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Sonay Kartal pierde la final de Wuhan pero ya es la número uno británica tras una vuelta sin red

Jack T. Taylor
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No hace mucho, Sonay Kartal no podía, en sus propias palabras, «estar frente al lavabo y cepillarse los dientes sin sentir una agonía». Ahora es la tenista británica mejor clasificada. La prensa ha presentado su semana en Wuhan como un cuento de hadas, y el cuento termina como suelen hacerlo: con una valiente derrota en la final.

Pero esa lectura pasa por alto lo único que Kartal sí controlaba. No volvió a la élite del circuito femenino por casualidad. Eligió la puerta más difícil, la cruzó con una espalda que la había tenido en cama y esa misma apuesta, que la llevó por delante de todas sus rivales británicas, encontró su límite en el tercer set de la final contra Maja Chwalinska.

Una decisión a tumba abierta

La lesión fue una fractura por estrés en la espalda. La sufrió en Indian Wells, en marzo, después de vencer a Madison Keys y Emma Navarro, durante un partido de cuarta ronda contra Elena Rybakina que no pudo terminar. Después llegó la ausencia más larga de su carrera: ni Roland Garros, ni Wimbledon, ni el US Open. «Durante el primer mes más o menos, estuve en casa, en cama», contó a la BBC. «A veces tenía días buenos, pero también había días malos en los que no podía caminar sin sentir algún tipo de dolor». Durante la rehabilitación, según su equipo, «se dejó la piel, trabajando sin parar de nueve a cinco».

Cuando se recuperó de la lesión de espalda, tuvo que elegir entre dos caminos. Podía volver poco a poco en torneos pequeños, con cuadros menos exigentes. O podía utilizar su ranking protegido —la protección que la WTA concede a las jugadoras que han estado de baja seis meses o más— para participar en los torneos WTA 1000 de China, el escalón inmediatamente inferior a los Grand Slam. «Sabía que sería una decisión difícil», dijo. «Es muy fácil entrenar bien, pero la situación de partido es completamente distinta. Decidí lanzarme a la piscina y jugar contra las mejores del mundo».

En la piscina había nombres de peso. Situada en el puesto 170, derrotó a Anhelina Kalinina y después a Belinda Bencic, campeona olímpica en Tokio. Pasó por encima de Jasmine Paolini por 6-2 y 6-0. Rompió el saque de Elina Svitolina en el último juego de un partido de cuartos de final a tres sets. En semifinales, Jelena Ostapenko le endosó 50 golpes ganadores, según Sky Sports, y aun así no pudo llevarse un set: Kartal salvó bolas de set en ambos y ganó dos tie-breaks. Tennis Majors señala que se convirtió en la finalista de un WTA 1000 con peor clasificación desde que se implantó este formato, en 2009. Es solo la segunda británica que alcanza una final de este nivel, después de Johanna Konta.

La cualidad que la llevó hasta allí y el muro contra el que chocó

Cuando le preguntan a Kartal qué la llevó hasta allí, mira hacia dentro. «Creo que, mentalmente, es uno de mis mayores puntos fuertes en la pista», dijo a Sky Sports después del partido contra Ostapenko. «Quizá vea que al otro lado empieza a enfadarse y a ponerse nerviosa, así que sé que ese es el momento de concentrarme y apretar los dientes». Según explicó, la calma «siempre ha formado parte de mí».

Durante el primer set y medio de la final, esa calma bastó. AFP contabilizó tres roturas de saque en un primer set de 45 minutos que Kartal dominó desde el fondo de la pista. Volvió a romper el saque para ponerse 2-0 en el segundo. Entonces el cuerpo empezó a pasarle factura. La BBC informó de que pidió consejo médico cuando Chwalinska salió de la pista para hacer una breve pausa, y de que su estado físico quedó en entredicho al comienzo del segundo set. Chwalinska, una jugadora de contraataque, la metió en intercambios mucho más largos que los de Ostapenko. Kartal afrontó 13 bolas de rotura en ese set, salvó 10 y, aun así, lo perdió después de 71 minutos.

En el tercer set llegó la factura. Una dejada seguida de un globo le costó el saque y puso el 3-2; en el tercer punto de partido de Chwalinska, un revés de Kartal se marchó largo: 2-6, 6-4 y 6-2 en dos horas y 43 minutos. Kartal no intentó maquillarlo. «Fue una batalla muy física y creo que tuve mis oportunidades. Quizá ahí se notó el óxido de llevar seis meses fuera», dijo. Era el décimo partido de su regreso. La serenidad puede salvar una bola de set. No puede darte los kilómetros que tus piernas nunca recorrieron.

Número uno británica, por 55 puntos

Los 650 puntos de finalista hicieron el resto. En la clasificación de la WTA publicada el lunes, Kartal ocupa el puesto 49, tras subir 121 posiciones y quedarse cinco puestos por encima de su mejor clasificación hasta la fecha. Katie Boulter, hasta ahora número uno británica, es la 58. La diferencia entre ambas es de 1.097 puntos frente a 1.042. Emma Raducanu ocupa el puesto 109.

El premio más importante está en el calendario. Con su clasificación recuperada tras disputar diez partidos, Kartal ya no necesita recurrir al ranking protegido para acceder a torneos como el Open de Australia, lo que le permite, como señala la BBC, elegir de verdad cuándo y dónde juega. Su primera decisión como número uno británica fue retirarse del Japan Open de Osaka, donde tenía previsto jugar el martes. «Mi objetivo en la gira asiática era simplemente intentar defender los puntos que tenía del año pasado y aprovechar el ranking protegido», dijo. «Creo que he ido mucho más allá de eso».

El tenis británico necesita que esté en forma. Con Kartal fuera de tres de los cuatro Grand Slam, ninguna británica superó la segunda ronda de un grande esta temporada. Ella lo ha conseguido dos veces, ambas en Wimbledon: llegó a tercera ronda como clasificatoria en 2024 y a cuarta ronda el año pasado. Nacida en Sidcup y criada en Brighton and Hove, de ascendencia turca por parte de padre, cogió una raqueta por primera vez a los seis años, después de ver jugar a su hermano mayor.

En Wuhan, Kartal tuvo palabras de agradecimiento para su entrenador, Ben Reeves; su preparador físico, Ian Aylward, y su fisioterapeuta, Dani Gillanders. «Esas tres personas que están en mi banquillo son las responsables de que esté aquí, sana y en forma otra vez», dijo. Una semana bastó para que la apuesta la convirtiera en número uno británica. Mantenerse ahí es tarea de los tres, de una ventaja de 55 puntos y de un calendario que ahora puede diseñar ella misma.

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