Música

Max Martin, el método sueco que deja al cantante para el final

Penelope H. Fritz
Añádenos en Google
Max Martin
Max Martin
Photo: Max Oppenheimer / Public domain, via Wikimedia Commons
Nacimiento26 de febrero de 1971
Sånga församling
OcupaciónProductor discográfico, compositor
PremiosPremio Grammy al Productor del Año (No Clásica) · Premio Golden Raspberry por Peor Canción Original · Polar Music Prize

En los estudios de Cheiron, en Estocolmo, la norma no admitía excepciones: la canción se escribía, se tocaba y se grababa antes de que el intérprete cruzara la puerta. Ese método acaba de dejar a Max Martin a un solo número uno de Paul McCartney. Patient Zero, el sencillo de Taylor Swift que compuso y produjo con ella y con su socio de siempre, Shellback, entró directamente en lo más alto del Billboard Hot 100 y le dio el número uno 31 de su carrera como compositor. Casi ninguno de los millones de oyentes de la canción sabría ponerle cara al sueco que la firma.

La paradoja es que él quería ser la voz. Antes del seudónimo, Karl Martin Sandberg fue el cantante de melena larga de It’s Alive, un grupo de glam metal que perseguía el sonido de Kiss y en el que actuaba como Martin White. Los discos no se vendieron: el segundo álbum, Earthquake Visions, salió en una treintena de países y despachó unas 30.000 copias. Del fracaso sobrevivió algo más útil que una carrera de cantante, un oído poco común para el estribillo.

Hijo de una profesora de secundaria y de un policía, Sandberg, que nació en febrero de 1971, se crio en Stenhamra, un pueblo de las islas del lago Mälaren, al oeste de Estocolmo. Su formación salió de las escuelas municipales de música de Suecia, una red pública que pone un instrumento en manos de casi cualquier niño que lo pida y a la que él mismo dice deberle «todo». En el origen del hombre que mejor ha leído el mercado del pop hay un servicio público. Abandonó la secundaria por la banda, y cuando It’s Alive firmó con Cheiron Records, el fundador del sello, Denniz PoP, escuchó a un compositor pop escondido dentro del cantante de metal.

Cheiron lo contrató en 1993. Denniz PoP fue su mentor y, casi sin proponérselo, su padrino: cuando el joven programó la introducción de This Is the Way, de E-Type, la carátula impresa lo acreditó como «Max Martin», un nombre inventado sin consultarle. Los primeros trabajos para Ace of Base, Robyn y unos Backstreet Boys aún desconocidos fijaron las reglas que todavía lo definen. Los productores escribían la canción, tocaban los instrumentos y grababan la pista. El cantante llegaba al final.

Denniz PoP murió de cáncer en el verano de 1998 y Martin, con 27 años, heredó el estudio justo cuando el sistema empezaba a rendir. …Baby One More Time, escrita para Britney Spears, fue su primer número uno en Billboard; I Want It That Way dio a los Backstreet Boys la canción más grande de su carrera. Spears grabó las voces de Oops!… I Did It Again en más o menos una semana, sobre bases que Cheiron tenía casi terminadas antes de su llegada. «Soy perfeccionista», declaró Martin a Los Angeles Times en 2000. «El productor debe decidir qué tipo de música se hace».

Luego vino el bache. Cheiron cerró en 2000, Martin fundó Maratone con Tom Talomaa al año siguiente y los éxitos escasearon hasta que una canción de guitarras cargadas, hecha con Lukasz «Dr. Luke» Gottwald para Kelly Clarkson, marcó el reinicio: Since U Been Gone. Detrás llegaron Pink, Katy Perry con Teenage Dream y Maroon 5.

Con Taylor Swift el encargo se convirtió en algo cercano a la coautoría. Martin y Shellback, el joven de Karlshamn que había sido su aprendiz en Maratone, escribieron y produjeron con ella We Are Never Ever Getting Back Together para Red y después buena parte de 1989, incluidas Shake It Off y Blank Space. Ese disco ganó el Grammy al álbum del año en 2016, un año después de que Martin recibiera el de productor del año. En paralelo llevó a The Weeknd del R&B nocturno al centro del pop y le entregó Blinding Lights, que Billboard sitúa como la canción más exitosa de la historia del Hot 100. Can’t Stop the Feeling!, de Justin Timberlake, le valió una nominación al Óscar.

La acusación contra Martin apenas ha cambiado en un cuarto de siglo, y es su propio método el que aporta las pruebas. Un sistema en el que el cantante es el último ingrediente puede hacer que artistas muy distintos suenen como si compartieran disco duro, y la disciplina de «la melodía primero» que transmitió a Shellback, Savan Kotecha y Dr. Luke carga con la culpa de haber aplanado el pop mayoritario hasta reducirlo a una sola gramática eficiente. En sus últimos discos la brecha salta a la vista: Music of the Spheres, de Coldplay, que él produjo, recibió reseñas dispares y aun así encabezó la lista británica. Petal, de Ariana Grande, dividió a la crítica. Varios críticos despacharon Patient Zero como poca cosa días antes de que alcanzara el número uno. Las listas miden aquello a lo que el público vuelve; si miden algo más es la discusión que persigue a Martin allá donde va.

Nada de eso lo ha frenado. Swift grabó The Life of a Showgirl en Suecia durante la etapa europea del Eras Tour, sin más compañía en el estudio que Martin y Shellback. Publicado en octubre de 2025, el álbum dio dos números uno, The Fate of Ophelia y Opalite, antes de que la reedición The Life of a Showgirl: The Encore añadiera Patient Zero el 25 de septiembre de 2026. Como productor, la cuenta llega a 29 números uno, récord absoluto; el anterior fue en junio Hate That I Made You Love Me, de Ariana Grande.

La industria ya lo trata como un patrimonio que se negocia. En junio de 2026, Wolf Cousins, el colectivo de compositores que fundó con Shellback, vendió la parte editorial de una selección de composiciones, entre ellas Style, Problem y Can’t Feel My Face, a HarbourView Equity Partners, por una cantidad que Variety situó en la parte baja de las nueve cifras. Acumula cinco premios Grammy, el Polar Music Prize de 2016 y un récord de 11 distinciones de ASCAP como compositor del año.

Lejos del estudio conserva el perfil de un músico de sesión. Se casó en 2011 con Jenny Petersson, natural de Mörrum, en el sur de Suecia; tienen una hija y reparten su vida entre Los Ángeles y Estocolmo. Concede muy pocas entrevistas.

El marcador queda en 31 frente a 32. Un número uno más pondría a la altura de un beatle a un hombre que fracasó como cantante de glam metal, en una lista en la que nunca ha sido la voz principal. En el pop de este siglo manda quien decide qué se canta, y esa persona rara vez sale en la portada.

Etiquetas: , , , , ,

Noticias destacadas — Max Martin

Ver todas →

Añádenos en Google

Debate

Hay 0 comentarios.