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Paulina García, de bailar sola en Gloria a dirigir su propia película

Penelope H. Fritz
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Paulina García
Paulina García
Photo: Secretaría de Cultura Ciudad de México (Milton Martínez fotógrafo) / CC BY-SA 2.0, via Wikimedia Commons
Nacimiento27 de noviembre de 1960
Santiago, Chile
OcupaciónActriz y directora de teatro
Conocido porLos 33 (Una Historia De Esperanza), Gloria, Verano en Brooklyn
PremiosSilver Bear for Best Actress, Berlin International Film Festival · Platino Award for Best Actress · Premio Pedro Sienna for Best Actress · Premio Caleuche for Best Leading Actress · Biarritz Amérique Latine Best Performance, with Jenny Navarrete (compartido)

Hay un momento, casi al final de Gloria, en que una mujer rechaza la invitación a bailar en una boda, oye cómo el DJ pone la canción de Umberto Tozzi que lleva su nombre y sale sola a la pista. Al principio sus movimientos son tímidos, pero poco a poco se agrandan hasta que levanta los brazos, mientras la cámara se limita a esperar. Paulina García construyó una carrera internacional a partir de esa espera. La película convirtió a una actriz de teatro chilena, apenas conocida fuera de Santiago, en el rostro de una historia que el cine rara vez cuenta: la de una mujer divorciada que se acerca a los sesenta, quiere disfrutar y tener compañía, y no se disculpa por ello. Muchos de los papeles que le llegaron después en el extranjero le pedían que se quedara un paso por detrás de la historia, como madre de alguien. El proyecto que García impulsa ahora, una película que está escribiendo y que dirigirá ella misma, trata de una mujer que abandona precisamente ese lugar.

Su llegada a la pantalla fue tardía y vino del teatro. Nacida en Santiago, García se formó en la escuela de teatro de la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde se licenció en interpretación y obtuvo después diplomas en dirección y dramaturgia. Debutó profesionalmente en ¿Dónde estará la Jeanette?, de Luis Rivano, en el propio teatro de la universidad, y aquel trabajo le valió un premio de APES, la asociación de periodistas de espectáculos de Chile.

Desde aquel debut en 1983, el teatro fue su principal escenario durante tres décadas. Participó en más de treinta montajes, entre ellos la puesta en escena de Tío Vania, de Chéjov, dirigida por Raúl Osorio, pero el teatro también la llevó a la dirección. Empezó en 1996 con El continente negro, de Marco Antonio de la Parra, y después dirigió Look Back in Anger, de John Osborne, y La mantis religiosa, de Alejandro Sieveking. También escribió obras propias, entre ellas Frágil. Contribuyó a fundar la Asociación de Directores de Teatro de Chile y durante años impartió clases de interpretación en escuelas universitarias de teatro de Santiago.

La televisión la conoció antes que el cine. Tras un pequeño papel en la telenovela Los títeres, se convirtió en un rostro familiar para los espectadores chilenos como Raquel Reyna, conocida como La Raco, en Cárcel de mujeres, papel por el que ganó un premio Altazor en 2008, y como Mónica Spencer en Los archivos del cardenal, la serie sobre la Vicaría de la Solidaridad de la Iglesia católica durante la dictadura. Su primer largometraje, Tres noches de un sábado, de Joaquín Eyzaguirre, llegó en 2002, cuando la actriz, nacida el 27 de noviembre de 1960, tenía 41 años. Silvio Caiozzi la fichó para Cachimba dos años después.

Gloria cambió la escala. Como Gloria Cumplido, una oficinista que pasa las noches en las salas de baile que Santiago reserva para adultos solteros, García aparece en casi todos los planos de la película de Sebastián Lelio, y buena parte de lo que siente el personaje llega al público a través de su rostro, más que de los diálogos. En la Berlinale de 2013 ganó el Oso de Plata a la mejor actriz; al año siguiente recibió el premio Platino a la mejor actriz. Las puertas que se abrieron entonces daban, sobre todo, al mundo anglófono. Patricia Riggen la fichó para Los 33, sobre los mineros atrapados en Atacama; Netflix la convirtió en Hermilda Gaviria, la madre de Pablo Escobar, en las dos primeras temporadas de Narcos; e Ira Sachs le dio el papel de Leonor, una modista chilena de Brooklyn a la que la familia de su difunto casero está a punto de subir el alquiler del local, en Verano en Brooklyn, interpretación por la que fue nominada a un Independent Spirit Award.

