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Champions League 2026-27, jornada 3 ordenada por su reto táctico: el PSG gana 4-2 al Barcelona en el pulso de qué presión aguanta más

Kenji Nakamura
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Tras dos jornadas de la fase liga, cinco partidos de la jornada 3 planteaban cada uno una pregunta estructural muy concreta. Aquí están ordenados según la precisión de esa pregunta, del Paris Saint-Germain-Barcelona al Como-Manchester United, junto con la respuesta que dio cada encuentro los días 20 y 21 de octubre.

La tercera jornada de la fase liga de la Champions League llegó con un calendario que parecía una batería de preguntas de examen. Las dos primeras jornadas habían mostrado cómo estaba construido cada aspirante y, lo que es más útil, dónde cedía esa construcción. La jornada 3 colocó varios de esos puntos débiles frente a rivales diseñados precisamente para apretar sobre ellos.

Esto no es una clasificación por atractivo ni por posición en la tabla. Ordena los cinco partidos más reveladores de la jornada según la precisión de la pregunta estructural que planteaba cada uno y según lo claramente que las dos primeras jornadas ya la habían dejado al descubierto. Con ese criterio, el Paris Saint-Germain-Barcelona ocupó el primer puesto, el Bayern de Múnich-Arsenal quedó muy cerca, en segundo lugar, y el Como-Manchester United cerró la lista. El análisis se escribió antes de la jornada; cada apartado termina ahora con el desenlace del partido, usando únicamente los marcadores, los goleadores y los minutos que constan en el acta.

1. Paris Saint-Germain-Barcelona: qué presión aguanta más

Ambos equipos llegaron con seis puntos y una diferencia de goles de +7, y los dos lo habían logrado de la misma forma: presionando arriba y encerrando al rival en su propio campo. El PSG abrió la fase liga con un 6-1 al Slovan Bratislava en el Parc des Princes, con dos goles de Ousmane Dembélé. El Barcelona la abrió con un 5-1 al Feyenoord, con un doblete de Raphinha y un gol de Lamine Yamal. Los dos habían mostrado además, en la semana previa a este partido, qué ocurre cuando alguien consigue romper esa presión.

La prueba del PSG llegó en el Etihad. Durante una parte, el equipo de Luis Enrique rozó la perfección: Vitinha, Fabián Ruiz y Warren Zaïre-Emery dominaron el centro del campo, Ousmane Dembélé y Désiré Doué atacaron los espacios a la espalda de la defensa y el PSG ya ganaba por 2-0 antes del primer cuarto de hora, con goles de Doué en el minuto 13 y de Dembélé en el 15. Vitinha amplió la ventaja al 3-0 en el minuto 32. Entonces el Manchester City hizo tres cambios en el descanso, apostó por un juego más directo y físico, y el PSG quedó encerrado atrás. Erling Haaland marcó dos goles y el City estrelló un balón en el poste y otro en el larguero; aun así, el PSG ganó por 4-2, con el cuarto tanto de Maghnes Akliouche. Édouard Cissé, excentrocampista del PSG, dijo que en la segunda parte el PSG «ya no tenía energía para adelantar líneas». Luis Enrique calificó el partido de «una lección clara».

La prueba del Barcelona llegó en Estambul. El Galatasaray atacó directamente la línea adelantada de Hansi Flick y se puso por delante al contraataque, después de que Rafael Leão superara a Eric García por la banda. La respuesta del Barcelona fue conservar el balón en lugar de replegarse: Rodri dio una base sólida a la salida de balón junto a Pedri, João Cancelo empató antes del descanso y, tras la reanudación, Lamine Yamal se adueñó de la banda derecha y asistió a Fermín López y a Anthony Gordon mientras llegaban tres goles en quince minutos. El resultado final fue 4-1. «Tenemos que jugar como lo hicimos entonces: controlar el partido y mover el balón», dijo Flick después.

