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Veronica Cartwright, la que vio venir el peligro desde Los pájaros

Penelope H. Fritz
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Veronica Cartwright
Veronica Cartwright
Photo: Chris Roth / CC BY-SA 2.0, via Wikimedia Commons
Nacimiento20 de abril de 1949
Bristol, England
OcupaciónActriz
Conocido porAlien: El octavo pasajero, Los pájaros, La invasión de los ultracuerpos
PremiosPremio Saturn · Emmy

Veronica Cartwright voló a Inglaterra convencida de que iba a interpretar a Ripley. Nadie la sacó del error hasta que el departamento de vestuario la llamó para probarle un traje espacial de otro personaje: Lambert, la navegante de la Nostromo, la tripulante que no deja de repetir que hay que marcharse. «Nadie dijo nada», recordaría años después. «Lo comenté un par de veces». Nunca recibió una explicación, y aquel cambio se lee hoy como el resumen de toda una carrera. Para Alfred Hitchcock, Philip Kaufman y Ridley Scott puso el rostro que le indica al público cuánto miedo debe pasar, y casi nunca el rostro sobre el que se construye el cartel.

Lo que ha perdurado son los planos de reacción. En Alien, el octavo pasajero el reparto sabía que una criatura iba a salir del pecho de John Hurt, pero a Cartwright nadie la había avisado de la sangre, y el chorro le dio de lleno. «Lo que se vio en cámara fue la reacción real», contaría después Tom Skerritt. «No tenía ni idea de qué demonios había pasado». Aquel trabajo le valió el premio Saturn a la mejor actriz de reparto.

Desde entonces no ha dejado de defender al personaje. Resulta cómodo archivar a Lambert como la tripulante que se derrumba mientras Ripley aguanta, y así suele recordarse la película: una mujer se crece y la otra llora. Cartwright la lee justo al revés. Lambert, ha señalado, «es la única que dice: “Salgamos de esa nave”», el instinto más sensato de cuantos hay a bordo, y la trama acaba dándole la razón. En sus interpretaciones el miedo nunca es debilidad. Es un juicio, emitido a tiempo, que quienes mandan se niegan a escuchar. La industria tendió a mirarlo con los ojos de la tripulación de la Nostromo: después de Alien, el octavo pasajero llegaron buenos papeles, con buenas críticas, pero secundarios, mientras el personaje para el que se había presentado a la prueba sostenía una franquicia entera.

El oficio lo aprendió muy pronto. Su partida de nacimiento dice Bristol, Inglaterra, 20 de abril de 1949, pero creció en Los Ángeles, donde sus padres se instalaron con ella y con su hermana pequeña, Angela, que también acabó siendo actriz. A los nueve años ya trabajaba en pantalla. William Wyler la eligió para La calumnia en el papel de Rosalie Wells, la colegiala a la que chantajean para que respalde la mentira que hunde a las dos maestras interpretadas por Audrey Hepburn y Shirley MacLaine. Dos años más tarde, Hitchcock la convirtió en Cathy Brenner en Los pájaros, la hermana pequeña cuya fiesta de cumpleaños desemboca en el primer ataque masivo. La escena más dura, ha contado, fue la avalancha de pájaros por la chimenea, por lo agobiante del encierro. El propio Hitchcock «siempre me trató como a una colega».

La televisión no la dejó parada. Fue Jemima Boone junto a Fess Parker en las dos primeras temporadas de Daniel Boone, entre 1964 y 1966, y, según su propio relato, no volvieron a llamarla cuando la serie empezó a ofrecerle material de protagonista romántica. Siendo adolescente ganó además un Emmy regional por una película para televisión. Después llegó el tramo que liquida la mayoría de las carreras infantiles: demasiado mayor para hacer de hija, una desconocida como mujer.

Kaufman la sacó de ahí. En su La invasión de los ultracuerpos, de 1978, interpretó a Nancy Bellicec, la figura más obstinadamente humana de un San Francisco que está siendo sustituido sin ruido, y la película se cierra sobre ella, cuando se acerca a Donald Sutherland convencida de que él sigue siendo uno de los suyos. El grito de él es la última imagen. Un año después estaba a bordo de la Nostromo. Kaufman volvió a contar con ella en Elegidos para la gloria, en 1983, como Betty Grissom, esposa del astronauta Gus Grissom: una mujer que ve cómo el amerizaje de su marido se juzga como un fracaso y que paga ese veredicto en público.

El resto de la década puso de manifiesto su registro. Fue la madre que espera durante ocho años a un hijo desaparecido en El vuelo del navegante, y en Las brujas de Eastwick, de George Miller, dio vida a Felicia Alden, la censora del pueblo, el único personaje que intuye lo que el recién llegado al que encarna Jack Nicholson les está haciendo a Cher, Susan Sarandon y Michelle Pfeiffer. El castigo que la película reserva a esa lucidez es un ataque de tos en el que escupe huesos de cereza. Le valió otra nominación al Saturn, y repite el patrón de Lambert, ahora en clave de comedia: la mujer que pone nombre a la amenaza es la que el relato humilla.

Fue la televisión la que le dio el reconocimiento que el cine le escatimó. En los años noventa recibió tres nominaciones a los Primetime Emmy por papeles como actriz invitada: una en 1997 por Urgencias y dos, en 1998 y 1999, por Expediente X, donde encarnó a Cassandra Spender, víctima de abducciones en serie y madre del agente Jeffrey Spender. «Como sabía tanto de los alienígenas, me había convertido en uno de ellos», dijo sobre aquella trama. En los escenarios de Los Ángeles ganó premios Drama-Logue a la mejor actriz, y en pantalla siguió muy solicitada: Sara Kinsey, la madre del sexólogo, en Kinsey, de Bill Condon, y, en 2007, un papel en Invasión junto a Nicole Kidman, la cuarta versión cinematográfica del mismo relato de Jack Finney. Pocos intérpretes aparecen en dos adaptaciones de una misma pesadilla separadas por veintinueve años.

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Su vida privada se ha mantenido casi siempre fuera de plano. Estuvo casada desde 1982 con el director Richard Compton, que entre sus trabajos para televisión firmó episodios de Expediente X, hasta la muerte de él en agosto de 2007; tuvieron un hijo, Dakota. En 2014 regresó una vez más a Lambert y grabó su voz para las misiones descargables del videojuego Alien: Isolation, que reconstruía a la tripulación de la Nostromo para una generación que nunca había visto la película en una sala de cine.

Sus trabajos recientes han girado, casi con intención, hacia la vejez como una forma de terror con reglas propias. En Un hombre infiltrado, la comedia de Michael Schur que Netflix lanzó en 2024 con Ted Danson como protagonista, interpretó a Beverly, residente de la comunidad de jubilados en la que él se infiltra. En The Ruse, de Stevan Mena, estrenada en los cines estadounidenses el 16 de mayo de 2025, es Olivia, una música anciana con demencia que vive en una casa aislada junto al mar, al cuidado de una joven enfermera incapaz de distinguir si la amenaza es la casa o la paciente. Las críticas fueron dispares. Sobre ella coincidieron.

Cumplió 77 años en abril de 2026 y sigue en el circuito que nunca dejó de tratarla como protagonista: la Rose City Comic Con de Portland en septiembre y, a continuación, el Weekend of Horrors de Colonia, los días 24 y 25 de octubre. El público que hace cola allí sabe desde hace décadas lo que a las oficinas de casting les costó bastante más aprender. En una película de Veronica Cartwright, la primera persona que pierde los nervios suele ser la que dice la verdad.

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