar a un jugador. «Después del parón está mostrando algo distinto, otro nivel de enfado, otro nivel de convicción», dijo, «también en sus acciones, y está siendo decisivo en los partidos, que es lo que esperamos de un jugador como él».

Hay pruebas de ello en tres partidos. En su titularidad contra el Leeds aprovechó la oportunidad, en palabras de Arteta, «con las dos manos». A mitad de semana, contra el Lille, salió de inicio por la derecha, su banda más natural, y asistió en el primer gol. En el Forest entró al descanso y decidió el partido desde la izquierda. Arteta fue tajante al hablar de la posición de Madueke. «Es un jugador al que le da bastante igual jugar por la izquierda o por la derecha, pero ha jugado muchos más minutos en la derecha. El equipo lo necesita ahí ahora mismo y lo está haciendo bien».

El enfado del que habla Arteta no significa perder el control. Es negarse a esperar a que el partido venga a ti; es el impulso que hace que un extremo vuelva a encarar a un defensa por tercera vez después de que sus dos primeros regates no hayan servido de nada. Es espíritu competitivo, y Madueke lo canalizó bien: la frustración de un partido cerrado se convirtió en un gesto contundente y sencillo.

Lo que no demuestra

Un relato honesto tiene que mencionar el desvío. Arteta no intentó adornar lo ocurrido. «El único disparo a puerta que tuvimos fue un pequeño desvío y entró», dijo. Glasner lo vivió desde el otro lado. «Les hemos concedido un solo disparo a puerta, y además ha sido desviado, y luego pierdes: se hace todavía más duro», dijo el entrenador del Forest. Buena parte de los comentarios posteriores se centraron en el banquillo del Arsenal en su conjunto, no en la irrupción de un solo extremo.

Es justo. Madueke no controló el rebote y las dudas sobre su capacidad para culminar las jugadas no van a desaparecer por un disparo desviado. Lo que sí controló fue la decisión. Un extremo que siempre se va por fuera es fácil de defender, porque el lateral conoce la respuesta antes de que se formule la pregunta. Un extremo que se atreve a cambiar, con su pierna menos hábil, con el 0-0 en el marcador y diez minutos por jugar, plantea un problema distinto. «Me metí hacia dentro y vi un hueco en la portería; por suerte, entró», dijo. Luego puso el resultado por delante de su propia actuación: «Es una sensación increíble, pero me alegro más por la victoria».

El Arsenal es segundo, a tres puntos del Manchester City, y viajará a Múnich para enfrentarse al Bayern en la Champions League antes de recibir al Everton en el Emirates. Tzolis volverá a estar disponible en algún momento y la pregunta sobre quién juega volverá a plantearse. Madueke no puede decidir eso. Sí puede decidir cómo entra al campo. Contra el Forest lo hizo como si ya le hubieran dicho que iba a ser titular.

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