Esa era la pregunta en París. Ninguno de los dos equipos se siente cómodo cuando le rompen la presión, así que todo apuntaba a que el partido se lo llevaría quien mantuviera al rival encerrado durante más tiempo. El PSG tenía que demostrar que su presión podía durar un partido entero ante un centro del campo que, con Rodri, está ahora construido para superarla jugando; el Barcelona tenía que demostrar que su línea defensiva podía resistir las carreras de Dembélé y Doué a su espalda. Fue además el duelo entre dos entrenadores cuyas historias en el Barcelona se cruzan: Luis Enrique ganó la Champions League como técnico del Barcelona en 2015 y después la ha vuelto a ganar con el PSG, mientras que Flick intenta dar al Barcelona actual el recorrido europeo que sus títulos nacionales todavía no le han traído.

Cómo terminó: el PSG ganó 4-2 en el Parc des Princes el 20 de octubre, con arbitraje de Michael Oliver. Doué adelantó al PSG en el minuto 38 y Xavi Espart empató diez minutos después del descanso. Lucas Hernandez devolvió la ventaja al PSG en el minuto 72, Lamine Yamal volvió a igualar en el 79 y, después, Vitinha, en el 81, y Fabián Ruiz, en el 86, sentenciaron el partido. El marcador por sí solo no puede decir qué presión aguantó más, pero el reparto de los goles encaja con la pregunta: el partido estuvo igualado hasta el minuto 72, y tres de los cuatro goles del PSG llegaron en los últimos 18 minutos. El PSG sumó nueve puntos en tres partidos; el Barcelona se quedó en seis.

2. Bayern de Múnich-Arsenal: una defensa preventiva floja frente a la única defensa todavía imbatida

El Bayern había abierto la fase liga con un 5-0 al Bodø/Glimt en Múnich, con dos goles de Michael Olise en el tramo final. En Stavanger, en cambio, tuvo el 66 % de posesión, remató 25 veces y registró 3,51 goles esperados frente a los 0,56 del Viking, y aun así empató 3-3. Los goles encajados explican por qué. El primero fue un cabezazo de Gianni Stensness a la salida de un córner, antes de que se cumplieran los dos minutos. El segundo llegó cuando el Bayern perdió el balón en el área del Viking y Peter Christiansen recorrió unos 40 metros para marcar. El tercero, un cabezazo tardío de Herman Haugen en el segundo palo en el minuto 90, llegó después de la expulsión de Olise; a partir de ahí, el Viking sacó cinco córneres en diez minutos. Los dos goles de Harry Kane y uno de Luis Díaz no bastaron. «Cometimos demasiados errores graves en momentos importantes», dijo Vincent Kompany.

El Arsenal presentaba el perfil opuesto. Había ganado los dos partidos sin encajar, el único equipo de la competición que todavía podía decirlo: 1-0 en el campo del Nápoles, con gol de Martin Ødegaard en el minuto 75, y 3-0 ante el Lille, que no logró ni un solo remate a puerta en el Emirates. Pero también necesitó más de una hora para doblegar al Lille. Mikel Arteta admitió que la calidad técnica de su equipo «no fue suficiente para generar ocasiones de verdadero peligro». Jurriën Timber abrió el marcador a los 64 minutos; después entraron a la vez Bukayo Saka, Kai Havertz y Ødegaard, y Eberechi Eze y Saka marcaron otros dos goles en los siete minutos posteriores al primero.

La pregunta en Múnich era qué defecto pesaría más. El control del Bayern genera ocasiones, pero su defensa preventiva —los jugadores que se quedan por detrás del balón para frenar los contraataques— había sido floja, y Olise estaba sancionado tras su roja en Noruega. El ataque del Arsenal, por su parte, puede atascarse ante un bloque compacto, y en dos partidos había marcado cuatro goles en total, tres de ellos en una sola racha de siete minutos. Si el Bayern dejaba espacios a su espalda, el Arsenal ya había demostrado cómo aprovecharlos: el segundo gol contra el Lille empezó con Timber recuperando el balón arriba y terminó con un contraataque rápido.

Cómo terminó: 2-2 en el Allianz Arena el 21 de octubre, con arbitraje de Davide Massa. Eberechi Eze adelantó al Arsenal en el minuto 25, Alphonso Davies empató diez minutos después, Harry Kane puso por delante al Bayern de penalti en el minuto 61 y Declan Rice igualó en el 82. Los dos defectos se reflejaron en el marcador: el Arsenal encajó su primer gol de la temporada en la competición y el Bayern, por segundo partido consecutivo, no supo conservar una ventaja que había construido. El Arsenal llegó a siete puntos y el Bayern, a cinco.