En su país y en toda Latinoamérica, se convirtió en la protagonista en torno a la que los directores independientes construyen sus películas. Santiago Mitre la situó junto a Ricardo Darín como la persona de máxima confianza del presidente en La cordillera. Cecilia Atán y Valeria Pivato la convirtieron en Teresa, una empleada doméstica obligada a abandonar la casa en la que había trabajado durante décadas, en La novia del desierto, película estrenada en Un Certain Regard de Cannes que le valió el premio Caleuche a la mejor actriz protagonista. Claudia Huaiquimilla la eligió para interpretar a una profesora en un centro de internamiento juvenil en Mis hermanos sueñan despiertos. En Querido trópico, de Ana Endara, da vida a Mercedes, una mujer rica de Panamá que se pierde poco a poco en el alzhéimer, frente a Jenny Navarrete, que interpreta a la migrante colombiana que se convierte en su cuidadora; ambas compartieron el premio a la interpretación en el festival Biarritz Amérique Latine de 2024.

Conviene cuestionar la versión simplificada de su historia, la de la actriz descubierta a los 52 años. Solo fue un descubrimiento fuera de Chile. Cuando Gloria llegó a Berlín, García llevaba treinta años trabajando como actriz de teatro y casi dos décadas como directora teatral. La forma en que la industria aprovechó aquel éxito resulta reveladora. Cuando Lelio volvió al personaje, rehízo la película en inglés como Gloria Bell, con Julianne Moore, y la versión que llegó a los cines comerciales del mundo anglófono llevaba el rostro de Moore en el cartel. Los críticos que compararon ambas interpretaciones señalaron que García daba vida a Gloria sobre todo con el rostro, mientras que la versión de Moore habla más. Desde entonces, sus papeles en producciones en inglés han sido secundarios, mientras que los papeles protagonistas que le permiten sostener una película se han quedado en español y en el circuito de festivales.

Este año, el streaming le ha dado el público más amplio de toda su carrera. En abril, Netflix estrenó Alguien tiene que saber, un drama de ocho episodios inspirado en la desaparición del estudiante Jorge Matute Johns, en el que García interpreta a una madre que no deja de preguntar qué le ocurrió a su hijo desaparecido, frente a Alfredo Castro. En mayo llegó a los cines la comedia dramática mexicana La vida es, dirigida por Lorena Villarreal, con García en el papel de Greta. El 16 de septiembre, Prime Video estrenó Catedrales, una adaptación en seis episodios de la novela de Claudia Piñeiro, en la que García y Castro interpretan a Dolores y Adolfo Sardá, una pareja devota obligada a enfrentarse, treinta años después, a la verdad sobre el asesinato de su hija menor. Dos días antes, Amor es el monstruo, de Neto Villalobos, se había presentado en estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Toronto, con García en el papel de una mujer de unos setenta años que intenta seguir cerca de su nieta de seis en una distopía tropical que considera prescindibles a las personas de su edad.

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García, que se define como feminista, es madre de tres hijos, entre ellos la actriz Sofía Zagal. Este año participó junto a la productora Gabriela Sandoval en una mesa redonda sobre la brecha de género en el cine, dentro del festival Bonito CineSur de Brasil.

La productora de Sandoval, Storyboard Media, también está detrás de su primer largometraje como directora, La pasión según Carmen, coescrito con Mariana Loyola y Josefina Fernández. Loyola interpreta a Carmen, una periodista casada con una hija adulta que todavía está de duelo por la muerte de su abuela, su amiga más cercana. Su vida da un vuelco tras sufrir un accidente camino de una marcha feminista y enamorarse inesperadamente de una mujer. «Queremos contar la transformación física y emocional que vivimos las mujeres», dijo García cuando se anunció el proyecto. Gloria terminaba con una mujer que se elegía a sí misma en una pista de baile, mientras otra persona decidía dónde colocar la cámara. En su propia película, por fin será García quien tome esa decisión.

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