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Robert Carradine, el benjamín de los Carradine que acabó siendo Lewis y el padre de Lizzie

Penelope H. Fritz
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Robert Carradine
Robert Carradine
Photo via The Movie Database (TMDB)
Nacimiento24 de marzo de 1954
Hollywood, Los Angeles, California
Fallecimiento23 de febrero de 2026 (71)
OcupaciónActor
Conocido porDjango desencadenado, Malas calles, El juego de Hollywood
PremiosGolden Boot

Cuando Walter Hill rodó The Long Riders, eligió a hermanos de verdad para interpretar a los hermanos forajidos de la banda de James-Younger, y Robert Carradine encarnó a Bob Younger junto a David y Keith. Es la imagen más literal de su carrera: el benjamín de los Carradine dentro de un retrato construido alrededor del apellido familiar. Poco antes, en Coming Home, de Hal Ashby, había ofrecido una interpretación que llevó a muchos a preguntarse si no era el mejor actor de todos. La carrera que aquella actuación parecía anunciar nunca llegó del todo. En su lugar llegaron Lewis Skolnick y su risa resoplona, y después toda una generación de espectadores de Disney Channel que solo lo conocía como Sam McGuire, el padre que siempre iba un paso por detrás de sus hijos.

Robert Reed Carradine llegó a aquella familia de Hollywood como el hijo menor de John Carradine, un actor de carácter cuyo rostro enjuto ya había aparecido en los westerns de John Ford y las películas de terror de Universal. Sus padres se divorciaron cuando él tenía dos años. Su padre obtuvo la custodia, y el niño creció principalmente con su madrastra, Doris Grimshaw; no conoció a su madre biológica, la actriz y artista Sonia Sorel, hasta los catorce años.

A mediados de la adolescencia —había nacido en marzo de 1954— vivía con su hermanastro David en Laurel Canyon. Los coches llegaron antes que las cámaras: su primera ambición fue competir en carreras, y tocaba música con David en clubes de Los Ángeles y San Francisco. La interpretación le llegó por la puerta familiar, con pequeños papeles en Bonanza y en Kung Fu, la serie de David. Su primera película lo puso a caballo junto a John Wayne en Los cowboys, en 1972, como uno de los escolares a los que un ranchero desesperado contrata para conducir su ganado. Un año después, Martin Scorsese le dio un papel breve pero decisivo al final de Mean Streets: es el joven pistolero que abre fuego contra el coche en el que viajan Harvey Keitel y Robert De Niro.

La segunda mitad de los años setenta fue cuando se consolidó el argumento a favor del Carradine dramático. Corrió a toda velocidad por Cannonball, de Paul Bartel, apareció en Orca y después interpretó a Bill Munson en Coming Home, en 1978, el más frágil de los veteranos heridos que rodean a Jane Fonda y Jon Voight. En 1980 protagonizó dos películas que habrían cimentado la carrera de casi cualquier actor. Además de The Long Riders, estaba The Big Red One, de Samuel Fuller, donde interpretó al soldado Zab, un aspirante a escritor que fuma puros y cuya voz narra la guerra junto a Lee Marvin y Mark Hamill; un trasunto de Fuller inspirado en él mismo y en sus años como soldado de infantería.

Entonces llegó Revenge of the Nerds. Para preparar el papel de Lewis, Carradine fue a la Universidad de Arizona durante la semana de selección de fraternidades; ninguna lo eligió. La comedia de 1984 fue un éxito y dio pie a tres secuelas: una para los cines en 1987 y dos películas para televisión, en 1992 y 1994, las dos últimas con Carradine como productor ejecutivo. Años después, en una historia oral de GQ, resumió su método en una frase: «Estos tipos no saben que son empollones». Interpretó a Lewis sin guiños al público, y la dignidad del personaje nace precisamente de esa decisión.

En esa misma historia oral se abordó sin rodeos el lado problemático de la película. La escena en la que Lewis, oculto tras una máscara, engaña a Betty Childs para que se acueste con él se describe hoy ampliamente como una violación mediante engaño. El director, Jeff Kanew, dijo que era «inexcusable»; el guionista Steve Zacharias aseguró que se arrepentía. La calidez de Carradine es precisamente lo que hizo que la escena pareciera un triunfo en 1984, y por eso hoy resulta tan difícil de ver. Hubo también un coste más silencioso. El personaje del empollón se impuso al actor de Coming Home y The Big Red One, y la industria rara vez volvió a recurrir a ese actor. John Carpenter contó con él en Body Bags y Escape from L.A.; buena parte de lo demás acabó directamente en vídeo.

Disney le dio una segunda vida a aquel personaje. Entre 2001 y 2004 interpretó a Sam McGuire en 65 episodios de Lizzie McGuire, junto a Hilary Duff, y dirigió uno de ellos, «Lizzie’s Eleven». En 2003 acompañó a la familia a Roma para rodar The Lizzie McGuire Movie. Sobre el papel, el padre de la comedia era un personaje secundario, pero Carradine lo convirtió en el chiste más constante de la familia: un padre que quería a sus hijos a voz en grito y tardaba un instante de más en entenderlos. Quentin Tarantino le hizo un hueco como rastreador en Django Unchained, en 2012, y entre 2013 y 2015 presentó junto a Curtis Armstrong, su antiguo Booger, el concurso de TBS King of the Nerds, un programa que solo tenía sentido porque la palabra había cambiado de significado desde 1984.

Lejos de los rodajes, Carradine era el padre de la actriz Ever Carradine, nacida en 1974 y a la que más tarde vimos en The Handmaid’s Tale. Se casó con Edie Mani en 1990 y tuvo otros dos hijos, Marika e Ian; la pareja se divorció en 2018. Su hermano Keith contó que Robert llevaba casi veinte años luchando contra el trastorno bipolar.

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Robert Carradine murió en Los Ángeles el 23 de febrero de 2026, a los 71 años. El médico forense del condado determinó que se trató de un suicidio y, en los meses siguientes, su patrimonio y sus hijos demandaron al hospital psiquiátrico de UCLA donde había buscado ayuda, alegando que el personal no había sabido mantenerlo a salvo. Hilary Duff escribió: «Esto duele». Su sobrina Martha Plimpton lo llamó «el mejor de los ocho hermanos», una frase que dice tanto de la familia como de él.

Su trabajo siguió llegando después de su muerte. Algunas películas independientes de género que había terminado, entre ellas The Cowboy Killer y Desert Fiends 2, llegaron al público en el verano de 2026: pequeñas producciones que querían un rostro Carradine en el cartel y encontraron a un actor en activo que seguía presentándose al trabajo. El recorrido va desde un western junto a John Wayne hasta una película de terror de bajo presupuesto que lleva la palabra «cowboy» en el título, y entre ambos extremos queda el argumento que sostienen sus mejores interpretaciones: que el hijo menor de una familia famosa podía aceptar los papeles que nadie se tomaba en serio, sobre todo Lewis y Sam McGuire, y darles vida como si fueran personas de verdad.

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