3. Stuttgart-Atlético de Madrid: ¿podrá el Stuttgart escapar de la trampa en el centro del campo?

La victoria del Atlético por 2-0 ante el Manchester United fue la actuación con el diseño más claro de la segunda jornada. Pablo Barrios marcó antes de que se cumpliera el primer minuto y Ademola Lookman hizo el segundo en el 79, pero el dibujo importó más que los goles. Diego Simeone dispuso un 4-4-2 flexible que no presionó en ningún momento a los centrales del United. Esperaba el pase hacia los mediocentros, Youri Tielemans o Carlos Baleba, y apretaba con intensidad en ese momento, con Julián Álvarez y Kang-in Lee al frente. «Sabíamos que presionarían arriba, lo hacen bien, pero también sabíamos que, si superábamos esa primera presión, podíamos llegar a zonas importantes», dijo Simeone. Esa victoria llegó después de una derrota por 2-1 en Anfield en la primera jornada, en la que Dominik Szoboszlai y Alexis Mac Allister remontaron el gol tempranero de Marcos Llorente.

El Stuttgart de Sebastian Hoeneß había ganado los dos partidos y solo había encajado un gol: 3-1 ante el Viking, con un triplete de Ermedin Demirović en apenas 12 minutos de la primera parte, y 3-0 en Bratislava. La pregunta era si el centro del campo del Stuttgart, con Angelo Stiller —que dio el pase del primer gol de Deniz Undav en Bratislava—, podría superar la primera presión jugando, o rodearla por medio de los laterales, antes de que se cerrara el centro del campo de Simeone. Si no lo conseguía, el Atlético buscaría los huecos entre el lateral y el central que Kang-in Lee y Álex Baena habían atacado contra el United.

Cómo terminó: 1-1 en el MHPArena el 20 de octubre. Jamie Leweling adelantó al Stuttgart en el minuto 36 y Julián Álvarez empató dos minutos después del descanso. El balance de ninguno de los dos cambió demasiado: el Stuttgart llegó a siete puntos y sigue invicto, y el Atlético, a cuatro. El resultado dejó ambas preguntas abiertas para la próxima jornada, en la que el Stuttgart visita al Galatasaray y el Atlético recibe al Bayern.

4. Liverpool-Villarreal: oleadas de ataque y lo que dejan a su espalda

La victoria del Liverpool por 6-3 en casa del LASK fueron dos partidos en uno. Durante una hora, el equipo de Andoni Iraola fue arrollador: 19 remates en la primera parte, un récord para un equipo visitante en una primera mitad de Champions League, y un triplete de Bradley Barcola en el camino hacia los seis goles. Entonces Iraola sustituyó a los dos centrales a la vez, con 4-0 en el marcador, y el LASK marcó tres veces. Iraola admitió que aquello fue «probablemente la razón por la que el entrenador no debería cambiar a los dos centrales», y añadió: «No defendimos bien al final del partido». Era la segunda victoria del Liverpool en dos partidos, después del 2-1 al Atlético en Anfield.

El Villarreal era una buena prueba para ese punto débil. Con Iñigo Pérez en el banquillo, había perdido 3-2 en Dortmund en la primera jornada y después ganó 3-1 al Nápoles tras ir por detrás en el marcador, con dos goles en cuatro minutos a mitad de la primera parte, obra de Georges Mikautadze y Santiago Mouriño; aquella victoria puso fin a una racha de 12 partidos de Champions League sin ganar. La pregunta en Anfield era si el volumen de ataque del Liverpool dejaba suficientes jugadores por detrás del balón cuando el Villarreal saliera al contraataque.

Cómo terminó: el Liverpool ganó 4-3 en Anfield el 20 de octubre, con arbitraje de Szymon Marciniak, y la pregunta obtuvo respuesta en los dos sentidos. Georges Mikautadze marcó en el minuto 4 y Sergi Cardona hizo el 0-2 en el 29. Alexis Mac Allister recortó distancias en el 36 y Ronald Araújo empató en el tiempo añadido de la primera parte; Mac Allister volvió a marcar en el 65 y Florian Wirtz hizo el 4-2 en el 69, antes de que el gol de Tani Oluwaseyi en el minuto 87 abriera un final tenso. El Liverpool mantiene el pleno con nueve puntos, pero ya ha encajado seis goles en dos partidos de Champions League. El Villarreal se quedó en tres.

