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Benicio del Toro, el actor que se negó a ser estrella y ganó dos Oscars

Penelope H. Fritz
Benicio del Toro
Benicio del Toro
Photo: Harald Krichel / CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons
Nacimiento19 de febrero de 1967
San Germán, Puerto Rico
OcupaciónActor
Conocido porVengadores: Infinity War, Guardianes de la galaxia, Sospechosos habituales
Premios2 Óscar · BAFTA · Globo de Oro · Cannes Film Festival, Best Actor

Lo más extraño de la carrera de Benicio del Toro es la coherencia con la que ha resistido la tentación de hacerla legible. Un intérprete con un Oscar, un Cannes y un BAFTA que pasó años tomando roles secundarios en películas de superhéroes y pequeñas apariciones en conjuntos de Wes Anderson, no porque las oportunidades se agotaran sino porque esos proyectos le interesaban más que la trayectoria que implicaban. La lógica de su filmografía no es la lógica comercial, que es exactamente lo que hace que funcione.

Nació en San Germán, Puerto Rico, hijo de dos abogados. Su madre murió cuando él tenía nueve años y su padre trasladó a la familia a una granja en Pensilvania: ese desplazamiento le dio a del Toro la experiencia temprana de no pertenecer del todo al lugar en que estaba, algo que más tarde se convertiría en la cualidad central de sus mejores actuaciones. Empezó en UC San Diego estudiando administración de empresas, tomó una clase de interpretación y transfirió su plan de vida de inmediato. Estudió con Stella Adler en Los Ángeles y después en Circle in the Square en Nueva York.

Su papel de despegue en Sospechosos habituales (1995) hizo visible esa cualidad. Como Fenster, un delincuente menor cuyo modo de hablar era tan idiosincrácticamente ininteligible que otros personajes debían traducirle en pantalla, del Toro anunció algo: estaba dispuesto a ser exactamente tan desconocido como el papel exigía, sin importar si el público podía seguirlo. Era una gran excentricidad o una gran disciplina. Retrospectivamente, era ambas cosas.

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Traffic (2000) le dio el espacio para aplicar esa cualidad a algo más consecuente. Como Javier Rodríguez, un agente federal mexicano que intenta hacer bien su trabajo dentro de un sistema construido para imposibilitarlo, del Toro entregó una actuación de tal peso moral que la Academia no tuvo opción práctica de no premiarlo. Ganó el Oscar al Mejor Actor de Reparto en 2001, convirtiéndose en el tercer puertorriqueño en lograrlo, tras José Ferrer y Rita Moreno.

Lo que vino después no fue el movimiento obvio. No aceptó el papel protagónico en una producción de prestigio, no se posicionó para el estrellato de franquicia. Apareció en Miedo y asco en Las Vegas, en Snatch, en 21 gramos. Le dio cuatro años a Steven Soderbergh para hacer Che, un biopic sobre Ernesto Guevara de cuatro horas y media en dos partes, rodado en español, sin distribuidora estadounidense importante dispuesta a respaldarlo. En Cannes 2008, del Toro ganó el premio al Mejor Actor. La película encontró el público que Soderbergh había calculado, que era específico y no masivo.

La lectura fácil de estas decisiones —artista con principios toma roles difíciles— necesita algo de fricción. La década entre Traffic y Sicario fue desigual. Sus apariciones en el universo Marvel como Taneleer Tivan, el Coleccionista, en Thor: The Dark World, Guardianes de la Galaxia y Avengers: Infinity War, fueron del tipo de cameo extendido que los actores aceptan cuando quieren la participación sin el compromiso. Lo que salvó la narrativa de selectividad artística fue Sicario (2015), el thriller de Denis Villeneuve en el que del Toro interpretó a Alejandro Gillick, un ex fiscal colombiano convertido en asesino al servicio de la CIA. La quietud física, la economía del registro, la sugerencia de profundidades que la cámara no puede alcanzar: ese era del Toro en el punto más alto de su oficio.

Una batalla tras otra (2026), de Paul Thomas Anderson, lo devolvió al centro del cine americano. Interpreta a Sergio St Carlos, dueño de un dojo de kárate en el Valle de San Fernando que se ha convertido en red de apoyo informal para inmigrantes indocumentados. La actuación le valió su segundo Oscar al Mejor Actor de Reparto, veinticinco años después del primero. También aparece en el conjunto de Wes Anderson The Phoenician Scheme (2025), manteniendo el hábito de aparecer en roles pequeños y precisos en películas de directores en los que confía.

Del Toro tiene una hija, Delilah Genoveva Stewart del Toro, nacida en 2011. Ese mismo año obtuvo la ciudadanía española. No acostumbra dar entrevistas extensas ni explicar sus decisiones en términos de carrera. Lo que ofrece en cambio es el trabajo.

Próxima en el horizonte está Reenactment, dirigida por Grant Singer y con Cameron Diaz y Ana de Armas en el reparto; los detalles siguen siendo deliberadamente escasos. Esa opacidad parece, a estas alturas, intencional. Benicio del Toro lleva treinta años haciendo que la ausencia de información trabaje estructuralmente a su favor. El segundo Oscar confirma que el método funciona.

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