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Vera Miles, la actriz de Psicosis que no quiso ser la nueva Grace Kelly

Penelope H. Fritz
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Vera Miles
Vera Miles
Photo: Lustre Crème Shampoo / Public domain, via Wikimedia Commons
Nacimiento23 de agosto de 1930
Boise City, Oklahoma, United States
OcupaciónActriz
Conocido porPsicosis, Centauros del desierto, El hombre que mató a Liberty Valance

La frase más citada de Alfred Hitchcock sobre Vera Miles es un reproche. Se quedó embarazada, le contó a François Truffaut, «justo antes del papel que iba a convertirla en estrella. Después de eso perdí el interés. Ya no conseguí recuperar el ritmo con ella». El papel era la protagonista de Vértigo, una película que el director había moldeado como escaparate para ella y que acabó en manos de Kim Novak. Miles resumió el mismo episodio con menos palabras y sin rastro de herida: «Él quería convertirme en una superestrella, pero a mí sencillamente no me interesaba».

Entre esas dos frases cabe una carrera que Hollywood nunca ha sabido archivar. Trabajó dos veces con John Ford y tres con Hitchcock, sostuvo una serie de películas familiares de Disney y pasó cuatro décadas en televisión, y aun así se la recuerda por un único personaje: Lila Crane, la hermana que sube hasta la casa de la colina en Psicosis porque nadie más se atreve. Desde la muerte de Pat Hitchcock, hija del cineasta, es la última superviviente de aquel reparto.

Hasta su fecha de nacimiento ha necesitado una corrección. Christopher McKittrick, autor de la biografía Vera Miles: The Hitchcock Blonde Who Got Away, publicada el año pasado, reunió hojas censales, un registro de llegada de 1958 y un expediente de divorcio para demostrar que Vera June Ralston vino al mundo en Boise City, Oklahoma, el 23 de agosto de 1930, y no en 1929, como repitieron los libros de referencia durante medio siglo. La familia volvió pronto a Kansas. Creció en Pratt y en Wichita, trabajó de noche como teletipista de la Western Union y se graduó en el instituto Wichita North en 1948, el mismo año en que fue coronada Miss Kansas y quedó tercera finalista en Miss América. Como Hollywood ya tenía una actriz llamada Vera Ralston, conservó el apellido de su primer marido, el especialista Bob Miles.

Los Ángeles tardó en quererla. Encadenó apariciones sin crédito, entre ellas la de corista en Two Tickets to Broadway, un musical protagonizado por Janet Leigh, la mujer cuya hermana interpretaría nueve años después. «Me despidieron los mejores estudios de la ciudad», recordaría. Un contrato con Warner Bros. le dio Tarzan’s Hidden Jungle, junto a Gordon Scott, con quien más tarde se casó, y Hitchcock la puso a prueba en televisión como una recién casada al borde del colapso en «Revenge», el episodio piloto de Alfred Hitchcock presenta.

Luego llegó 1956. Ford la eligió para Centauros del desierto como Laurie Jorgensen, la muchacha que espera durante años a Jeffrey Hunter mientras John Wayne rastrea la frontera. Hitchcock le confió a Rose Balestrero en Falso culpable, la esposa que se desmorona mientras el músico acusado por error al que da vida Henry Fonda atraviesa la maquinaria judicial. De las dos, es la interpretación que más asusta. También la menos vista.

En 1957 Hitchcock la ató a un contrato personal de cinco años y la prensa recibió el mensaje de que sería la sucesora de Grace Kelly, que había dejado el cine por Mónaco. Vértigo debía demostrarlo. El rodaje se retrasó, Miles se quedó embarazada y el papel pasó a Novak. Cuando Miles volvió a estar disponible, Hitchcock se quedó con su nueva estrella. Tres años después le entregó de todos modos a Lila Crane, y en cuanto la Marion de Janet Leigh desaparece de Psicosis, es Lila, impaciente, práctica, sin miedo a una puerta cerrada, quien arrastra la película hasta el sótano.

La portada de su biografía recoge la etiqueta de siempre, la rubia de Hitchcock que se escapó, y de ella se deriva el relato habitual: mala suerte, el despecho de un director, una carrera que se estancó. Esa versión favorece más a Hitchcock de lo que describe a Miles. Décadas más tarde, mientras promocionaba una secuela, ella declaró a The Spokesman-Review que Hitchcock «tenía algo de complejo de Pigmalión» y que había rechazado la transformación. El precio fue real: nunca tuvo el vehículo de prestigio que dispara la cotización de una actriz, y buena parte de los años sesenta se le fue en comedias de Disney y apariciones como invitada. Lo que rechazó fue el encargo de convertirse en una segunda Grace Kelly. Y una renuncia no es lo mismo que una pérdida.

Ford volvió a llamarla en 1962 para El hombre que mató a Liberty Valance, donde fue Hallie, la mujer a la que cortejan John Wayne y James Stewart y cuya elección entre ambos encierra el veredicto de la película sobre cómo se domesticó el Oeste. La televisión ocupó el resto de la década: The Twilight Zone, el primer episodio de The Fugitive, dos entregas de The Alfred Hitchcock Hour. Para Disney rodó Follow Me, Boys! con Fred MacMurray. En Hellfighters hizo de madre de Katharine Ross, nueve años menor que ella, y sus escenas como esposa de Wayne en Los boinas verdes acabaron en la sala de montaje. En 1973 se midió con Peter Falk en Colombo como una magnate de la cosmética que comete un asesinato.

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En 1983 regresó a Lila, ya convertida en Lila Loomis, en Psicosis II, junto a Anthony Perkins: fueron las dos únicas estrellas del original que repitieron. Después vinieron tres episodios de Se ha escrito un crimen, el último en 1991, y el thriller Separate Lives, de 1995, fue su último papel. Tras él se retiró de la industria y de la vida pública.

Miles se casó cuatro veces: con Bob Miles, con quien tuvo dos hijas; con Gordon Scott, padre de su hijo Michael; con el actor Keith Larsen, padre de su hijo Erik; y, por poco tiempo, con el cineasta Robert Jones. Es miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Cuando Jessica Biel se preparaba para interpretarla en Hitchcock, la película de 2012 sobre el rodaje de Psicosis, fue su nieto, el actor Jordan Essoe, quien se reunió con ella.

La fecha de nacimiento corregida y la primera biografía completa son las últimas revisiones de su expediente, y las dos empujan en la misma dirección: lejos de la mujer que perdió Vértigo y hacia la que decidió en qué no iba a convertirse. En cada proyección de Psicosis, sigue siendo su mano la que se acerca a la silla del sótano.

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