5. Como-Manchester United: una idea frente a un equipo que aún busca la suya

El Como firmó la declaración de intenciones más contundente de la primera jornada: ganó 4-1 al RB Leipzig en su debut en la Champions League con la mezcla de Cesc Fàbregas entre una salida de balón paciente y un bloque medio que se convierte en presión; marcaron Martin Baturina, Anastasios Douvikas, Assane Diao y Máximo Perrone. Después perdió 3-2 en casa del Feyenoord, con el gol decisivo en propia puerta en el minuto 81. El Manchester United, dirigido por Michael Carrick, había empezado con un 4-0 al Sabah en Old Trafford, pero llegaba sin ganar en sus últimos cinco partidos en todas las competiciones, después de caer por 2-0 en Madrid, donde Leny Yoro fue expulsado en la segunda parte.

Este partido ocupó el último puesto porque la pregunta táctica afectaba sobre todo a uno de los dos equipos. El Atlético había demostrado cómo superar el doble pivote del United: dejar tranquilos a los centrales y presionar a los centrocampistas en cuanto les llega el balón. El Como también presiona, así que la cuestión era si Fàbregas dirigiría su presión hacia esa misma zona. Si lo hacía y el United no encontraba otra vía de salida, su mala racha empezaría a parecer un problema de estructura y no de mala suerte. El estadio del Como, el Stadio Giuseppe Sinigaglia, a orillas del lago, es además uno de los más pequeños de la competición, lo que sitúa a la afición muy cerca del césped.

Cómo terminó: el Como ganó 4-1 el 21 de octubre ante 10.875 espectadores. Nico Paz marcó en el minuto 2 y de nuevo en el 57, Anastasios Douvikas añadió otro en el 49 y Jacobo Ramón hizo el 4-0 en el 76, antes del gol de Joshua Zirkzee en el tiempo añadido. El resultado igualó la derrota más abultada del United en la Champions League en 30 años, y fue su segunda derrota consecutiva en la competición tras el 2-0 de Madrid. El Como llegó a seis puntos; el United se quedó en tres.

El patrón detrás de la lista

Leídos en conjunto, los cinco partidos compartían un mismo tema: no se trataba de si un equipo presiona, sino de qué ocurre en los segundos posteriores a que le superen la presión. El PSG perdió fuelle cuando ya no pudo adelantar líneas, la línea adelantada del Barcelona fue atacada directamente, el Bayern encajó un contraataque después de perder el balón en el área rival y la defensa del Liverpool se desmoronó en cuanto cambió su estructura. El Atlético, por su parte, había demostrado que renunciar a presionar en una zona puede ser tan deliberado como presionar en otra.

La tercera jornada debía mostrar cuáles de esos puntos débiles eran pasajeros y cuáles eran el precio del propio sistema. Solo con los marcadores en la mano, las defensas que señalamos vivieron una noche difícil: el Barcelona encajó cuatro goles, el Liverpool tres y el Manchester United cuatro, mientras que el PSG, el equipo cuya presión se apagó en el Etihad, marcó tres veces a partir del minuto 72. El Arsenal perdió su portería a cero, el Bayern dejó escapar puntos desde una posición ganadora por segundo partido seguido, y el único duelo sin un defecto claro en ninguno de los dos bandos, el Stuttgart-Atlético, terminó en empate.

La próxima jornada, los días 3 y 4 de noviembre, mantiene vivos varios de estos hilos. El PSG visita al Villarreal, el Barcelona recibe al Aston Villa, el Atlético recibe al Bayern, el Arsenal viaja a Praga para medirse al Slavia, el Liverpool visita al Fenerbahçe, el Como juega en Lens y el Manchester United recibe a la Roma. Después quedan otras cuatro jornadas antes de que la clasificación quede cerrada el 27 de enero, así que una mala noche no es un veredicto sobre ninguno de estos equipos. Lo que sí han conseguido las tres primeras jornadas es que las preguntas resulten más fáciles de formular, y las respuestas, algo más difíciles de despachar con excusas.

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